-Mi Papá Noel-

Un relato de Navidad que he escrito con mucho gusto por sugerencia de Anne y que varios bloggers se han unido a la iniciativa.

C

 

ada año me interesa menos celebrar la Navidad y más recordar qué feliz era cuando las lucecillas de colores que el ayuntamiento colgaba de balcón a balcón, se encendían. No es que no me guste, pero creo que la Navidad es una fiesta infantil, para soñar que una estrella se colocará encima de tu casa y atraerá a Papá Noel o a los Reyes cargados de regalos.
Yo era la más veleidosa de las niñas, la más entusiasta y la que pensaba que la Navidad era la mejor época del año, y que cuando llegaba el verano también creía que era la mejor época del año e incluso a veces en marzo también pensaba que era la mejor época del año. En fin que la Navidad solo era especial en Navidad y que en cuanto los días de fiesta y turrón se iban, no me echaba a llorar.
Mis recuerdos están llenos de momentos felices y de otros que no lo son y sin embargo están ahí arañando el subconsciente para que no los olvide. Por esto cuando llega la Navidad aparece con fuerza el momento en que toda la familia salía a la puerta a recibir a mi tío Enrique, que vivía en Francia exiliado. Había jurado no volver hasta que el dictador muriera o se largara. En aquella época no tenía ni idea que significaba ser un exiliado, pero sonaba a algo que se dice en voz baja, entre la admiración y el miedo.

Arbol

Mi tío era un hombre a rayas torcidas que no se decidía a ser de aquí ni de allá y que subía y bajaba de renglón sin escoger entre el capital o el proletariado. Hecho que lo hacía vulnerable y a la vez descontento con el mundo y consigo mismo.
Tras vivir tanto tiempo en Francia se había construido otra vida con Madame y había adquirido la nacionalidad francesa. Madame fue la primera palabra francesa que aprendí aunque en realidad se llamaba Angelique pero no debía sonar demasiado francés y todos decidimos llamarla Madame. Era alta, con el pelo lacio que le llegaba más allá de los hombros y que llevaba suelto y brillante. Verla con el pelo suelto era para muchos, señal de mujer con posibilidades de hacerles soñar. Mi tío la llevaba al pueblo para echar a muchos en cara que el ser rojo y exiliado tenía sus ventajas.
Yo creo que no quería volver porque cuando llegaba a pasar las navidades podía desencadenar la envidia de toda la familia contando hazañas que a todos les hubiera gustado vivir y que probablemente inventaba durante todo el año para poder sacar pecho ante los parientes en sus visitas navideñas.
El día 24 llegaba puntual con su Citroen “tiburón” que ocupaba toda la calle aunque el espacio se reducía a delante de la puerta. Todas la gente del barrio, familiares, amigos y curiosos se congregaban alrededor del coche sin permitirle casi abrir la puerta.
En cuanto conseguía bajar, entraba en casa recibiendo golpes y besos de parte de toda la parentela que antes lo había estado criticando por haberse quedado tantos años en Francia y sentirse casi más francés que de aquí, con lo bien que se vive aquí y lo fabuloso que es todo lo nuestro. Mi tío desoía las críticas que se habían quedado rezagadas y perdonaba y sonreía con aire de cura bonachón.
Apenas tenía tiempo de descanar que ya sacaba las bolsas que todos, incluidos aquellos que le criticaban por haberse vuelto extranjero, estaban esperando. Paté del bueno, vino de Burdeos, una vajilla duralex, muñecas con vestidos elegantes, soldaditos y pelotas de cuero y hasta unas revistas “picantes” para el vecino soltero. Todos estaban encantados con los regalos que les traía.
En los últimos años, empezó a traerme libros que decía debía leer y que era muy difícil, casi imposible, conseguir por aquí. Aún recuerdo con cariño cuando me regaló “Réquiem por un campesino español” y un libro en ruso que nunca he sabido de quién era ni que decía pero que conservé hasta que una mudanza me lo arrebató.
Unas navidades especialmente generosas le comenté que siempre traía muchos regalos y nosotros no le dábamos ninguno. Dijo que él era más feliz dando que recibiendo regalos y que el mejor regalo que podrían darle era sobrevivir al dictador. Y lo consiguió, murió el invierno del 75.
Cuando llega la Navidad y los recuerdos se esparcen por el árbol pienso que tuve mucha suerte, pues conocí al verdadero Papá Noël.

