-No era mi historia-

M

 

aldita lluvia. Por su culpa me metí corriendo en la casa olvidando el libro en el banco del jardín. Al sentir una gota, apenas un golpecillo pidiendo permiso para caer sobre mí, salí corriendo. Mientras que el libro, al que las gotas sí deberían asustar se quedo quieto sobre el banco dejándose empapar.
Ya en casa desde la ventana observaba el festival de gotas y papel mojado, sin que me decidiera a salir y acabar con la fiesta.

Cansada de no hacer nada y añorando la historia, me dejé caer en el sofá. Me moría por saber qué me perdí tras aquellos papeles mojados y seguramente mudos para continuar el relato. En mi mente la historia daba vueltas como si quisiera salir. Y casi sin darme cuenta, cogí lápiz y papel y me dispuse a seguir con el texto.
Pero el lápiz rompió su punta y cayó al suelo. Parecía un corcel sin ganas de que yo le montara. Caracoleaba y rehusaba a avanzar por una historia que sabía de sobras que no era la mía. Dudaba y emborronaba el papel que se veía dócil en comparación con el lápiz hasta, que cansada de su rebeldía, alcancé el sacapuntas y le afilé, tanto, que el mismo se debió sentir asustado de su punta y se calmó.

Històries

Durante un rato me dediqué a contar lo que recordaba, una historia de dos hermanas perdidas en la pampa argentina, un comisario de los que el humo del cigarrillo no les impide ver la cruda realidad y una muerte sin pasión ni causa aparente. Pero llegó el momento en que el recuerdo se perdió por el poncho de un gaucho y tuve que empezar a crear mi relato.
Era tan difícil que le di la razón al lápiz, no era mi historia. ¿Qué derecho me arrogaba para continuar con lo que alguien había escrito y que quedó en un banco por culpa de la lluvia? ¿Qué sentiría yo si otro intentara acabar mi historia con otras ideas, distintas a las que yo había concebido? Tras un instante de duda llegué a la conclusión que no me importaría y haciendo caso omiso del lápiz que volvía a mostrase díscolo, continué con la historia como quien se mete en una frase, cosa que al señor Vila-Matas no sé si le parecerá bien que me tome la libertad de cambiar pero al fin y al cabo él también se mete con cualquier autor y saca punta a sus lápices.

La historia tras los recuerdos se volvió confusa, avanzaba dando tumbos por la pampa que dejó de serlo en cuanto quedó claro que no tengo ni idea de cómo es la pampa y que no distinguiría un gaucho de otro personaje habitante de latitudes lejanas si lo viera sacado de contexto. Pobres personajes que veían como los iba metiendo en una historia que a todas luces era muy distinta en tiempo y en espacio de la suya. Toni, el muerto, es el único que no se quejó al devolverle la vida. Yo quería que me contara como llegó hasta allí y si era verdad que había tenido relación con las gemelas o si prefería al nikkei. El puertorriqueño en cuanto le devolví la vida se largó con la bolsa de dinero dejando a todos con dos palmos de narices y a mí con la obligación de consolar al japonés, al que saqué de la cárcel y le devolví el puesto de vigilante nocturno. La trama no avanzaba porque los personajes se pusieron en contra de mi lápiz. Que si escribe mal el nombre, que si se deja los acentos, que si me describe sin gracia, todo eran quejas.
El blanco nocturno se volvió de un gris apagado y sin bolsillos en los que meter unos personajes que se me escapaban para ir a encontrar el libro mojado en el banco del jardín.

10 pensamientos en “-No era mi historia-

  1. quizás si era tu historia, nomás no era la de los personajes, que a veces son tan pero tan rebeldes que no hay manera de convencerlos de que son una invención de nuestra cabeza.
    abrazo!

  2. Yo tengo la sensación de que las historias pueden ser intervenidas y “apropiadas”, pero tengo mis dudas sobre los personajes. Creo que éstos son independientes y es mucho más difícil disponer de sus voluntades. En realidad lo que pasa es que ellos siguen escribiendo historias por nosotros, por eso tal vez se te hayan puesto en contra. Buena suerte y más que suerte!

    • Es cierto los personajes aunque se “cambien” de libro continuan siendo ellos, con la personalidad primigenia. Don Quijote, Ignatius J. Reilly o Robinso Crusoe son ellos aunque los pongas en la Biblia.
      Salut

  3. Lamento que se halla mojado el Libro. Todo lo que escribes es creíble.!
    No sé si puedo aportar algo sobre el gaucho. .
    Hijos de la necesidad y del coraje.Tienen en común, su amor al caballo al lazo, al facón. El poncho como cobijo, el sombreo y el barbijo, el pañuelo al cuello, el cinto, las botas. .El mate como unidad, cebándolo en rueda, socializan en un fogón , en el armado del cigarro, tomando , la caña o la grapa, comiendo asado, a punta de facón.. Aclaro que cambia según el lugar y la época.
    Tenemos ahora gauchos, con celular, que manejan Internet. .
    Si el libro era de Bioy, creo que valdrá la pena comprar uno nuevo .
    Un abrazo.
    Hasta pronto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s