-El brazo-

Tomás acaba de salir del hospital. Hoy hace exactamente diez días que perdió el brazo, el izquierdo. Tomás está convencido de que a partir de este momento ya no será capaz de valerse por si mismo. Se lo dice a Pedro, que lleva esperándole diez días a la misma puerta del hospital. Pedro no dice nada, solo tuerce el gesto porque Tomás nunca ha sido capaz de valerse por si mismo, ni lo haría aunque tuviera cinco brazos.
-Hubiera sido mejor que te hubieras quedado cojo- le asegura Pedro.
-¿Tu crees?
-Claro. No hace falta perder una pierna para ser considerado cojo. Pero para ser manco es necesario haber perdido una mano como mínimo. Ser cojo tiene más ventajas.
Tomás asiente, valora mucho las conclusiones a las que llega su amigo y observa los pájaros que cerca, picotean el suelo. No tienen brazos y no les va tan mal piensa conformado. Pero no dice nada, solo se toca el muñón como quien acaricia un sueño que poco a poco se diluye y del que pronto no quedará ni el recuerdo.DSCN1479
-Ya es mala suerte que estuviera el guardia de seguridad. Los guardias son peores que los dueños de las empresas. Les va el trabajo en ello y disparan a matar. Maldito trabajo que los convierte en lobos- sentencia Pedro con la voz rota por la rabia.
-Sí que lo son. Y peores que los dueños- confirma Tomás.
-¿Te duele?
-Un poco, pero me duele más pensar que ya no tengo brazo.
-¿Sabes qué? al final pienso que has tenido suerte. Las desgracias inspiran la compasión de las viejas que son las que dan dinero- dice Pedro tras beberse lo que les quedaba de vino.
-¿Tú crees?
-Por supuesto. Se acabó el robar. Se acabó ir deambulando por estos mundos mendigando y que te miren como si fueses un escupitajo a punto de salpicarles. Ahora eres un menesteroso, podrás acercarles la mano como si fuera una superviviente que necesita ayuda. Ahora tienes derecho.
-¿Tú crees?
-¿Pero no me has escuchado! Es el momento de comprobarlo. Ve a pedirle dinero a la vieja que va por allí, seguro que lleva alguna moneda. Y quién sabe, a lo mejor cae algún billete. Apresúrate que las tiendas cierran a las ocho y no nos queda bastante vino para pasar la noche.
Tomás se apresura a pedir limosna a la mujer mayor. Pedro observa la escena, escudriña cada uno de los movimientos de su amigo y niega con la cabeza. Tendrán mucho trabajo para adiestrar la mano derecha, han de corregir la manera que tiene Tomás de pedir, como un náufrago que no se fía de las posibilidades salvadores del flotador.
La noche se lleva los pájaros y las mujeres que llevan dinero para dar a unos vagabundos. Y deja dos hombres profundamente dormidos sobre un banco de madera, uno con un solo brazo, lo único que les queda para seguir adelante.

11 pensamientos en “-El brazo-

  1. Uffffffff….. Uno de esos relatos cortos que me hacen hervir la sangre, pero que al mismo tiempo salpican mi cara como el agua fria y salada de una ola en el espigón… despertándome, increpándome.
    Gracias por increpar mi espíritu, Carme.

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