-Jacinto y la bata-

A

 

Jacinto,  por su boda le han regalado una bata de andar por casa. Nunca ha tenido ninguna cosa igual. Le han regalado también cacharros para la cocina, electrodoméstico, floreros y martingalas que han hecho las delicias de las mujeres de las dos ramas que van a formar una sola. Pero especialmente para él, una bata que le dará el toque que todo hombre cabal y recién casado necesita.

La bata a Jacinto, le parece una prenda superflua, como un jarrón con agua para flores artificiales pero su novia, ahora su mujer, dijo que con ella parecerá un señor. Esto a él no le hace mucha gracia porque una bata no convierte a uno en un señor, ni un señor convierte a una bata en algo más que una prenda de vestir. La bata aunque sea de seda, bata se queda.

En bata por Barcelona

Jacinto trabaja de recolector, de alcachofas, lechugas, tomates, naranjas o lo que sea que esté dando las estación. Llega a casa cansado de arrastrar los pies por los surcos de las extensiones de verduras y solo piensa en quitarse los zapatos y estirar los pies. Es que los zapatos pesan lo suyo con la tierra que se le ha pegado a las suelas, una tierra recelosa de que se vaya a trabajar a otra parte y la olvide.
Tras sacudir el barro y asearse, Jacinto se deja querer por la apatía y por el dulce encanto de la contemplación sin hacer otra cosa que lanzar soplos al día para que se convierta en noche. Desde su boda tiene una obligación extra, arreglarse y ponerse la bata.

Durante el día la bata es como un pensamiento que no tiene mente que le de vida, está mustia, sin contornos y sin respeto. Pero al oír el tintineo de las llaves se agita y se despereza. Apenas la puerta se abre, un movimiento la sacude y ya es otra, una amante solícita que solo quiere envolverle entre sus brazos de mangas demasiado largas y acariciarle con sus hilos de falsa lanilla.
La bata suspira, le hubiera gustado ser un bata señor, con ribetes verdes y un cinturón que diera la vuelta y sobrara. Y ya que estamos tener un bolsillo sobre el pecho con letras grandes para guardar palabras con sentido común. Y un dueño que supiera qué hacer con una bata de ir por casa.

Jacinto en cuanto la ve deja salir un lamento, una queja aguada por el miedo a que mujer le oiga. Para él la bata es una prenda vulgar de cuadros y falsa lanilla con aspiraciones de algo más. Y resignado, se la enfunda como el que se calza un zapato incómodo o se pone una faja para parecer más delgado. Y se sienta a esperar que la oscuridad se lleve los colores y su visión de hombre con bata.

La noche descubre a Jacinto dormido. Su mujer a la derecha y a su izquierda, una bata de cuadros tirada en el suelo. Ha quedado hecha un montón deforme y cálido, como un perro fiel a la espera que llegue el día y un pie recién despertado se pose sobre ella y le regale su calidez.

14 pensamientos en “-Jacinto y la bata-

  1. Ignoro si la bata es una prenda condenada a desaparecer. Yo no es que no la use, es que no la tengo. Tal vez porque carezco también de esos momentos hogareños a los que se asocia esa prenda.

    La historia me ha hecho sonreír, pequeñas molestias por complacer a la persona amada. Le deseo toda la felicidad del mundo, pero, si me equivoco, adivino qué es lo primero que irá al cubo de la basura.

    Saludos.

  2. Carme.
    Qué tienes gracia, a no dudarlo. Buenísimo el relato.
    Pobrecito el señor de bata y mojándose, y además es o parece bastante mayorcito para recién casado.
    Te agrego, que esos cuadros tan grandes, parecen de frazada.Un horror de ” salto de cama “..
    Hasta pronto.
    Un abrazo.

    • La foto la hice en Barcelona y este señor por lo que deducí vivia en un cajero de una entidad bancaria. Y lo mejor es que tenía bata y todo, vamos que estaba como en su casa. Lo malo es que durante el dia no podia hacer uso del domicilio.
      Salut

  3. Me gusto esa imagen de la bata abandonada al lado del lecho esperando volver a la forma por la mañana. La verdad es que se ven pocos hombres en bata. Una pena.

    • Mi padre llevaba una bata que se cerraba con un cordón,a mi hermano y a mi nos encantaba, con él jugabamos a atar muñecos y convertirnos en indios o piratas. Es de lo que más me acuerdo de la bata.
      Salut

  4. Me encantó eso de “[…]Ha quedado hecha un montón deforme y cálido, como un perro fiel[…]”

    Esa imagen me ha hecho imaginarme sentado en una reposera al borde de una piscina inmensa, en el dilatado jardín de mi casa, tranquilo, leyendo el diario a media mañana, probablemente disfrutando de un habano importado. Llevo puesta sólo una bata finísima con mis iniciales bordadas sobre el bolsillito del pecho. Es verdad, la buena vida me ha hecho engordar, pero su tela es de tan buena calidad que aun ajustado con firmeza, el cinturón no me molesta. La casa es toda para mí. En el living suena el teléfono de línea, corro a atender y llego. Me encanta el suave roce de mi bata contra la piel. Tokio se ha desmoronado. ¿Cuánto? ¿Estás seguro? Mi corazón late a destiempo, mal. Subo a darme una ducha antes de partir. En el baño, agitado, desato y dejo que la bata se deslice primero al piso. Luego yo, encima. Ambos quedamos tirados, hechos un montón deforme y cálido que pronto se enfriará.

    Gracias por tus textos, Micromios, son tan estimulantes y divertidos que me dan ganas de escribir.
    Saludos!

  5. Tuve una bata hace chorrocientos años, fue la única. Era de toallita y tenia un cinturon con la que ajustaba. Recuerdo haberle dado el uso adecuado, ponermela después del baño y ver mi programa favortio en la sala de televisión. No recuerdo que fue de ella,. Hoy gracias a tu texto escrito con calidad , calides fino humorismo me la recordó… un abrazo rub

  6. seguramente el día que la bata pase a retiro, jacinto la va a extrañar como el recuerdo de sus años mozos, cuando creía que una bata no era la gran cosa. así pasa a veces con los objetos que llegan a nuestras vidas como quien no quiere la cosa.
    abrazo, carme

    • Los objetos acaban siendo parte de nuestra vida, incluso los extrañamos y nos entristecimos cuando algo les ocurre.
      Y los hacemos protagonistas de nuestras historias😆
      Salut

  7. Has exprimido y sacado bastante jugo a una bata y su dueño. Me gustó mucho la frase “sin hacer otra cosa que lanzar soplos al día para que se convierta en noche”, muy original. Siempre obtienes de una cosa ínfima una historia.

    Felicidades.

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