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-Pendientes-

He estado observando mis  orejas. Cosa extraña porque no suelo prestarles atención. Diría que mis orejas son normales, aunque normales comparado con qué. A mi me gustan las orejas grandes y no demasiado pegadas a la cabeza.
Soy consciente que en mis orejas, los agujeritos para contener los pendientes, no están simétricamente colocados. Como solo uno está centrado, siempre dan la impresión de que un pendiente da la cara y el otro el perfil.
Aunque no era nada especial, me dolió mucho perder mi pendiente azul. Era un pendiente redondo, hecho de esmalte y plata. Lo perdí al bajar del autobús por las prisas que mete la puerta automática.
El autobús iba lleno, no quedaba apenas espacio para respirar y yo compartía un hueco libre con el cochecito de un bebé. El niño lloriqueaba y para calmarle, la madre le dio una ardillita de tela. El pequeño, con ganas, empezó a chupar las orejas de la ardilla como si fueran unos pezones generosos. Su madre y yo, percibimos el hecho de succionar con sensaciones bien distintas. Su madre puso una cara triste, y yo me toqué las orejas. Yo imaginaba qué sentiría si alguien se metía mis orejas en la boca. No pude comprobar si el niño seguía con su particular succión, porque tuve que tocar el timbre y apresurarme a bajar. IMG_5451
Las puertas automáticas como dos guardias de tráfico no tienen compasión con los rezagados, se abren y se cierran con precisión insensible. Y supongo que por el toqueteo, al bajar se me cayó un pendiente. El pendiente azul siguió viajando solo sin mí y sin su compañero que vio pasar el autobús a la vez que vislumbraba el destino que le esperaba, metido en el oscuro cajón de una cómoda como los calcetines sin pareja.
Me disgustó mucho perder el pendiente azul y a su compañero también supongo, aunque quizás al pendiente más, porque la pérdida le conducía a un destino cruel. Por esto intenté conseguir que me hicieran una copia. La joyería se negó, era un diseño exclusivo. Les hice razonar, pero nada, si una joya es exclusiva y tuya, no pueden hacer otra para ti porque ya existe una aunque se haya perdido. La maldición de lo exclusivo. Ocurre igual si te clonan, ya no eres tú, porque existe otro que eres tu y ya no eres especial.
Los agujeros en mis orejas no me gustan porque no son simétricos. Por culpa de la enfermera que en lugar de fijarse bien en lo que hacía, vete tu a saber que pasaba por su cabeza. Y ahora mis pendientes no lucen igual. Aunque bien mirado de alguna manera los dos, al verse distintos, son especiales. Lástima que los pierda tan a menudo.

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