-Lápices y macarrones-

E

scribo en la cocina con delantal por culpa de un libro. Me he entretenido tanto leyendo que se me ha hecho tarde y ahora dudo entre un bocadillo de anchoas o seguir adelante con la tarea de preparar unos macarrones. Mientras mi cabeza se debate entre lo fácil y de rápida ejecución o lo elaborado y de gusto apetitoso no hago ni lo uno ni lo otro y pierdo el tiempo divagando. Haciendo esto me siento más cerca de ser una escritora .
En honor a Walser escribo con lápiz de madera. No me gustan los lápices de metal porque tienen la mina tan delgadita que, apenas escribes algo con sentido, se rompen. Parece que teman a las palabras gruesas y malsonantes. Incluso el punto y final resulta demasiado fuerte para tan poca mina.

Al final me decido por los macarrones. Tras cortar la cebolla  se ha quedado enganchada un poco en el cuchillo.  La hoja se ve sucia pero no del todo, como si fuera suciedad transparente. Mientras cuece la cebolla, vuelvo a escribir pero debo haber apretado demasiado porque la punta del lápiz se rompe. Y sin querer un recuerdo se abre paso entre el olor picante de la cebolla.

Atzar
Sacapuntas y sonrisa

Cuando era pequeña mi padre afilaba mis lápices con el cuchillo. Cogía la punta y arrancaba virutas de madera, cortas, gordas y rizadas. Yo corría a hacerme con ellas. Estos pequeños trozos con pinta de haber sufrido mucho daño, habían sido apretados y acariciados por mis dedos  al  escribir y pintar mis cuentos.
Yo despreciaba al cuchillo por la masacre a que sometía a mis pobres lápices. Sólo le perdonaba cuando, bajo la atenta mirada de mi madre, podía afilar la mina. Al rascarla, sacaba un polvito negro que luego restregaba y emborronaba en el papel, convirtiendo mis dedos en lápices que dibujaban caras hechas de líneas gruesas y huellas digitales.

La olla hierve y al echar los macarrones se  han empañado mis gafas. El mundo se deforma, se vuelve de sombra. Las sombras vistas a través de las gafas empañadas son blancas, quizás porque se desvanecen en el acto. Con un pañuelo quito el vapor y dejo unas líneas en los cristales, como si el lápiz las hubiera escrito. Líneas negras en el papel y blancas en los cristales.
Las burbujas del tomate que se cuece en la sartén parecen bocas que gritan oooooohhh asustadas por el calor. Con cada grito estallan, lanzando puntitos rojos, pequeñas gotas de sangre ardiente que caen al suelo. Podría haberlas dibujado yo cuando era pequeña con mi lápiz con punta afilada con el cuchillo.

Los macarrones hervidos parecen lápices huérfanos de tinta, cortados al bisel con el cuchillo. Juntos forman una arquitectura incomprensible que el tomate se encarga de colorear. Añado el queso y deja de ser algo abstracto para convertirse en una comida de efímera duración.

Y tras desembarazar el cuchillo de la pegajosa cebolla hago lo que tanto rato tengo en la cabeza, afilo la mina y dejo el polvillo negro sobre el papel. Con mis dedos lo recojo y dibujo extrañas caras, que por arte de magia me transportan a mi infancia cuando mi padre me afilaba los lápices con el cuchillo y yo dibujaba caras en un papel.

10 pensamientos en “-Lápices y macarrones-

  1. Has puesto una sonrisa en la foto y en nuestras caras, con esos recuerdos pasados.

    Yo también he comido pasta, también tarde. Escribí antes, y leí después.

    Saludos.

  2. No puedes estar más cerca de ser una escritora cuando ya lo eres, y muy buena.
    Muchos recuerdos de la infancia en estos últimos textos, ¿no? Igual, me quedo con estos garabatos con el dedo grafitado antes que con las muñecas del terror.
    Saludos!

    • Últimamente los cuentos rebullen por mi cabeza sin tener mucho sentido, por lo que los recuerdos se escabullen mientras los otros se deciden a tomar cuerpo. Espero leer estos retazos de mi pasado y mi presente te sea al menos interesante.
      Gracias por el cumplido, intentaré estar a la altura.
      Salut

  3. Un relato lleno de ternura.Como siempre, con un nivel de escritura, espléndido.
    Hablas de algo para tí muy simple ” un bocadillo de anchoas ” si estuvieras aquí, y vieras lo que cuestan las anchoas, les dabas macarrones todos los días sin dudar !!
    Hasta pronto. Un abrazo.

    • Aquí las anchoas son bastante asequibles. Mi abuela solia preparar grandes botes, les quitaba las espinas y las ponia con sal durante unos meses. Luego las desalaba y las cubría con aceite. Eran una buena merienda, aunque daba mucha sed.
      Salut

  4. Poco a poco vamos conociendo cosas de tu infancia. A través de los macarrones en este caso, y del lápiz siempre bien afilado y preparado para abordar una nueva historia.

    Saludos.

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