-En un mercadillo-

El hecho ha tenido lugar en el sitio donde uno menos se espera que sucedan estas cosas. En el mercadillo, en una de estas paradas que no son más que montones de ropa y calzado con pretensiones. Fardos que se dejan caer sobre maderas planas de dos o cuatro caballetes dependiendo de las ambiciones del vendedor. Si te fijas, la ropa se ve cansada del ajetreo de ser sacada y vuelta a meter en bolsas de tela. Seguro que preferiría ser acarreada en cajones de madera pintada de colorines y no metida en bolsas de tela igualmente fatigadas. Aunque algunas prendas sacan sus hilos mas brillantes para ver si un comprador pica y las libra del destino de ser nuevamente embutidas en la bolsa de tela.
Los compradores son en su mayoría mujeres de mediana edad, y alguna muchacha que remueve las piezas con la esperanza de encontrar algo de marca. Ja, de marca parece que se ríe el vendedor. img_2773
Si el comprador hubiera sido mujer nadie se hubiera fijado en él. No por otra razón que la de ser hombre destaca en la parada de los dos jóvenes que proclaman a grito pelado no la calidad del su ropa sino lo barato que la venden. El hombre remueve el montón como si buscara algo que ha perdido en otra parte pero que le habían asegurado que allí encontraría. Está inclinado y se puede ver claramente como escasea su cabello en determinadas zonas, aunque no tanto como para no constatar que es rubio. De entre el montón de vestidos, faldas y jerséis encuentra un par de pantalones. Los estira y comprueba situándolos en su cadera si llegan al suelo o se detienen en los tobillos. Parece medio convencido, pero no del todo y vuelve a remover el montón, ahora con más intensidad. El vendedor se acerca y zalamero le comenta que si remueve un poco más encontrará petróleo.
El hombre se endereza al oír la voz que le habla tan cerca del oído. El joven sonríe y se aleja dos pasos incrédulo al ver la credencial que el hombre luce en medio del pecho. Bajo una bandera americana destacan unas siglas, FBI. El hombre señala la credencial y de golpe toda la parada, incluso una mujer que remiraba un vestido de lunares ha parecido sospechosa de algo. Ser sospechoso no quiere decir nada pero la sospecha en cuanto asoma es como un pájaro tuerto, todos miran el ojo que no ve y se dejan el bueno. FBI a lo mejor era el nombre del comprador y jugaba a la confusión. No se sabe nada más pero la parada de ropa ha quedado desierta en pocos segundos y el hombre se ha largado sin comprar los pantalones. Y eran de su talla. Si que lo eran.

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2 pensamientos en “-En un mercadillo-

  1. Ser “sospechoso” es un cartelito q cada vez colgamos más a nuestros congéneres . Qué pena!!! Pero es así . Te sigo leyendo encantada.

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