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-Semana de dolor-

Hoy el médico me ha pedido que mida mi dolor. De cero a diez, siendo diez el máximo. Yo, por costumbre, le he dicho treinta y tres. Repita por favor, treinta y tres. De pulmones bien ha comentado. quizás mejor que cualifique su dolor si es de letras. No tengo muy claro que sea un dolor oficial de segunda o director ejecutivo, un dolor director general seguro que no. Pues tendrá que ir a la farmacia del barrio, que no parece nada destacable, si fuera dolor primer ministro serían palabras mayores.
En la farmacia me han vendido un puñado de pastillas, de las que cuesta tragar y dejan por los dedos unos polvos blancos, muy de clase obrera. En la boca, la lengua se las ha visto y deseado para hacerlas bajar por la garganta. Se han comportado como los pasos de semana santa soportados por costaleros y que han de pasar por una calle estrecha. Las pastillas, según el farmacéutico, son las mejores para un dolor que se podría cualificar de segunda. Si fuera un dolor de primera, vendrían en bote de cristal y se colarían por la garganta deslizándose como un paso de los van sobre ruedas. _MG_6680Deme cinco y quédese el cambio le pido. Me sobran pastillas para tan poco dolor.
Aunque hubiera sido mejor pintar mi dolor de colorines. No tengo un color rojo como las lágrimas de las vírgenes, más bien diría que es rosado, como de nube de caramelo, de los que se enganchan por los dientes.
Me he tomado las pastillas con una infusión de tila. Pensaba que me relajaría, pero la hierba lleva tanto tiempo dando tumbos por el armario que ha perdido la paciencia. El dolor no me deja relajar a gusto.Todo es debido a que no acierto con su medida. En el mundo todo es medida, como una cinta que da vuelta y nunca acaba. Medimos hasta la intermitencia de la luz. Un dolor intermitente molesta más porque a veces es de tres, otras de cinco, otras de siete, siempre número primos. Los divisibles no miden el dolor tan esmeradamente, se lo reparten como si fuera una ensalada. Creo que de números primos por ahora es imposible determinar cuantos hay, como el dolor que está ahí pero no sabes si es de uno, de cero de momento no se contabiliza, o de diez.
Si fuera de diez ¿sería el dolor perfecto?

-Gigantes y pequeños-

El día se enciende como una pantalla gigante, tecnicolor de primera. Azules, blancos y otros colores más tímidos, parecen recién sacados de la paleta de un pintor optimista. Cuán diferente no resulta de ayer, una mañana en grises, de aquellos grises que no sirven para colorear la normalidad mediocre, sino para deprimir. Los pájaros se despiertan en tromba, todo el cielo para nosotros canturrean alegres. El jilguero repinta su franja roja, el petirrojo enrojece su pecho, incluso la abubilla sacude los marrones, un poco de calidez para compensar tanto azul. Todos se piden ser protagonistas de un día que no necesita de nada, ni siquiera de un número en el calendario para ser un hermoso día. Mientras unos y otros rivalizan por una corriente de aire, un ruido sacude el aire. A lo lejos, un avión se sube y baja inquieto perforando las nubes, un tiburón rígido y majestuoso. IMG_8343Los pájaros aterrados y se quedan quietos, sumidos en un silencio mezcla de envidia y miedo. El avión indiferente se adueña del cielo y pinta un rastro de líneas blancas que pretenden ser renglones, sobre las que el cielo debe escribir un verso. Pero el cielo se niega y los pájaros no se atreven, están absortos observando las acrobacias del gigante. Entre tanto subir y bajar una voz metálica autoriza al avión a aterrizar en el aeropuerto cercano. El gran depredador a merced de una voz metálica se ríe el jilguero mientras se repinta el rojo y el petirrojo sopesa si pintarse de azul. La abubilla mira el avión que se larga con las líneas detrás vacías, sin un verso. Quien lo iba a decir, pedir permiso para aterrizar se burlan los pájaros, ellos tan poca cosa y aterrizan y emprenden el vuelo siempre que quieren.

-La lluvia II-

A la literatura le gustan los días de lluvia. La lluvia se deja querer, ella prácticamente solo se cae, sin otra intención que llegar cuando antes al suelo para volver a subir sin prisa. Sabe que tiene todo el espacio y el tiempo para que las gotas se lancen sobre la calle como pulgas sobre los perros . Se las nota contentas a las gotas cuando caen, aunque les cueste perder su esencia que se queda repartida por los charcos anónimos. Pero ahí está la literatura, como un recogedor de prendas en desuso pero con arte cosido en sus bordados, mirando que su historia quede reflejada en el espejo que el agua le roba al cielo. IMG_8782
Mientras la lluvia se dedica a subir y bajar, la literatura toma el relevo y la convierte en arte. De la clase que sea, novelas o poemas es lo de menos, lo importante es la creación transparente que dejan las gotas al caer. No es que la lluvia y las gotas sean gran cosa, pero la humedad con que se desentienden del gris en el que se colgaron, da para más de un sentimiento. A pesar de que la calidez es preferible, la frialdad del agua resulta ser más fácil de plasmar en una hoja en blanco.
La lluvia y el blanco forman un gris que se lleva la mejor parte. El gris no es que sea el color ideal pero a la literatura le gusta. Aunque algunos prefieren el rosa o el negro, en general describe los sentimientos humanos mejor el gris. Quizás porque no es tan claro pero tampoco tan oscuro como para despreciarle o tenerle envidia.
La lluvia podría tener envidia del sol, tan seco él, sin embargo es el sol quien se muere por ser lluvia.

