-Viajando-

Apenas llegar a san Petersburgo te das cuenta que los segundos son más largos y los minutos y las horas. Todos es más grande, más largo, más ancho, más hondo. Más dorado, más brillante, más recto, más curvo, más más que en cualquier lugar que recuerde. La ciudad te acoge con los brazos rectos de las largas avenidas que llegan hasta donde la vista se cansa de mirar. Camino asombrada y al pasar sus habitantes y sus estatuas me miran y suspiran con una condescendiente indiferencia.IMG_2974

Entro en el metro que desciende vertiginoso hacia el centro de la tierra . La gente impasible al hecho, se inclina hacia delante o hacia atrás mientras la pequeña isla que es el peldaño me sujeta firmemente.
La escalera no tiene compasión y baja infatigable con un sonido monocorde. Unos pocos atrevidos desafían la gravedad y corren escaleras abajo en un intento inútil de atrapar el tiempo. Pasan por mi pequeña isla peldaño dejando un sonido que se escabulle con ellos. Ya en tierra firme los encuentro jadeantes ante la puerta cerrada del metro que huye bajo la atenta mirada de la escalera que sigue y sigue
Cerca de la estación de metro un hombre propina una fuerte bofetada a otro muy borracho. El borracho ríe con una risa sin alegría, impertinente con ganas de más, el alcohol es su aliado. El otro le pega más fuerte aprovechando la inestabilidad del contrincante, el alcohol es su aliado. Al final gana el alcohol por efluvios.IMG_2869

En el parque, no muy lejos de un surtidor enhiesto, todo es verde: la hierba, los arboles, los bancos, las papeleras, los pájaros, las estatuas. Un verde universal que convierte el verde natural en extraño. No muy lejos de la puerta verde, un grupo de gente espera. Expectantes, observan el joven indio que en el centro se acicala con un tocado de miles de plumas blancas. A su lado otro joven empieza a golpear un tambor. El indio resplandece con sus vestido blanco y acerca una sencilla flauta a su boca. La gente contiene la respiración. El agua del surtidor baja a un nivel silencioso. El indio hace sonar su flauta, un sonido desafinado que acaba con la belleza del tocado y con el silencio. La gente se dispersa con las chirriantes notas de la flauta. Las plumas del tocado parecen avergonzadas. Lo único que perdura es el sonido monótono del tambor y el verde autoritario del parque.

La matrioska que compré ayer se ve triste. A su lado un grupo de pequeñas matrioska igualmente coloreadas arman revuelo, todas conservan una inquietante igualdad. La mayor suspira. En una intento vano de alegrarse, se parte y deja un discreto interior vacío y monótono. En un ataque caníbal va tragándose todas las demás. Una dentro de la otra. El festín es completo. La matrioska se ve satisfecha en su soledad.IMG_3523

Abro la puerta de una imponente iglesia. Sin darme cuenta se ha colado conmigo un pajarito. Entramos los dos felices de dejar fuera la lluvia. Ya en su interior, los dos nos quedamos boquiabiertos, nada nos ha preparado para la impresionante cantidad de figuras que se esparcen por el techo. Siento que los colores son el regalo que encontraré en el paraíso, allí no habrá espacio para cielo e infierno, porque estará todo lleno de teselas que impedirán a cualquier dios meter mano y llevarse a su redil a las hordas de corderos que entran y salen con la boca abierta y el corazón calculando cuanto costaría ahora realizar semejante obra de arte.
El pájaro está asustado. No hay espacio en el que reposar que no sienta sobre sus plumas la mirada fulminante de teselas diminutas. El pájaro revolotea indeciso y se coloca delante de la única ventana. Los cristales de colores solo le permiten atisbar las gotas de lluvia que se escurren lentas. Los dos suspiramos por la simpleza del agua.

Me despido de la ciudad sin pena pero me llevo en la maleta el aroma de las estatuas, el sonido de los palacios, el brillo de los parques y el sabor de sus lluviosas avenidas. San Petersburgo, una ciudad donde los dioses regalan a los infieles un cielo lleno de asombrosas nubes que compiten con la grandiosidad de los edificios. Nubes que hacen del monocromo un color impresionante. Y llueve, y llueve y la lluvia se adueña de todo pero solo un momento, que dura más que los momentos que una sabe contar. Y sale el sol y todo brilla y brilla tanto que no queda espacio para imaginar.

IMG_3247

9 pensamientos en “-Viajando-

  1. Al leer este cuento me he sentido como si estuviese en San Petersburgo, es una version muy atractiva, unica, brillante y original para cualquiera que la lee, siento una sensacion de alegria ya que habla de arboles llenos de color verde flores coloridas, y se retira de la cuidad pero se lleva una gran alegria de haber estado en un lugar en pocas palabras perfecto, se va feliz de San Petersburgo y en su mente esta bonita frase “Y sale el sol y todo brilla y brilla tanto que no queda espacio para imaginar”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s