-Malentendido-

No quería suicidarse. Es cierto que no quería. Pero pasear solo a las tantas de la noche era como invitar al destino a que decidiera por él.
Salió de su casa con el abrigo abrochado, un bastón con puño de oro y el sombrero bien calado. La bufanda quedó relegada en el bolsillo para evitar que a algún desconocido le resultara conocido y se embarcara en conversaciones que cansaban al bastón y apresuraban el frío.
Llegó al cruce tras caminar sobre los adoquines más interesados en descansar del sol que brillar a la luz de las farolas. Las aceras discurrían oscuras bajo los árboles. Aquejado por un anhelo de justicia dejó los adoquines y pasó por encima de la acera regalándole una sombra luminosa.
Al doblar la calle se encontró debajo del único ojo de un puente. Levantó cauteloso la vista, miró con curiosidad el arco, la perdida ribera, las piedras sin rumbo y le pareció estar dentro de un río aunque no tuviera agua. Se sintió ligero, era como nadar y andar sin necesidad de mover los brazos ni asustar las algas ni pisar el barro. Los pies se desplazaban tranquilos, convertido en remo el bastón. Le gustó la sensación de deambular en medio de una corriente sin quitarse el abrigo y el sombrero.

Vermell

Pont a Penelles

Siguió chapoteando por la sombra, imaginando las hojas caídas como si fueran peces-manta que planearan por el suelo moviéndose sin rumbo.
Tras nadar un rato en el aire dejó atrás el puente y salió a la avenida donde la gente charlaba sentada en bares como pescadores de tiempo que estaban a la espera de atrapar un buen puñado de momentos. Las risas y los gritos demostraban que a los momentos no les molestaba el ruido y que se sentían atraídos por el bullicio.
No le interesó esta pesca ruidosa y se dirigió hacia la tranquilidad de una calle con bares-pecera acogedoras de humo y pensamientos. Tentado estuvo de entrar pero el bastón le guiaba hacia otro espacio sin techo y sin gente.
Caminó mucho rato, el tiempo no le importaba, él era el dueño que lo alargaba o encogía a su antojo. El rumor del agua de un río le distrajo. No había puente, solo la otra orilla, donde la oscuridad no permitía observar el mundo correr o detenerse.
Si antes había andado por un río de aire, sin el abrazo del agua ¿Cómo sería estar en el agua, sin el abrazo del aire? ¿Cómo sería andar por el fondo del río con el bastón como remo, el sombrero calado y el abrigo como vela? Tenía mucho tiempo, y se lanzó.
El bastón resultó ser un mal compañero, lo abandonó al saltar, junto con el sombrero, sólo el abrigo se mantuvo con él aunque fue un amistad triste, que los hundió a los dos. Quizás los buenos amigos fueron el bastón y el sombrero.
Cuando lo sacaron negó que quisiera suicidarse. Tenía tiempo y las orillas no le atrajeron lo suficiente como para gastarlo explorándolas.
Lo que no le gustó de la experiencia es que las hojas en el río eran en realidad hojas.

7 pensamientos en “-Malentendido-

  1. Intenso relato. Lo mas duro de la vida es enfrentarse a nuestra propia realidad y tener que reconocerla, por mucho que queramos engañarnos a nosotros mismos.

    Un abrazo.

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