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-Confesiones en la niebla-

El frío, medio escondido tras la niebla, no me asusta. Camino sin ver más que mis pies. La niebla parece tener pereza y se ha quedado suspendida sin ganas de llegar al suelo. Y me pregunto cómo algo tangible, no es atraído por la gravedad. Porque la niebla son gotas de agua y no acaban de caer al suelo. Flotan por el aire como los peces por el mar. Quizás si fuera más espesa me animaría a dar unas brazadas, compitiendo conmigo.
Me gusta la niebla. Su transparencia lechosa invita a las confidencias. Camino por ella, más bien buceo esperanzado y aparece alguien. Aunque parece un fantasma, me sorprendo al descubrir que soy yo. Como si la gravedad no existiera y saliera de mi misma a dar una vuelta. Me siento flotar.IMG_7313 Hola me digo y empiezo la charla. Hablar conmigo misma dentro de un mar de niebla es como leerme. Yo soy la historia y me cuento hechos que no sé que los sé. Porque yo misma no soy yo misma, soy otra que aprovecha la niebla para conocerme mejor.
En medio de la niebla, pocos pasos ante mi surge de la nada un hombre. Viene envuelto en girones de nube pero lo evito y sigo mi camino dejándolo detrás, para que nade por su propio espacio. Me alejo ansiosa por continuar con el desenlace de la historia que me estaba contando, antes que todo desaparezca engullido por millones de gotas suspendidas que desafían la gravedad.
Quizás animada por el atrevimiento de las gotas, desafío a mi propia historia y le propongo otro final. Un intento pícaro de alargar la conversación que mantengo con mi yo. Porque las conversaciones que mantengo conmigo misma dentro de la niebla parecen más intimas, más cercanas y por qué no decirlo, más irreverentes que hay confianza.

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-Idas y venidas-

A veces siento que mi yo me deja, se va como si quisiera desembarazarse de mi. A lo mejor considera que soy un estorbo y vaga indeciso más allá del mundo y del universo para encontrar un espacio donde no hay nada conocido y descubrir nuevos retos.
Cuando esto sucede, mi cuerpo lo percibe pero no puedo hacer nada, solo dejarle ir.Icones
Al rato mi yo vuelve y siento que duda, que se esfuerza por encontrar sentido a las palabras, que escribo, la música que oigo, a los objetos que miro pero sobretodo al hecho de estar aquí y no allá.
Pero esta sensación dura poco tiempo porque, aunque no lo quiere reconocer, me echaba de menos y le falta el olor de la lluvia que no llega, el color de la noche cuando se aleja la luz, el tacto de una mota del polvo¡Hay tanto que echa de menos! y por esto vuelve con la Y menos larga y la O menos circular para que no le tenga en cuenta esta traición de buscar lejos, muy lejos lo que tan cerca se encuentra.
Cuando mi yo se va, le espero sin rencor mientras me quedo sola en medio de un hueco que no llena la luz de un sol insistente. Me envuelve entonces un frío grueso y aparece el vacío, sin prisa, a adueñarse del mundo y dejarme perdida en él.
Pero apenas me hundo, me dejo caer en la desesperación de ser nada, mi yo regresa raudo de su búsqueda para descubrir que todo viaje acaba en el inicio. Y yo no le tengo en cuenta que me deje, que busque lejos más allá de donde nunca me atrevería a ir.