50 pensamientos en “-Mi Papá Noel-

  1. Un relato que describe con mucha ternura a un papá Noël muy humano.Un relato que ahonda en la personalidad del que regala con tanta generosidad.Como francesa me ha hecho gracia la descripción de la mujer del papá Noël! Unos recuerdos preciosos.
    Un saludo y feliz Navidad.

    • La verdad es que luego de escribirlo caé en la cuenta que eres francesa. La mujer la ideé con todo el respeto por las mujeres francesas.
      Gracias por invitarme a participar en esta nueva colección de relatos escritos.
      Joyeux Noel
      Salut

  2. Pingback: Noche no tan buena. « Blog de relatos y otros escritos intimistas | Por Anne Fatosme

  3. Micromios, gran historia. Nos acerca más a la persona detrás de los “micros”, je. Me gustó particularmente la cuidada nostalgia y la mirada todavía aniñada sobre el tío, aquel rojillo, que le imprimen al relato mucha realidad.
    Buena suerte y más que suerte!

  4. Pingback: yinguelbels. « no entiendo nada.

  5. Pingback: Navidad a dos voces « Testigo

  6. Gracias, por este regañlo que nos haces, efectivamente un verdadero Papá Noel de carne y hueso, como debe ser. Según iba leyendo mi emociñon aumentaba, me hacías recordar aquellos tienpos grises y difíciles, esa sociedad que nos originó el dictador, al que afortunadamente pudo sobrevivir tu tío. Creo que, aparte del magnífico relato desde el punto de vista literario, es un homenaje a un hombre en tiempos difíciles. Hoy le hemos conocido muchos gracias a ti.

    Un abrazo.

  7. Con tu cuento me has hecho volver a mi infancia de parientes exiliados en la misma Francia y que nunca más volvieron. Era cierto, cada vez que nos hacían una visita los recibíamos como los parientes ricos que proclamaban. Yo recuerdo especialmente los perfumes en tarros diminutos que mis tías nos traían con un gusto que a nosotras nos parecía lo más.
    Me ha gustado tu historia precisamente por eso, por el toque nostálgico que has utilizado.
    Abrazos.

  8. Micros, qué cosa más hermosa. Qué cuento más bonito. ESE es el verdadero espíritu navideño. Todo lo demás es marketing, Hallmark y demases. No dejemos que nos arrebate a este Papá Noel.
    Un gran abrazo y feliz Navidad

  9. Pingback: Regalos de Navidad « Concha Huerta – Arte y cultura

  10. Que relato tan emotivo que compartes con nosotros. Me habría encantado conocer a este Papa Noel tuyo. Cuanto valor tienen las imágenes que se nos gravan en la infancia y que siempre nos acompañan. Estoy segura de que donde quiera que este tu Papa Noel sonreirá al leer esta entrada. Un saludo cariñoso y felices fiestas.

  11. Pingback: Cena para una Noche Buena « Historias ciertas y otras no tanto.

  12. Bonita historia y muy entrañable. Se asoman recuerdos de aquella época que ya queda tan lejana, más que por el paso del tiempo, por la diferencia tan abismal en la forma de vida y de valores. Gracias por compartirla.

    Felicidades (dicho esto con doble sentido). Saludos.

  13. me encanto, carme, muy tierno, muy sensible. al principio pense “pero si la navidad y el verano son lo mismo”, pero al instante recorde que estás del otro lado del globo. aca, los papa noel sudan la gota gorda en sus trajes de invierno con mas de 30 grados de calor, lo cual hace doblemente meritorio el sacrificio. creo que los que estamos aqui abajo nos merecemos un papa noel surfer, en musculosa y bermudas. y ya que pedimos, que sea musculoso y bronceado!
    un abrazo y felicidades, aunque tambien seas de los que mucho no festejan la navidad.

