-En una caja de puros-

Recuerda que, tras una noche en vela, escribió la lista con las cosas que le gustaría hacer antes de morir. Eligió bien lo que le pareció imprescindible para un ser humano con ganas de proyección. La lista era compleja: logros profesionales, saltos al vacío, alguna hazaña deportiva, varias pinceladas de arte y viajar. Sobretodo viajar a lejanos paraísos en los que nadie destrozaría el encanto, se mantendría vírgenes hasta que él los hollara con sus pies. Una vez repasada bien la lista la dobló en cuatro partes. Lo hizo para esconder al destino sus deseos y este ignorante, no pudiera estropear ninguna de las cosas que había escrito. Cada vez que consiguiera realizar una de las cosas que apuntó en la lista, lo tacharía con el color rojo. No pensaba añadir nada aunque consiguiera todos sus anhelos.
Guardó el papel doblado en la caja de puros que había pertenecido a su abuelo, un fumador empedernido que murió con su mejor sonrisa y su mejor puro en la mano.carpeta port_285
La primera vez que la abrió descubrió que había guardado objetos que a otros ojos parecerían ridículos, sin embargo para él conservaban anclada parte de su vida. La pluma Montblanc herencia del abuelo, una canica que le ganó a Javier, la única, cromos de su equipo del alma, un vale por una bicicleta, una carta a los reyes que no le hizo falta enviar y un recorte de periódico en el que se anunciaba una camisa con un nuevo producto, el tergal. Tergal le pareció un buen nombre para un perro. Antes de cerrarla añadió un sobre de preservativos vacío, un lacito de un vergonzoso color rosa y una carta de amor que tenía tachadas las palabras más hermosas.

La segunda vez que removió la caja encontró un anillo, una llave de coche utilitario, la palabra Tergal gravada en una chapa, un billete de avión a Guinea y una foto rota y vuelta a pegar. El papel de la lista había amarilleado y perdido flexibilidad pero había ganado líneas rojas que auguraban que finalmente podría conseguir lo que se propuso.

Con los años, a La caja se le rompió una de la bisagras traseras, pero la cerradura aguantaba. Lo último que colocó dentro fue el resultado de unos análisis de sangre y una postal escrita con letra infantil de una ciudad muy lejana.

Hoy ha abierto definitivamente la caja. El color de la tinta se ha quedado antiguo y el papel ha adquirido el tono que los años dan a lo importante. Es lo único que se ha llevado al hospital, la caja de madera de puros con sus objetos. Los saca y los revisa, los recuerdos se escapan por la habitación y rebotan por las paredes sin que ni él pueda recogerlos. Pide un bolígrafo rojo. La enfermera ha ido a buscarlo pero no ha llegado a tiempo. La caja cae al suelo y deja la lista abierta para que el destino lea lo que él pidió. Todo cumplido menos el último deseo.
La enfermera con trazo firme tacha la última petición de la lista: morir y deja la caja cerrada entre sus manos.

12 pensamientos en “-En una caja de puros-

  1. Me emocionó muchísimo tu relato, será que tengo el bolígrafo, y me falta el listado?
    Es un placer como siempre leerte.
    Un fuerte abrazo y hasta pronto Carme.

  2. Vaya! me parece un relato increíble, te hace ver como de relativo es el tiempo y como vas cumpliendo o no las metas y propósitos que tenías, un relato muy reflexivo.
    Sigue asi amigo, saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s