-Ti odio-

Él está sentado en un banco de cerámica. Es un banco lleno de arte, colores calientes se mezclan con los azules en perfecta armonía con los cuadrados perfectos de las baldosas. DSCN0874 La espera. Como si temiera que no vaya a venir se ha traído un libro. Uno bien grueso de tapas blandas para que la lectura le sea cómoda. Las tapas duras, a pesar de tan ingrato adjetivo van mejor para leer. Las tapas son las grandes olvidadas, como él, que sabe que ella no va a venir y se siente desgraciado a pesar del hermoso banco de cerámica y del libro con tapas blandas para hacer más liviana la literatura. El sol se borra. Y él para compensar el abandono se venga escribiendo un graffiti. Mariela ti odio. El desprecio queda inmortalizado en la tercera baldosa empezando por la izquierda. En azul para no desentonar con los colores del banco.

-Belleza y dolor-

Contemplar la belleza me duele. Siento que hay no soy capaz de comprender lo que me dice, como si fuera un vaso lleno de agua que por más que beba me deja con sed.
Y me da miedo que el cielo que sobre mí se esfuerza en regalarme nubes para que yo las transforme, me exija un precio por este regalo.
Veo los colores y me maravilla como se combinan para dar vida a una pelota y a una iguana soñolienta. Me fascina que se mezclen para que yo no distinga cual es y a la vez sienta música en mi retina. Pero el miedo está ahí sin que el color tenga culpa. Tendrá el arcoíris un secreto que por mas que lo mire no me cuente. O las facetas del ojo de la mosca saben descubrir lo que yo padezco y disfrutarlo mientras liban la flor que para ellas no es más que comida y que yo me empeño en que es algo más.IMG_1601
La cima de la montaña está demasiado alta aunque la alcance de lejos con mis manos. El calor del sol es hermoso aunque queme y la luna se mece compitiendo con estrellas que quizás hace tiempo que murieron y a mi me fascina. Siento que mi alma sale al encuentro de la belleza que transpira y a la vez me escuece con pesar el hecho que nunca seré capaz de comprenderla y mucho menos que imitarla.
Incluso la oscuridad que resalta la hermosura de lo oculto me parece imprescindible. Lucha con la luz para vez cual de las dos reina en la noche mientras mis ojos se esfuerzan en darle a cada una la razón. Las sombras aparecen por los rincones creando monstruos extraños, criaturas que hacen de la fealdad bandera de belleza. Y se visten de aire para hacerlas más livianas. Entones es cuando me duele más la belleza, porque no solo veo sino que imagino lo que se esconde detrás del amago de figura que puebla el rincón de mi cuarto.
El color también se ha metido en los ojos de mi gato y resaltan cuanto ven. Yo le miro y descubro que él también prefiera la belleza ausente de la sombra a la clara luz de un rayo. Los dos estamos asustados ante la figura inquieta que se esconde tras la cortina, que danza y se descompone para volverse a quedar quieta. Aterrorizados por la hermosura de la imagen cerramos los ojos y nos vamos mientras la cortina no parece inmutarse y se hincha con el aire para hacer más importante su misterio.

-Color de colores-

No me gustan los colores planos, de una sola gama, ni los fuertes ni los llamados primarios. Prefiero los colores ambiguos, que luchan por lograr  un nombre que los defina exactamente.
Eso se debe a que me gusta la  mezcla, la unión que da como fruto algo  indefinible, con aspiraciones de ser algo nuevo y definitivamente mestizo.
Los ojos azules, verdes, marrones o negros, aunque hermosos y expresivos, dejan de ser interesantes si unos ojos pardos me miran o cautivan mi atención. Ojos color de humo los llamo, un color  formado por el negro y el blanco escapando de los azules vagando libre por el cielo. O  por la calle, como los gatos pardos que dejan su color para que les sigan el rastro.arbres5

Paseando por el bosque nunca he sido capaz de distinguir  un verde que sea un verde, he visto a los verdes luchar por dejar de ser solo verde y confundirse, pelearse con el viento para que los cambie y deje de considerarlos unos simples caprichos de la primavera. Una hoja oscura, roja o amarilla seduce mis ojos mientras imagino qué historias tendrá detrás. Y admiro las hojas marrones que han encontrado finalmente su destino y luchan por permanecer en tierra, a costa de que yo las pise. O  les sacuda el sopor otoñal dando una patada y levantándolas para ver si debajo de su insulso marrón, se encuentra un rojo encendido por una batalla con el suelo.