-Bisonte-

Un paquete de tabaco encima de la mesilla, es lo que recuerdo de mi abuelo. Que dejaba el paquete junto a la caja de cerillas, en la entrada. Supongo que era por si venían visitas. Una muestra de hospitalidad. O que al salir, tenía siempre quien le esperaba. Un compañero de camino hasta el trabajo. Un cigarrillo esmirriado pero con muchos humos.
Mi abuelo siempre llevaba dos paquetes. Uno para fumar, el otro para reponer. Por mi abuela. Ella detestaba el tabaco. Cuando escaseaban los cigarrillos, el paquete se descomponía, perdía solidez. Ves como he fumado poco, decía mostrando el paquete erguido. Por esto mi abuelo hacía un trasvase de cigarrillos antes de dejarlo en la mesilla. Un descredito para un paquete cuyo santo y seña era un animal. Bisonte, así se llamaba el tabaco que fumaba mi abuelo. Nunca relacioné el tabaco con los animales que poblaban las laderas de las películas del oeste. Animales orgullosos, que los cazadores diezmaron hasta casi la extinción. Como los cigarrillos, que se van extinguiendo con cada calada.img_5459
El amigo de mi abuelo no fumaba cigarrillos, sino tabaco de liar. Caldo lo llamaba. Estaba guardado en una petaca que había perdido color y prestancia. Tanto manoseo. Solo tenía en común con el paquete, que se iba reponiendo tabaco. Necesitaba papel de liar de un blanco distraído, como transparente.
La lengua el amigo de mi abuelo era larga y húmeda. Blanca y con una línea muy marcada en el centro. La sacaba para dar lametazos y cerrar con saliva el cigarrillo liado. No eran tan perfectos como los bisontes. Creo que eran tan amigo de mi abuelo porque el humo que dejaban escapar por la boca, se unía en el aire. Y podían hablar con el humo de lo que la autoridad no les permitía.
Los vaqueros de la películas del oeste también fumaban tabaco de liar. Lo llevaban en unas bolsas que cerraban con dificultades. Era muy difícil apañarse con las pistolas, el papel, el tabaco y la bolsa. Los buenos tenían más traza. Colocaban la bolsa bajo las axilas y tiraban del hilo con las manos. Los malos con los dientes. Una manera de retratar al personaje. Los cigarrillos del malo se veían mal acabados. Un par de caladas y al suelo. Al bueno le duraban más. Lo suficiente como para que saliera la luna e hiciera brillar el ascua.
Si se hubieran dedicado a liar perfectamente los cigarrillos en lugar de matar bisontes, ahora las praderas se verían salpicadas de puntos negros. Cuerpos de animales enormes, con cabezas como bolas de lana. Y los indios cabalgarían al viento. Los indios también fumaban, pero en pipa. Por la paz. Quizás también dejaban el tabaco y la pipa a la entrada del tipi. Para las visitas. Una muestra de buena voluntad. Pero los vaqueros no fumaban en pipa sino tabaco de liar. Una lástima.

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