-Yogures, cebollas y cuadros-

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oy me he decidido a colgar el cuadro que compré en el mercadillo que los domingos se desparrama por los alrededores de la catedral. En el mercadillo hay de todo, pero lo que más me interesa son los objetos con pretensión de antigüedad que se quedaron en antigualla. Siempre me ha parecido que estos objetos están a la espera, como me sucede a mí, de que con el tiempo alguien reconozca su valor. El que me vendió el cuadro después de un buen regateo en el que yo me hice la dura y él un desgraciado y que acabó en todo lo contrario, me pidió que le dijera si el cuadro me había salido bueno. Yo miré el cuadro como el que mira un melón y me largué pensando que está bien que el vendedor desconozca el valor y sea el comprador quien lo decida.

Mercado de Tàrrega

El cuadro no tiene nada de especial, son dos cebollas pintadas al oleo por un autor que ha dejado el nombre bien claro. No vaya a ser que el cuadro salga bueno y no se le reconozca el mérito.
He pensado en colgar el cuadro en la cocina. Por algo las protagonistas son dos cebollas que compiten por reflejar el brillo de la luz y las mejores pinceladas. A mi me dan ganas de llorar cuando lo miro porque de pequeña me aprendí las Nanas de la cebolla de Miguel Hernández y me invade la tristeza siempre que pienso en este poeta.
Las cebollas son bonitas, con su piel que absorbe la luz y la devuelve a través de una cantidad de marrón que no sabría yo acertar a decir el tono: beige, crema, chocolate, oscuro…A mi me gustan los colores mezclados, mestizos, porque como si no lo tienes claro les nombras con el color que a ti te parece más adecuado.
Se ve muy bien que son cebollas. Pero yo no me conformo e invento una historia en la que las cebollas se convierten en granadas y por culpa de la homonimia, en su interior las pepitas se vuelven lágrimas rojas y me pongo triste por la guerra que se lleva a miles de seres. Y pienso que a lo mejor es lo que quiso pintar el autor, bombas en forma de cebolla que nos hacen llorar.
Quizás no sea buena idea colgar el cuadro si me va a hacer llorar en cuanto lo mire. Pero luego veo las cebollas tan luminosas y tersas y pienso en el sol y la luna que nunca se quejan y me quedo más tranquila.
Tanta cebolla me ha dado hambre. Abro la nevera con esperanza y la luz del interior vacío muestra que el yogur escondido en la puerta se ha movido como asustado. Qué ganas de comerme el yogur, nada puede impedírmelo, ni el llanto de las cebollas.
Lo compre en la tienda de la esquina que tiene de todo. Las tiendas de alimentos son mi paraíso. Allí está mi presente y mi futuro. Pasear por los corredores llenos de paquetes de sopa, bolsas de legumbres y quilos de arroz es como adentrarse en una trinchera donde el hambre es el enemigo y tú estás protegida. Allí también compro las cebollas que dejan en mi cesto restos de sus capas. Cuando era pequeña copiaba dibujos en papel cebolla. No sé si fabrican papel cebolla porque ahora no dibujo. Hago fotos que no necesitan papel porque las meto en el ordenador. Parece que estén en la nevera como el yogur que sin darme cuenta el tiempo también ha corrido para él y está caducado.
Al final decido que sí que es bueno el cuadro, al menos se puede colgar y cambiar de sitio y contarte historias imposibles o reales como las cebollas. Seguro que es mas feliz que mis fotos metidas en un ordenador. Y no caduca.

4 pensamientos en “-Yogures, cebollas y cuadros-

  1. Me ha hecho mucha gracia eso de que el cuadro “te salga bueno”.

    Dado que representa cebollas, si es capaz de hacerte llorar, es que, en efecto, te ha salido bueno.

    Muy simpática la historia de tu nuevo cuadro.

    Saludos.

  2. La sufrida cebolla, tan utilizada para la parábola, las capas de la cebolla. Lo mejor está fuera, lo mejor está dentro. Lacrimógena y condimento para miles de platos y poemas.

    Los lugareños acuden a ella como remedio para cienes y cienes de enfermedades. Incluso llegan a colocarla sobre la mesita de noche, para respirar sus efluvios y aliviar los bronquios. Dormitorios con ambientador vegetal.

    Tuve un amigo (Gran) que en lugar de con el pan, acompañaba las comidas con cebolla. Había que verlo, bocado de ternera, dentellada a la cebolla. Mentiría si dijese que no lo probe. Al fin y al cabo ya estaba curtido de hacer el hippy por Europa y comer vianda con mermelada en paises como … otro día me explayo.

    Una MegaMicro-abraçada-Mix

    Barça a tope

    • Hola Eduard, me alegra mucho que puedas pasar y dejar una de tus siempre imprescindibles opiniones.
      Yo nunca he probado el pan con cebolla, pero si que he comido alcachofas crudas de un huerto hasta que nos descubrió el payés. Menos mal que no nos denunció, y eso éramos facilmente reconocibles con la boca y las manos oscurecidas por las hojas.
      Espero con ganas que te explayes otro dia.
      Salut i força Barça (ja en tenim dos)

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