-Penitencias-

Camino sin rumbo por una calle , solo por el placer de sentir el pavimento endurecerse bajo mis pies. A la altura del número 34 se abre una puerta y una mujer altísima sale de la casa y se sitúa ante mí. La perspectiva de ver algo más atractivo que los cuadrados esparcirse por el suelo, es un aliciente para seguir andando. La mujer lleva una sombrerito rosa, en realidad un casquete que le cubre la parte alta de la cabeza. No  veo la necesidad de tapar la cabeza con algo semejante a una caja, pero la mujer le da unos toques para asegurarse que está ahí. Calza zapatos de tacón alto, color rosa. Me sorprende que una mujer alta quiera ser más alta. Los zapatos de color rosa combinan con el sombrerito. Pienso que los extremos del cuerpo de la mujer, vestidos color pastel, hacen que parezca más pequeña.IMG_1971 Se detiene ante el semáforo y aprovecho y miro su cara. Su boca pintada de rosa es grande y dura. No distingo sus ojos, porque una red tenue le cubre la parte superior de la cara. Sorprende la red, que al andar se le mete en los ojos y lejos de convertirla en una mujer fatal, la hacen vulnerable. En la esquina se quita un zapato y se masajea los dedos de los pies. Luego hace lo mismo con el otro zapato. Descalza, con los zapatos a un lado, los dedos se ven rojos ante la palidez del rosa. Se agacha para asegurar un zapato y la red que cubre sus ojos desciende hasta su boca. La mujer disimula pero no puede evitar la palabrota que se cuela indiscreta por los agujeros del tul. Una vez calzada se coloca bien el velo del sombrerito. A todas luces, la incomodidad de la mujer hace que mi paseo se vuelva interesante. Miro mis zapatos planos y cómodos. Si me los quitara, mis pies serian blancos, de un blanco agradecido. Los zapatos de la mujer brillan al sol de la mañana, los míos oscuros y polvorientos parecen burlarse de la palidez rosa e incomoda. Seguimos andando, yo con paso seguro, la mujer con paso cada vez más inestable. Nos detenemos, ella se descalza, yo aprieto mis cordones.
Pasa un rato y ella camina ahora con paso ligero a pesar del dolor manifiesto de sus pies. Camina tan rápido que mis zapatos cómodos apenas si siguen el ritmo. El ruido de los tacones asusta el pavimento, el sonido chato mis zapatos lo endurece. Hasta que la mujer se detiene aliviada, ante una iglesia. Con mucho cuidado se levanta el velo y se mira los zapatos. Imagino que se los quitará y los dejará en la puerta como en otras religiones. Pero no, los limpia y reorganiza sus pies ahora hinchados por el esfuerzo. Y entra muy erguida en el templo.
Dejo a la mujer con su sombrerito de tul y sus zapatos rosa sentada muy erguida en el último banco de madera. Los pies duramente calzados con zapatos rosa. Los ojos tapados por una sutil red.
Hay penitencias inimaginables para los ateos.

10 pensamientos en “-Penitencias-

  1. Con tu descripción tan real, hasta yo he hecho penitencia con los tacones de color rosa . Será que habré pecado ? tengo los dedos rojos, ahora mismo voy a ponerme las pantuflas. Un abrazo.

  2. ¡Te felicito! Un relato muy minucioso, absolutamente detallista. Con un cuidado y una delicadeza supremas. Me atrapó desde el primer momento que comencé a leerlo. A cada oración leída quería saber más. Un final impactante, bien propio del cuento. Fascinante.

  3. ¡Te felicito! Un relato muy minucioso, absolutamente detallista. Con un cuidado y una delicadeza supremas. Me atrapó desde el primer momento que comencé a leerlo. A cada oración leída quería saber más. Un final impactante, bien propio del cuento. Fascinante.

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