– Mundos paralelos-

E

 

l prisionero observa el cielo a través de la ventana.
El sol ilumina la calle que reluce feliz con los colores de las hojas de los árboles. Las personas pasean, algunas con cierta prisa. Los niños toman helados que se derriten por sus manos, como si quisieran escapar de la lengua voraz. Los pájaros no pueden volar más alto ni hacer más piruetas.
Con desgana deja la ventana, coge un lápiz y hace una cruz en el calendario monocolor que no distingue fiestas. Sólo faltan tres meses.
Y acaricia el trébol de un llavero vacío.

El oficinista observa el cielo a través de la ventana.
El día es espléndido y las palomas lo aprovechan para arrullarse. Una tórtola monótona no sabe si está feliz o se queja de alguna injusticia. Los coches se detienen con prisa en el semáforo. Un ciclista casi atropella un transeúnte despistado y entablan una batalla dialéctica que acaba en nada.
Se sienta tras es escritorio y hace una cruz en el calendario con las fiestas perfectamente señaladas. Tres meses y sueña.

Món paral·lel- Mundo paralelo

Carrer de Barcelona

El prisionero sale al patio a tomar el sol.
Le duelen los ojos acostumbrados a la penumbra de la celda. Mira las nubes que viajan deprisa hacia cualquier lugar, pero lejos de aquí. Quien sabe si convertidas en lluvia refrescarán otras ciudades, otras calles, otros suelos y mojarán otros pies. El banco donde se deja caer tiene una madera suelta. Le molesta, quizás porque tiene libertad de irse al suelo en cuanto se mueva mucho. El sol también se va. Guarda el llavero.
Hora de entrar.

El oficinista mira por la ventana.
Observa el coche que ha pasado al límite del rojo. Es el último modelo. El más elegante. El más rápido. El más caro. Sólo tiene ojos para imaginar el coche. No oye más que el motor rodando hacia el infinito. Se sienta y nota la dureza de la silla. Seguro que los asientos del coche son mullidos. Con la mano acaricia la mesa, con la mente un cuero blanco y suave.
El reloj le avisa que no es la hora y se vuelve a la pantalla que vomita números inodoros e insípidos.

Tres meses después.

Por la puerta de la prisión sale alguien que mira el cielo y respira como si hubiera pasado meses sin hacerlo. La ropa se ve algo pasada de moda. Los zapatos, brillantes y nuevos. No hay nadie que le espere pero le da lo mismo. Hace tanto que no ve a nadie que se le borraron los recuerdos y piensa que mejor, así se consigue otros más fáciles de domar. Se da la vuelta y le lanza un beso de judas, un beso de compromiso, un beso de fregarte la boca.
Acaricia el trébol del llavero.
Y se va con un hasta nunca recién recordado.

El asiento del oficinista está vacío. Hace días que su mesa acumula el polvo bajo la revista Solo motor. La foto ampliada de un coche último modelo y números, muchos números. Y un plan, una idea repetida en papeles: Conseguir el dinero. Mucho dinero. El suficiente para ser libre.
Y un membrete. Ministerio de justicia.

A través de la ventana un prisionero observa sin ver.
Sueña con el coche rojo que dejó. Es el último modelo. Su pasión. Por él está aquí pero en cuanto salga volará libre, hasta que no haya horizonte. Maldita suerte. Era tan fácil. Nadie tendría que haberse enterado. Con desgana coge un lápiz y hace una cruz en el calendario que no distingue fechas junto a un póster con un coche que se pierde en el infinito.

Un oficinista limpia un escritorio.
Coge una foto, buen coche piensa. No tira la revista Solo motor ni la foto, las guarda en el último cajón. Quién sabe. Las tórtolas suenan monótonas, sin decidirse entre la feliz aceptación o la queja reiterada. El sol es solo una imagen a través de la ventana. La gente va y viene pero él está encerrado. Mira el coche apresurado en el semáforo mientras acaricia el trébol de su llavero donde relucen varias llaves.

14 pensamientos en “– Mundos paralelos-

  1. Dos mundos paralelos que se cruzan e intercambian sus destinos. Me gusta como has descrito de forma muy ingeniosa la delgada linea que separa el bien y el mal, delgada linea que todos podemos franquear en un momento dado.
    Un saludo,

  2. Molt bo aquest relat de dues persones que intercanvien els seus destins. M´ ha agradat la descripció del sentit de llibertat diferent per a cada persona.
    Les claus ?, potser són una simbologia de què cadascú tenim les claus del nostre propi destí ?.
    El concepte de llibertat, lligat al destí ?…..Està simbolitzat en el vol del ocell, amb el dilema de quiexa o acceptació. I la doble cara de la llibertat , i el seu preu ?.

    Preguntes…., preguntes, i més preguntes , però la literatura ens fa el regal d´ activar la nostra imaginació.
    Gràcies.

  3. Realmente has sacado partido a esta imagen en espejo que parece narrar dos vidas iguales y distintas. Un ejercicio interesante que muestra como puede cambiar una vida si se traspasa una simple línea.. Un saludo

  4. Dos vidas paralelas que quién sabe si se llegan a encontrar algún día en una oficina o en la cárcel, o en un semáforo. La vida da muchas vueltas…

    Muy buen relato. Felicidades.

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