-Budapest-

img_1504Budapest se mueve. Un paso hacia delante, dos hacia atrás, tres a la derecha, medio a la izquierda. Y al revés. Parece que no cambia nada pero la ciudad se mueve. Los puentes dan fe de lo que cuesta que el río pase por debajo, de que las orillas no se acerquen, de que las calles no se metan en el agua. Los puentes han aprendido a no sobresalir, todos se mecen sobre el río a la misma altura. No sé qué temerán pero, en la lejanía, solo ves al que tienes delante. Los demás se mantienen lejos a la espera que tu te dejes llevar por el movimiento de la ciudad. Un puente no tapa otro puente, parece ser su lema.
El río se mantiene quieto. Tu andas por sus orillas o corres o te atreves a entorpecer el paso de los transeúntes con la bicicleta. img_1495Pero el río impertérrito ni se inmuta, aunque te cargues al despistado. Aunque la luz eleve los edificios y les otorgue un brillo de oro. Aunque los jóvenes su suban por las barandillas del puente. Aunque el tranvía raye el suelo con sus ruedas mal engrasadas. El río tranquilo se deja rasgar por la quilla de los barcos sin una queja. Solo unas olas diminutas como dientes de leche roen las piedras del fondo. Y las dejan blancas, tanto que los edificios las envidian. Sobretodo los de la avenida Andrassy, que necesitan del brillo de las grandes marcas para tener un poco de lustre. Por suerte la gran librería Alexandra te recibe con los libros abiertos y te invita a un impresionante café.
Un río señor que se queda quieto a la espera que un crucero se lo lleve a Viena, que tiene más clase. Pero se equivoca. La majestuosidad se la queda Budapest.
Los turistas no bajan al metro. Las escaleras se mantienen en marcha gracias al viajero local. Allí abajo el rio corre por encima de las cabezas mientras el suelo se mueve dando tumbos por los túneles.img_2793
En la isla Margarita, El Gran Hotel sueña con ser un gran actor. Rodeado de plantas se da un aire de gran señor venido a menos. Aun conserva su elegancia, ventanas y ventanas que miran condescendientes a los corredores agitando sus molduras. La tarde le sienta bien.
El zoo, junto a los baños termales, se muere de sed. Parece estar en lista de espera. Quizás no llegue a tiempo. Sus animales gustosos cambiarían el privilegio de ser observados por observar. Recibir comida por dar de comer y la avenida lujosa por la orilla del rio.
La noche se deja iluminar. Los jóvenes comen, beben ríen y se columpian mientras los edificios se engalanan. Fotos para inmortalizar el reflejo. Alcohol hasta las diez. Y la humedad sin cloro que acompaña al viajero mientras disfruta paseando por un puente que cruza el imponente río Danubio.

6 pensamientos en “-Budapest-

  1. Budapest tiene mucho encanto. Sobre todo si estás en un baño termal al aire libre con seis grados de temperatura…🙂 Dediqué una entrada a Budapest hace año y medio, Virag Konya en el Mercado Central, una visita con toques de ficción política.

    • Estuve una semana con mi marido, dando vueltas por la ciudad y los alrededores. Nos movimos por todos los barrios, incluso los que no admiten turistas (o no les gusta). Muy buen recuerdo.
      Salut

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