-Alberta-

Alberta, Alberta. El nombre rebota por las paredes de mi cráneo sin que lleve impresa la imagen de ninguna mujer, ni joven ni vieja que yo conozca.
Seguramente será el nombre de alguna heroína de novela por entregas que habré leído en pliegos de papel pasado de moda. Ahora no habrá muchas mujeres que se llamen Alberta, ni tampoco concibo que alguien se cambie el nombre y se ponga Alberta. No porque no sea un hermoso, pero ahora, la femenizacion de los nombres masculinos no está de moda. Ya quedan pocas Ricardas, Javieras e incluso Antonietas.
Eso de cambiarse el nombre a mi suena parecido a hacerse la cirugía plástica. No estás conforme con el nombre que tienes, te sientes a disgusto con él pues vas y te lo cambias. Pero se nota, vaya si se nota. Alguien que se llamaba originariamente Alberta y ahora se llama Esmeralda, no espere tener de repente más valor. Es más, creo que el nombre tiene un brillo apagado. Como si antes hubiera sido madera y ahora fuera carbón. Es lo mismo pero distinto.IMG_4791
Alberta, Alberta, el nombre da vueltas por mi mente y por mi boca como el hueso de melocotón al que ya no le queda pulpa pero te resistes a escupir.
Tiene que ser un nombre extranjero. Esto también es un tanto ambiguo. Ser extranjero cambia según el que lo mira. Yo siempre soy yo, pero a veces soy extranjera. Cuando uno está rodeado de extranjeros ¿ quién es el extranjero?
El nombre tiene ganas de que piense en él y se asoma por mis labios para que lo repita. Si lo repito muchas veces pensará que es más real y aparecerá ante mis ojos la imagen de una mujer que tiene cara de cansada, que apenas puede con su alma pero que escribe una gran obra que quedará escondida en un rincón porque nadie quiere leer la obra de una ama de casa, a menos que sea del siglo XVIII, soltera e hija de un capellán.
Pero Alberta quiere su historia. Ahora, ya. Quizás quiere ser una Alberta que no acudió a la cita. Una joven hermosa, atractiva, coqueta segura de tener más de un pretendiente con el que pasar la tarde. O una Alberta llena de remordimiento, adultera y con mucha virtud, que renuncia a una pasión. Quizás una Alberta apática, sin ganas de salir por el calor.
En todo caso me da cierta pereza, lo siento Alberta, es hora de pensar en otro nombre.

3 pensamientos en “-Alberta-

  1. Me has dejado con ganas de conocer la historia de Alberta…..el nombre ya prometía por poco común. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s