-Saturación-

Acabo de dejar en el rincón más oscuro de mi biblioteca, el último libro que compré. No pienso abrirlo, al menos durante unos días, su lectura me dejó saturada, al borde del empacho. Se trata de un libro de recetas lleno de tartas, pasteles, galletas, madalenas, helados y cremas. Una dulzura de libro. Pero yo no puedo más, estoy al borde del empalago. No es que sea un mal libro, ni que esté mal escrito ni que las fotos no sean adecuadas al tema. Al contrario, todo es excelente, tanto, que me he hartado.
Al principio, cuando lo abrí, mis sentidos estallaron con su dulce atracción, no había otra cosa que me interesara más. Como hipnotizada por las posibilidades de crear algo tan delicioso, saboreé sus páginas hasta dar con la receta perfecta, la que me permitiría crear mi propio postre. Leí la elaboración como el que lee una pócima que le devolverá aquello que perdió, porque el tiempo no entiende que a una se le gasta la vida y no hay repuesto.
A medida que iba leyendo, los ingredientes se presentaban ante mí puros, netos y vestidos de distintos tonos de blanco: harina, azúcar, leche, mantequilla, nata, huevos. El único ingrediente que les plantaba cara era el chocolate. Al verlo tan oscuro entre el blanco monocorde, aprecié mucho más por qué me gusta. Casi al final aparecieron, el jengibre y el cardamomo para revestir la receta de aire exótico como si quisieran ayudar al chocolate que ante tanto blanco, tenia mucho trabajo para no perder la batalla. Reconozco que el primer síntoma que me advirtió que aquella no era mi tarta, lo propició la aparición del jengibre.DSCN0545
Observé el jengibre, lo probé y no pude evitar que me pareciera raro para un dulce, un producto que pretende ser alternativo y moderno pero que me dejó un sabor picante que no lleva a nada. Si una come un pastel, lo menos que espera es que le quede la boca llena de una melodía con el ritmo pecaminoso del dulce al bajar esponjoso por la garganta. Yo con el jengibre me di de bruces con una gaita agitando las encías.
Pero no me desanimé, simplemente deseché este postre y seguí buceando en otra receta. Y otra y otra. Todas tenían algo que sí y algo que no. Al rato, las fotografías que ocupaban toda la página se sucedían ante mis ojos cada vez más inquietantes: el agujero de una tarta, la pepita de chocolate en la madalena, un fragmento de nata sobre el pastel, una fruta confitada que emergía de un bizcocho…
Poco a poco todos los elementos, con su carga de azúcar llenaron mi vista, se adueñaron de mi cerebro, hasta que mi mente no pudo resistir otra receta, se colapsó. Ya no me interesaron los pasteles, ni fáciles ni difíciles, solo quería que el dulce empalagoso me dejara en paz.
Mi cuerpo empezó a notar la misma sensación terrible que sufre al ver unos niños hambrientos hurgar en las montañas de basura, una y otra vez, en diferentes noticias, en diferentes medios, todos mostrando la miseria sin decoro, de cara. Mañana, tarde y noche. Esta repetición deja en mi mente una sensación que, lejos de producirme lástima o recriminarme por mi insensible compromiso hacia el hambre en el mundo, me llena de hartazgo, me satura y me insta a buscar otras noticias nuevas, que me hablen de algo distinto aunque el hambre siga allí cobrándose vidas.
El libro ha quedado en el fondo de la biblioteca, descansando del ajetreo al que lo sometí y el deseo de comer pastel olvidado por un tiempo. Solo las ganas de saborear un pedazo de chocolate negro y amargo perdura, como perdura en un rincón de mi alma el remordimiento por el desinterés que muestro por todos los que pasan hambre en el mundo.

6 pensamientos en “-Saturación-

  1. Crua i dura realitat.
    La fam al món la sentim llunyana i sovint la propera, la de la nostra ciutat, tampoc la veiem. Les imatges i els mitjans ens ho han d’anar recordant malgrat la que visió d’aquestes notícies ens saturin.
    Agraeixo la teva sensibilitat davant d’aquest gran desequilibri i em fa pensar, encara sigui una acció passatgera, que avui puc fer quelcom per alleugerir un xic la fam propera.

  2. Hoy me he percatado que hasta los mendigos que normalmente ocupan las esquinas y lugares estratégicos de la ciudad, no están.Con este calor no me extraña (se habrán tomado vacaciones ….) Pronto volverán a tocar nuestras conciencias y a recordarnos que todos somos hermanos. Un abrazo.

  3. A mi el dulce me gusta pero pronto me empalaga y me cansa por lo que aguanto a comer poco, sólo de vez en cuando y clandestinamente cojo una onza de chocolate y la saboreo plácidamente olvidándome de las penas del mundo.
    Un Abrazo🙂 .

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