-En la cola del supermercado-

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ras comprar un paquete de galletas de chocolate, leche descremada y una barra de pan, de aquellas tan largas, voy a pagar. Tres colas. La A con seis, la B cuatro y la C diez personas respectivamente. No mucho que pensar.
La fila A parece ser la de modestos funcionarios plantados en la certidumbre de que ni lo bueno ni lo malo merece la pena si uno tiene plaza fija. No me inspiró confianza.
Yo quería ponerme en la B pero sé que es una trampa para incautos, que piensan que irá más rápido por haber menos gente. La señora que va segunda mira al personal como diciendo que ella ya se encargará de ralentizar la fila con tanta garrafa de agua y paquetes de fideos finos, también llamados de cabello de ángel.
Me quedo rezagada en la C por culpa de un señor que no conozco, un tal Murphy. Es una fila tranquila, la de gente resignada a llegar tarde. No son emprendedores como la cola B, que no tiene tiempo ni ganas de perderlo porque les espera un mundo ahí fuera.
Tras tres pitidos, la caja registradora se abre y sin darme cuenta me veo tras una fila de sólo cuatro personas. Un fenómeno extraño, he dado con gente que va a comprar una barra de pan en grupos de dos. Mi fila ha tomado la delantera. Las personas de las otras filas me miran con odio, no puedo haberlas adelantado estando en la fila de los resignados a llegar tarde.

Cola del pan- Edfú

Las primeras quejas se dejan oír. No es justo que la gente vaya a comprar en grupitos sin manifestarlo a los que estaban haciendo cola para saber a qué atenerse.
Y yo con mi compra a punto de llegar a la meta. Los que me preceden apenas si llevan unos yogures y unos cartones de vino. Saco la cartera.
Cuando creo alcanzar la gloria, el tercero de la fila B salta la barra protectora e invade mi espacio. Hay un conato de pelea con el segundo, que se ha quejado de la falta de ética al robar un puesto que no le pertenece. El usurpador alegando que estaba antes y que le duele la pierna ortopédica se sale con la suya. A una señora se le empieza descongelar el pescado y pide pasar, el señor que creyó que estaba en la fila equivocada también se cuela. Sin que me haya dado cuenta me han relegado hasta el quinto puesto.
Pero como todos están en mi fila que ahora es la rápida, la de los aventureros apresurados, la cajera de la cola B se queda sin nadie, salto la barrera y dejo mis paquetes en el mismo momento que pone el cartel de caja cerrada.
Me voy a la fila C, soy la diez, en la A hay 6 personas. Sin saber cómo mi fila ha avanzado y me coloco la tercera ante la mirada furiosa de la otra fila que ve que paso delante. No me dejo intimidar y sacando mi barra de pan, le arranco la punta de un mordisco y amenazo con cargarme al primero que se salte la barrera

24 pensamientos en “-En la cola del supermercado-

  1. Muy buena idea esa de organizar varias filas para lo mismo. Me gustó lo de apuntar a la gente con la barra de pan. Genial.
    Saludos

  2. Muy bueno!! Las carreras mentales, la competencia sin palabras, en el semaforo, en la autopista, en las panaderias, charcuterias, para pagar una factura… son un mundo, un mundo de sufrimiento pequeno y silencioso ante la buena fortuna, que siempre es de otros.
    Un abrazo

  3. este murphy tenía que haber visto las colas de los supermercados para ver satisfecha su confirmación acerca de las leyes.
    es fija, te pasas a la cola con menos gente y se para, lo mismo pasa en otros ordenes, como carreteras, la que va rapido se detiene cuando vos te mandás ahí, claro que siempre se debe a que otros piensan en lo mismo que uno.
    divertido relato.
    abrazo

  4. Fenómenos como el caja cerrada son desmoralizantes. Lo del tipo de la pierna ortopédica, vaya y pase, pero la del pescado es inadmisible.

    Me tocó estar un día en el súper en una caja rápida (15 unidades) y al llegar a la caja que me “advirtió” la cajera porque el pack de 6 gaseosas se considera como 6 unidades y no como 1. Me había pasado… Entonces, le pregunté a la cajera si podía pasar con un paquete de fideos para sopa o si se consideraban miles de unidades. Ella no me entendió, pero la gente casi me mata.

    Me voy a Carrefour a tomar el tiempo a la caja en las siguientes situaciones (varias veces, para promediar). a) elegir la cola más larga y no cambiarse; b) elegir la cola más corta y no cambiarse; c) saltar siempre a la cola más corta. Si no me ven por aquí en varios días, ya saben dónde estoy.

    Saludos!!

    • En las colas del Carrefour se le ocurren a alguna (yo) historias mientras el señor Murphy se rie de las colas que avanzan porque los que hacian cola se van a las otras que por este motivo van más lentas.
      Salut

  5. Por estas cosas yo creo firmemente en las casualidades. En ocasiones me dicen que soy un poco rebuscado. Cuando cuento alguna anécdota, ya cambian de opinión. A partir de ahora, en las cajas pondré las manos en los bolsillos y sacaré los codos para coger posición. Así evito malas tentaciones.

    Saludos.

  6. Tu relato me convence más en que mientras más se anhela algo, menos se cumple.
    Una historia con ese saborcito a lo Micros, inconfundible, divertido pero que, al menos a mí, me deja pensando.
    Un abrazo. Un gusto leerte, siempre

    • Es cierto, cuanto más deseamos una cosa más inalcanzable aunque la cola del super lo que hace es que no solo nos parece lejano sino que los que van por la otra llegan antes.
      Salut

  7. Lindo y gracioso relato de lo cotidiano. Lástima que estuviera sola, me hubiera gustar estar con Ud. charlando en grande, mientras nos equivocábamos juntas para ver cual de las colas es más corta o la que va más rápido.
    Saludos. Hasta pronto.

  8. Tan real como la vida misma, me he visto retratada espiando las filas a ver cual avanza más rápido, esperando ser la más lista, elaborando estrategias para, al final, quedarme la última en la cola! Muy divertido.
    Un saludo,

  9. jejejejeje, mi novia dice que yo tengo una habilidad especial para elegir la caja registradora en la que más se tarda, de modo que este relato me lo tomo como algo personal, con toques absurdos incluidos

    salut

    • Mi marido nunca acaba en la primera caja que se ccolocó, y en el noventa por ciento de los casos saldríamos más pronto pero él se empeña en ir saltando de caja en caja para buscar la mejor fila como el que busca el mejor precio.
      Salut

  10. ¡Qué horror las filas! Yo que no soporto esperar. Algunas veces ando la buena suerte de llevar un libro y distraerme leyendo. Otras casi termino mordiéndome los codos del aburrimiento

    -y si se trata de servicios públicos son algo así como el absurdo llevada a la milésima potencia. Recuerdo una imagen que vi no sé en dónde,se ve una sala de espera y dos tipos. Uno, que parece muerto, le pregunta a otro que igual parece muerto “y bueno, ¿cuándo llegamos al infierno?”. El otro responde “ESTE es el infierno”-.

    Pura vida Micro

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