    • Oye esto del papa noel surfer, sin barriga y con bermudas hace que a una le vuelva a entrar la vena navideña.
      Déjame comentarte otra vez lo que me reí con tu relato y lo bueno que es, con todo el lenguaje y modismos de barrio.
      Te deseo el mejor año para el 2011
      Salut

      • claro, y a quien no le darían ganas de festejar así!
        gracias carme, me parece que cada vez que hacemos esto sacamos las mejores cosas de nosotros, deberíamos instaurarlo periodicamente, para incentivarnos.

  14. Sabe me hubiera gustado tener un tío así. Y lo mejor con regalos para navidad.
    Emotivo relato, de la niñez, que recuerda siempre esos momentos tan hermosos.
    Feliz Navidad.
    Un abrazo, desde aquí-
    Con 32 grados.. a la sombra…

  15. Pingback: Destino « Zambullida's Blog

  16. ¡Qué relato conmovedor! Hasta se me escapó una pequeña lágrima. Yo tuve un tío muy parecido en esencia. Aún vive. Cuando yo era niño era como un Papá Noel todo el año. Qué se le va a hacer… a veces ni la magia de las navidades pueden evitar que las familias se atomicen. Y mi abuelo paterno, al que no llegué a conocer, también ofició de tío exiliado por culpa de aquel dictador.

    En este rincón del planeta pasamos las fiestas con no menos de 30 grados. Es muy curioso ver cómo se derrite el asfalto y, al mismo tiempo, cómo en nuestras cabezas la nieve que lo cubre es inderretible; o cómo se nos da por atacar frutas secas, turrones y demás delicias teracalóricas. Transpiramos como verracos en pleno trabajo y, es verdad lo que dice g.: pobres de aquellos a los que les toca ponerse el disfraz y la careta y cargar las bolsas de Papá Noel.

    Un beso grande y muchas felicidades!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    • Vaya sorpresa que tu abuelo también fuera un exiliado, espero que no hubiera nacido por la zona de Cataluyna que igual tenemos algún parentesco😆
      Te deseo la mejor de las Navidades
      Salut

      • Exactamente, micromios, era catalán. Tuvo que escapar junto a sus hermanos. Cruzó de España a Francia vaya a saber por dónde, y ahí los tres se colaron en un barco rumbo a América. Por suerte o por desgracia, terminaron en Argentina.

        Saludos!

  17. A mí el cuento también me ha atrapado y no sé por qué pero se me han saltado las lágrimas. Supongo que esto para ti será una buena señal. Me da la impresión de que has acertado con el cuento. Enhorabuena.

  18. También creo que la Navidad es una fiesta infantil, pero intento ser niño otra vez por estas fechas. A veces lo consigo y en otras no. Tu relato es excelente y me emociona, es una gran historia llena de amor y recuerdos. Mi vocación de cineasta me dice que es una idea magnífica para un guión de cine.
    Desde este puerto en el Golfo de México recibe un abrazo afectuoso y los deseos de que siempre Papá Noel esté presente en tu vida. Felicidades !!!

    • No había pensado que podría ser un guion de cine, pero me ha gustado que lo dijeras.
      Te devuelvo el abrazo y te envio los mejores deseos. Ah, y que puedas volver a ser el niño que disfruta de la Navidad.
      Salut y feliz Navidad

  19. En mi familia hubo un tío parecido del que llegó a decirse que era espía. Lo cierto es que aparecía de tanto en tanto con su carro y regalos, tal cual, soltero y de trato afable y alegre.
    Murió en la carretera, un trágico accidente.
    El tío Carles

    Que cosas.
    Bones, Bones, Bones, Festeeeeeeeeessss per tu i els teus

  20. Pingback: * tres pollos y un lechón (una historia de navidad) « c u e n t o * c h i n o

  21. Pingback: Relato de Navidad « Arma de Casa

  22. Pues ahora tu tio Enrique es un personaje que habita mi mente. Al escribirlo has hecho un bello homenaje a alguien que te marcó. Muy buen relato, me a gustado mucho.
    Felicidades!!! disfruta las fiestas como si tu tio llegara con sus regalos.

  23. Me ha encantado, especialmente esta frase: “Mi tío la llevaba al pueblo para echar a muchos en cara que el ser rojo y exiliado tenía sus ventajas.”

    Y eso que yo reniego y reniego de esta fecha. Pero es que vos sí que tenías motivos para celebrar.

    Saludos y feliz solsticio

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