-Mil palabras en la punta del lápiz-

Diez, cien, mil, un millón, un billón, un infinito número de palabras se agolpan en la punta de mi lápiz empujadas por la premura de escribir una historia.
Dejar que las palabras vaguen por el texto sin tener nada que decir es tan fácil. La libertad que da el no tener nada importante que narrar expande la mente y la deja abierta a todo.
Pero no puedes sustraerte a la vanidad de creer que puedes escribir un relato contundente. Y luchas para que la víscera fluya desde el corazón y deje una huella impresa que seguro los lectores consideraran buena. Y ahí está el error, se acabó el escribir para divertirte, para disfrutar de las palabras mientras se unen y forman preciosas frases sin sentido. Ahora quieres ser un autor que todos lean y exclamen qué bueno es. La vanidad te pierde. Sin necesitarlas, surgen las dudas ¿pero seré un escritor realmente bueno? ¿gustará lo que escribo? Y tras darle muchas vueltas decides que hay un libro dentro de ti a la espera de ser extraído y te dispones a escribir de verdad.

Christopher Wilson

Christopher Wilson

Pero entonces un idea escondida en una maldita palabra se atranca, se queda atorada y toda la buena intención se diluye como el humo de la olla que no alcanza para elevar la tapa.
Y vuelves a la realidad de que no eres más que un simple colocador de palabras una al lado de la otra. Y olvidas la maldita idea, el pensamiento de escribir algo grande. Y derrotado, miras unas fotos de Christopher Wilson y lees una historia entre las arenas de un blanco desierto y escribes un precioso relato, por el que asoma una idea y que nadie más que tú, probablemente nunca va a leer.

15 pensamientos en “-Mil palabras en la punta del lápiz-

  1. Escribir es un placer y también un tormento, luces y sombras, negro sobre blanco, eterna dualidad que se hace más patente al escribir. Lo que no cabe la menor duda es que a algunos nos engancha. Mil granos de arena en la punta del lápiz.
    Un abrazo de compañera de dudas a compañera de dudas.

  2. Lúcida reflexión, pero yo nunca he sentido esa diferencia entre escribir “por puro placer” y escribir “por obligación”. Bueno o malo, soy un relatista nato, escribo desde primaria, y siempre escribo pensando en el lector imaginario. Mientras paseo, voy tomando imaginarias fotografías que valgan para un relato, un relato que permita un final con cierta enjundia. Para mí es a la vez placer y obligación, placer porque disfruto como un niño con una piruleta, y obligación porque Dios me ha dado un pequeño don de escritor, y le debo el ejercerlo. SALUD!!

    • Quizás en mi caso, escribo porque necesito contar algo, a veces para mí y a veces para compartir. No creo que tenga ningún don especial lo que si tengo es muchas dudas.
      Salut

  3. Sí que tienes ese don, sino tus relatos no nos gustarían. No todo el mundo vale para escribir, como no todo el mundo vale para trabajar en un barco pesquero. Eso de “pequeño don” puede sonar pedante, pero a mi edad y con una cincuentena de relatos guardados en la recámara para ser publicados, ya paso kilos de la falsa modestia. Salud!!

  4. Las historias íntimas son las mejores, como sentirse la penúltima pieza de un puzzle.

    Me gustan tus historias, y eso que no soy de letras🙂

  5. siempre tenemos una historia que contar y cuando agarramos un lápiz nos llega un montón de palabras y el lápiz ya esta listo para escribir, pero se detiene por un momento y recuerda que es mejor que esas palabras se queden en la punta del lápiz por es mejor quedarse sin contar nada y que esas palabras vivan solo en ti…???????

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