-Quería ser alta-

Y

o de pequeña quería ser alta. Me encantaba que me dijeran que sería tan alta como mi tía que era alta para ser mujer, como si las mujeres tuvieran una altura limitada y alcanzable mientras que los hombres podían llegar bien lejos en su altura de hombre que crece sin que nadie diga que es alto para ser hombre.
Yo sería como mi tía que era muy feliz y siempre andaba muy erguida sin tener vergüenza de su altura rebelde para ser mujer.
Mi tía bailaba fatal. Tenía unas piernas largas que acababan por arriba en un culo gordo y sin complejos y por abajo en dos pies peleados que nunca acertaban con el ritmo. Cada domingo llegaba al baile con su altura majestuosa e irreverente, oteaba el horizonte para buscar a mi madre que nunca bailaba pero que sabía llevar mejor el ritmo con sus piernas regordetas y sosas, para dejarle su bolso y los abrigos.
Apenas la orquesta lanzaba al aire su primera nota, mi tía con su altura y sus zapatos planos se lanzaba a la pista arrastrando a mi tío que se dejaba llevar como un niño, animado por la recompensa que le esperaba al llegar a casa.
Bailaban con desigual harmonía, mi tío llevando el ritmo y mi tía al compás de lo que en aquel momento resonara por su cabeza, coincidiera o no   con la melodía que tocaba la orquesta.
Yo no me perdía el inicio de sus bailes, los últimos los pasaba dormida sobre la falda de mi madre que no era muy alta y tenía unas piernas gruesas, de muslos fofos que se hundían bajo mi cabeza como un almohadón de plumas. El ritmo acompasado de sus pies era como una mecedora que me acompañaba en sueños.
Antes de dormirme, miraba a mi tía tan alta y pensaba que aunque mi madre tenía las piernas mullidas yo prefería las de mi tía, largas y sin ritmo.

Camp de Mart-Tarragona

Al acabar el baile mi madre movía las piernas con un ritmo más seco y desacompasado que unido al silencio de la orquesta, me despertaba. Y ante mis ojos, aparecía mi tía que ya no tenía la altura tan elevada por el cansancio de tanto baile sin ritmo y por su afán en alcanzar a mi tío.
Porque mi tío era bajo para ser hombre. Los hombres tenían altura ilimitada pero había un límite tras el cual eran bajos para ser hombres.
En el ideal de pareja la altura era dejada para el hombre. Una pareja de dos altos era digna de admirar, dos bajos era simpática pero si la mujer era más alta, relegaba al hombre a un lugar de hombre que no está a la altura por muy alto que sea, porque su mujer es más alta.
Mi tío era amable, regordete y bonachón, de una calma relajante que daba ganas de acariciarle como al osito de goma que me habían traído los reyes. Lo mismo debía pensar mi tía que desde su altura lo miraba con ojos golosos y no perdía momento de pellizcarle con sus manos de dedos largos.
Los vecinos siempre atentos a ver como podían destrozar lo que funcionaba con la mala intención de ser buenas personas, no dejaban de remarcar la diferencia de altura y lo felices que eran a pesar de ello.
Mi tía no les oía desde su altura de mujer alta y feliz de serlo, pero mi tío se sentía cada vez más bajo sin haber perdido un centímetro. Su espalda se dobló por el peso de las veces que escuchaba que no hacían buena pareja. Su brazo esforzado en llegar a los hombros de mi tía se dejó caer y ya no los rodeó, su piernas tan alegres y llenas de ritmo se cansaron de bailar y decidieron quedarse sentadas junto con las de mi madre y llevar el ritmo al compás.
Mi tía siguió bailando. Su ritmo desacompasado no era problema, su altura y su culo gordo junto con sus ganas, la hacían más que atractiva para cualquier bailarín más alto que ella.
Un domingo se largó con un trompetista alto y con ritmo tropical dejando a mi tío solo con su altura de hombre que no es alto para ser hombre.
Y se acabó el baile. Mi madre que no bailaba se negó a sentarse a esperar que le dejaran el bolso y mi tío se negó a bailar sin su pareja desacompasada.
Los días pasaron y dejaron unas canas tristes en mi tío y unas piernas largas en mi cuerpo. Una mañana con ganas de hacerse notar nos devolvió a mi tía. Yo la encontré menos alta, mi madre más delgada y mi tío más alegre. Cada uno proyectaba en ella sus realidades.
La alegría se mezcló a medias con el reproche y el perdón. El olvido no llegó a ser olvido del todo, se quedó tapado con una gasa transparente que recordaba que estaba allí pero latente como una enfermedad que puede reaparecer en cuanto se descuide la terapia.
Y volvió la normalidad de una pareja que convivía con su reciente pasado, su rápido presente y su resignado futuro de pareja con altura dispar. Pero ahora era a mi tío a quien no le importaba si era mi tía más alta. El tiempo no nos hace ni más altos ni más listos, sólo más resignados.
Aquel año las notas de la primera canción llenaron la pista, aunque no fue mi tía quien abrió el baile, sino otra pareja de estatura distinta pero aceptable a los ojos de los demás. Mi tía se quedó para siempre sentada al lado de mi madre y de mi tío llevando los tres el ritmo con los pies de las melodías que la orquesta se empeñaba en tocar.
Y yo ya no quise ser alta.

