-Ocasos-

M

irando como el sol se pone, tímidamente llegan hasta mí las notas de La casa del sol naciente y me doy cuenta de que lo único que me salva de seguir anclada, mientras el universo se mueve, es tener recuerdos que no conocen ni tiempo ni espacio.
Mi padre nunca jugaba más allá de una partida dominó. Lo que más le gustaba era golpear la mesa con el saliente metálico como si quisiera asustar a los puntos para que salieran los que necesitaba. Tampoco estuvo en New Orleans, ni siquiera creo que supiera que existía tal lugar, aunque los de New Orleans dudo que conocieran el pueblo de mi padre, por lo que el empate de desconocimientos geográficos les unía de alguna manera.
Quizás un señor que veía salir el sol tras pasar la noche jugando a las cartas, imaginaba que en algún lugar del mundo un hombre golpeaba una mesa con un dominó y sentía que formaba parte de este mundo, donde las casas de juego no eran lugares tan sórdidos y que algunas mujeres cosían por el placer de que su familia bien vestida y no para no morir de hambre.

Otra puerta

Mi padre no era de los que se paraban a ver salir el sol. La salida del sol tenia para él connotaciones de puesta en funcionamiento como el pistoletazo para empezar una jornada que de hecho, empezaría igual si no salía el sol y las nubes fueran las dueñas del paisaje celeste.
En estos mundos tan dispares, un jugador  se desperezaba para ir a dormir y mi padre se desperezaba para ir a trabajar. Los dos unidos por el estiramientos y por el sol que los bañaba y les daba o les quitaba energías, como un dios que no tenia claro a quien castigar.
En la casa del sol naciente cantan que se jugaba toda la noche. Allí se perdían fortunas y vidas, sobre mesas de madera que sufrían las quemaduras como si fuera el precio a pagar, por poder sentir sobre sus vetas resecas el baile de las cartas. Mesas brillantes de mugre, sudor y alcohol cuyo destino era ser el último traje.

En el café donde mi padre pasaba las horas entre la vuelta del trabajo y la hora de la cena, lo más que se perdía era la voz y alguna uña por el golpe contra el mármol de la mesa. El mármol renegaba de estos golpes y sentía envidia del mármol de la iglesia, tan santo él que era limpiado con aceites y perfumado con incienso y le ponían encima alguna pieza de metal beato.
Los jugadores del dominó no arrastraban una existencia atormentada, ni sufrían por lo que pudo haber sido, ni tan siquiera tenían en su mente a la mujer que estaba en casa con los niños, los abuelos y un montón de ropa por coser. No eran ni grises, ni tan siquiera tenían color, simplemente pasaban el rato. Para ellos la vida era un largo pasar el rato y de cuando en cuando golpear unas fichas de dominó después del trabajo y antes de ir a cenar.
En la casa del sol naciente ya no queda nadie. El humo es el único que  permaneció un poco más para repasar lo que dio de sí la noche. En el café, a la hora del sol naciente no hay humo, solo un discreto olor a nada y sudor.
El sol nace y muere cada día. Pero los jugadores ya nos son los mismos.
LA CASA DEL SOL NACIENTE (enlace)

20 pensamientos en “-Ocasos-

  1. Te cuento una larga historia de los cinco días que pasamos en New Orleans
    Hace más de diez años, y fué en la época de vacaciones estudiantiles. Toda la ciudad fué impactante, su cercanía al río Missippi, donde pasan los grandes barcos con sus ruedas, sus chirridos, sus pitos, los stands de sus orillas donde se exhibían todos los productos de diferentes países y los antifaces más hermosos hechos por ellos de plumas de todos colores .La ciudad es música, en los bares, en las casas especiales, hoteles, fondas, entierros. Era Jazz, alcohol y droga. La parte antigua, el casco francés, y el hotel que nos reservaron donde se entraba por un gran jardín, y donde sus tres pisos y sus galerías se abrían a la vegetación y donde cada habitación en lugar de tener un número identificatorio tenía el nombre de un cantor, de un músico de un compositor. Los balcones de hierro era pura filigrana, donde colgaban helechos por metro, sus casas antiguas con grandes columnas blancas, ( Lo que el viento se llevó )de los dueños de las plantaciones. Me pareció en ese momento, una ciudad donde el alcohol la droga y el sexo, se transformaba en espléndida música. Pienso que esos bares donde se exhibían mujeres desnudas sentadas sobre espejos que circulaban y ésa maquinitas infernales con su ruido metálico opacaban a las voces que se oían, en francés, inglés, alemán.Un gran garito, donde el sol nace y muere cada día, y donde pienso que nada quedó igual después del Katrina. Habrá quedado el Gran Créole.y que será de las jovencitas tiradas, perdidas, sentadas en los cordones de las calles, sin saber donde estaban. Qué será de esas . Mesas brillantes de mugre, sudor y alcohol cuyo destino era ser el último traje.
    Perdona la extensión de mi charla, es que de golpe viajé, y jugué al dominó como lo hice durante mucho tiempo. . Ahora le temo al efecto dominó, es cuestión de ver pasar los años.
    Un abrazo.
    Hasta pronto.