17 pensamientos en “-Quería ser alta-

  1. Esta entrada de ‘blog’ es muy alta para ser una entrada de ‘blog’.

    Usas expresiones que me llaman la atención (positivamente) como la frase “Una mañana con ganas de hacerse notar nos devolvió a mi tía”. Curiosa forma de decir que volvió.

    Los bajos suelen envidiar a los altos, pero lo excesivamente altos tampoco suelen estar contentos con su estatura.

    Saludos.

    • A lo mejor si que es un poco larga pero tenía mucho que contar.😮
      Tienes razón con lo de que lo de la envidia pero suele agravarse si el excesivamente alto es un mujer.
      Salut

  2. yo tambien tuve ese problema, siempre quise ser alta, pero me bastaba con mirar a mi alrededor para saber que si eso hubiera pasado hubiera sido fruto de alguna anomalia genetica.
    me gusto mucho el relato, esa tía tan alta y tan despreocupada de su altura, y esa reflexion acerca de los limites del tamaño, es cierto y no lo habia pensado, limites hacia abajo y hacia arriba segun uno sea hombre o mujer.
    pero me hubiese gustado que tus tios hubieran seguido con su baile, sin fijarse en los demas.
    abrazo!

    • Creo que todas queríamos ser altas.
      Lo de la altura en el hombre era importante, incluso había actores que actuaban sobre un cajón para que se viera que eran más altos que la actriz, en las escenas de plano corto.
      Salut

  3. Yo soy alta para ser mujer. Mido 1 metro 80 cms. Cuando tuve 12 años me comencé a sentir extraña porque ya era más alta que mi mamá. Y seguí creciendo, pero fue hasta los 20 años que alcancé comodidad con mi altura. Aunque no te niego que siempre es difícil esto de encontrar pantalones largos en un país donde las mujeres son bajitas… Puedo decir que a mis 26 años me gusta tanto ser alta que incluso estoy comenzando a usar tacones, me hacen sentir envidiablemente sexy😉 Saludos y gracias por este post!

  4. No tengo muchas conocidas con esta altura, pero siempre he admirado las mujeres altas. Y me alegro que decidas usar tacones, los zapatos rojos de tacón de aguja son uno de mis sueños, me paso horas mirándolos.
    Salut

  5. Cuanto daría hoy por tener esos muslos como almohadón de plumas. Dormir en esa mecedora.
    Volví a la infancia, cuando era largilucha, y tenía a mi madre.
    Gracias , las doy por la calidez que uno recibe al leerte.
    Continúa..Hasta pronto..

  6. Lindísima, realmente -y no importa lo larga que sea, con menos no habría sido la tan buena entrada que es-. Lindo juego que hacés con las aspiraciones y los deseos, las imposibildades propias e impuestas por los otros. Machismos y miedos, limitaciones. Mezclada al punto, con algo de nostalgia.

    Por cierto, de carajillo quería ser moreno y tener el pelo lacio -imagináte vos-

    Y una mujer alta… ¿qué te diré? En un país de bajitas es como una perla negra, más que yo soy muy alto para ser hombre… de este país.

    Pura vida, Micro

  7. Buen relato, como siempre. Todos podemos tener en mento algún que otro presidente de grandes naciones que siempre intentan hacerse la foto en alguna escalera para quedar a la altura de los demás, en un escalón más alto. Es parte de la condición humana. Siempre ha sido así, y siempre lo será.

    Bonita historia. Me quedo con el final: cuando uno se redime de algún error, luego cede algo de su soberanía. Como es el caso de la tía. Perdió algo de espontaneidad en su vuelta.

    Un abrazo.

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