    • Dan ganas de visitar New Orleans. La verdad es que lo único que conozco de allí es por el cine o por los libros.
      El texto viene más por una tarde sin nada especial y de como la música te lleva a pensar cosas bien dispares.
      Salut y gracias por el comentario

  2. Has hecho una bonita simetría entre dos mundos paralelos y en cierto modo opuestos. Yo soy más de dominó, aunque también manejo las cartas. Pero no juego. Algún día tendré tiempo de hacerlo. Y de visitar Nueva Orleans…

    Saludos (y gracias por el enlace, muy bueno).

  3. Un texto espectacular. Lo puedo ver, juro que lo puedo ver. Me encantó porque, además, conozco lugares que imagino parecidos, y tengo una familia llena de jugadores que -salvo sus vidas- han ganado y perdido todo. Conozco bares sin mármol. De niño, un tío me llevaba allí y me depositaba en la barra mientras jugaba a las cartas y evaluaba cuáles caballos podían ser revelaciones y pagar más. recuerdo a algunos de sus amigos; vivían con los binoculares colgando del cuello. También bebían alcohol y fumaban mucho. Esperaban al lado de la ventana a que pasaran las mujeres (lindas, feas, de todo tipo) y siempre les gritaban algo. Se reían mucho cuando me hacían decirles cosas a mí, era como un triunfo colectivo. No había dominó, ese juego es para las plazas, para los parques. Pero el ruido de los dados sobre el paño (porque debajo había una mesa de madera barata) todavía está en mis orejas. Ya nada queda de eso.
    Bonitos recuerdos. Quiero más!
    Un saludo!

    • Todos tememos recuerdos de jugadores, bares y mesas que padecen las frustaciones. Los tuyos son muy interesantes, los mios más de ir por casa.
      Como siempre, tus comentarios superan mis expectativas.
      Salut

  4. dos formas de jugar, dos formas de afrontar la vida y ocupar un espacio, dos formas de enfrentarse al amanecer,

    siempre me ha gustado el sonido de la ficha de dominó golpeando sobre la mesa, su contundencia busca la reafirmación del jugador, un decir estoy aquí que da otra dimensión a ese pasar el rato, que lo llena de una tranquilidad y paz que el jugador de cartas nunca disfrutará, pues en el reino del riesgo la incertidumbre conduce al nerviosismo y la derrota,

    Una abraçada i salut

    PD: En la ciutat gris ni plou ni neva, soles boira i fred, i com no, apoteosis del gris com a color dominant,
    sols espere que estigues be i que no et banyes molt amb la plutja

    • Hola Colomer, creo que este post tiene a los mejores comentaristas. Un placer leerte de nuevo.
      De las partidas de dominó yo solo recuerdo los golpes sobre las mesas redondas de mármol, los gestos de los jugadores y el girar de las fichas mientras las manos las removían. Era demasiado pequeña para descubrir lo que de mayor he sabido.
      Salut
      PD: ha marxat la pluja i han començat a baixar les temperatures, però ara fa un sol esplèndid. Fa un parell de dies la boira o difuminava tot en el meu poble petit. De fet crec que hi ha dies que m’agrada més la boira.
      Espero que la feina no et privi del plaer de caminar i crear sota la boira els teus insuperables relats sobre el destí de l’home i la seva incomprensible manera d’entendre la vida.

  5. Yo estoy con Eduard. Has compuesto un blues que me ha puesto los pelos de punta. Yo no juego y nunca he jugado. Me refiero a dinero. Sí he jugado, en cambio, al dominó, y me ha encantado la inocencia del juego, la camaradería con el compañero, cómo le sacas de apuros cuando es mano, y esos maravillosos golpes en la mesa, enfatizando el buen juego, el cierre o la victoria.
    Tu relato me ha emocionado porque sí conozco Casas del Sol Naciente, y he vivido en ellas penosos días que me han hecho sucumbir y hasta perder las ganas de vivir. De hecho, de alguna manera, dejé en ellas algo de mí que de vez en cuando reclama mi presencia, en una suerte de macabra añoranza, como un canto de sirena, una llamada al caos, una caida a un pozo sin fin.
    Ahora he aprendido el arte del nudo y me amarro fuertemente al mástil de la vida, pero sigo oyendo el canto… Ya me he hecho amigo de esa tortura. Pero nunca olvidaré esos amaneceres bastardos. Siempre me dolerán.
    Excelente texto, Carme, impresionante transcripción de una emoción musical. Excelente canción y excelente tú, como siempre.
    Un fuerte abrazo

    Jose

    • T’apunto al grupet de comentadors favorits. El teu comentari engradeix el meu text. Tots tenim un passat que en empeny, a vegades a repetir-lo a vegades només a recodar-lo i a vegades a volguer que mai hagués passat.
      Salut
      PD hauriem de quedar un dia per xerrar, et posaré al dia de l’escola i del que hem fet el grup mots.en.cru i tu m’explicaràs el que estàs fent.

  6. el poder de la música para evocar experiencias reales o ficticias, soñar y enlazar con recuerdos. Un excelente texto a partir de una canción. No soy un jugador, pero si un melómano consumado. saludos

  7. buena simetría entre dos mundos cercanos que sin embargo están tan alejados. me gustó como se echa en falta a ese hombre en el hogar mientras pasa el rato con las fichas. Un saludo

  8. Buena versión adaptada a tu realidad. Una buena manera de comparar dos mundos: el “profesional” y el “amateur”. Por su puesto que me quedo con el segundo. Gran detalle el reflejar el golpe con la ficha en la mesa. Algo muy típico de los jugadores de dominó.

    Saludos.

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