-Una gran albóndiga-

Q

 

ué esperas encontrar en un plato de sopa? No hay nada que valga la pena sacar a la superficie con la cuchara y darle una segunda mirada.

Hay días en los que el mundo se me hace un lugar borroso por mucho que el sol se empeñe en permanecer activo. Un lugar orondo y oscuro, con grandes O redondas que él descarado imita para que todo dé vueltas. Un mundo que no me apetece mirar cuando camino sin nada que ver.
Me gustaría que en los días en los que el mundo es oscuro y los balcones borrachos de lluvia se llenan de flores, el mundo no fuera una O.

Piedras- Balaguer

Cuando esto ocurre, quiero gritar que el mundo quizás no está hecho para el hombre pero sí que el hombre está hecho para el mundo. Y que a pesar de ello, estoy dispuesta a formar parte como las hojas de los árboles que no pueden detener su inminente caída pero que se alegran de haber estado colgadas. O como el asfalto que preferiría ser rojo como la sangre y sentirse una arteria rabiosa pero se enamoró del negro caucho de bicicletas y coches.
¿Por que lo llamamos mundo? ¿De dónde sale la palabra que ha desbancado a la tierra, el planeta y la sustancia? Mundo habitado por humanos como si el resto de los millones de seres no tuvieran nada que decir. Maldito mosquito que da vueltas hasta que chupa mi sangre y me regala un bultito, un mundo diminuto de picor, sin embargo tiene voz y voto en la comunidad de habitantes del planeta que ya se llama mundo y no tierra.

Hoy me hubiera apetecido comer otra cosa, la sopa con redondos enemigos que se escurren por los bordes del plato me hace pensar  que el mundo flota en el universo como la albóndiga que nada en medio de la sopa y que no me pienso comer.

26 pensamientos en “-Una gran albóndiga-

  1. Hola micromios. Hoy estoy sin inspiración😦 No quería dejar de felicitarte por este texto, que me ha movilizado a pensar cosas que no comprendo y que, por suerte, se niegan a abandonar el cerebro. Quizás sea mejor así. ¡¡Volveré!! Saludos grandes.

  2. Para mí que te has levantado con el mundo cruzado como yo que me levanté con el pie izquierdo. ¿Sera que estamos en una alineación de planetas? ¿Seremos títeres del universo? Un saludo.

  3. Hola.

    Me identifico con este canto de rebeldía.
    La metáfora con la prosaica albóndiga y la sopa, es muy plástica.

    Por suerte , creo que existen muchos e infinitos universos, y los más interesantes, entre los que se encuentran la rebeldía, capacidad de decir no, y la creación , se encuentran en uno mismo.

    Necesito un universo de descanso…….

  4. Ay las albóndigas, esas viejas conocidas que tantos platos acompañan, pelotas de carne misteriosa, comodín de la guarnición. Moldeadas con el cariño de una madre o con el odio del cocinero de un menú barato. Esos pequeños planetas marmoleos con secretos internos que de tantos apuros sacan a los platos escasos. Bolas de carne y.. ¿? Ay las albóndigas, esas viejas amigas…

    • A mi solo me gustan a veces, pero no con la sopa.
      Si te digo la verdad siempre me han parecido cabezas monstruosas. Cuando veo alguna película en la que le cortan la cabeza a alquien, veo rodar la cabeza como una gran albóndiga.
      Salut i sense baixar de l’autobús 0-3

  5. ¡Volví! Creo que después de la primera lectura se me había producido un cortocircuito mental porque, la verdad, a mí me fascinan las albóndigas. Aquí aparecen en la sopa recreando constelaciones diversas por obra y gracia de la cuchara. No pierdo de vista, sin embargo, que para ellas el caldo es un solvente tan agresivo como el viento solar. Su superficie se torna blanquecina y blanda, por lo que a menudo quedan a un costado del plato, intactas. Por suerte, muy diferente resulta la suerte de un plato de arroz amarillo con albóndigas, donde Capricornio es Capricornio, Tauro es Tauro y la desaparición de cada una de ellas se festeja como el descubrimiento de un nuevo agujero negro. Y hablando de constelaciones, al asociar ciertas palabras leídas al azar como, por ejemplo, bolas de carne, bultito y picor, no pude dejar de pensar en Cáncer. ¡Saludos!

  6. Me encanta la sopa en invierno. Me abriga por dentro. Me gusta, espesa con mucho color e infinidad de verduras. Por aquí, no se come con albóndigas. Esas grandes enemigas del hígado, y amiga de las fondas. Todo va a dar a ese extraño picadillo. Las susodichas son los momentos malos como los tenemos todos, mucho condimento, grasa, y sabor engañoso. Hay días que se parecen a lo que has descripto, círculos concéntricos, donde uno se mete y no ve la salida.
    Hasta pronto. stella.

  7. 🙂 Buenísimo [aplausos] No digo más porque no se puede decir más, excepto:

    a mí sí me gusta la sopa de albóndigas… ¡especialmente en salsa! Jajaja

    ¡Pura vida!

  8. Poco puedo agregar a lo mucho que te han dicho en los comentarios que precedieron, tal vez, que tu texto se lee con rapidez, que me gusta la claridad y bueno todos tenemos días de estos, circulares, donde la imaginación se viste de sombra, pero no deja su esencia. Un abrazo Rub

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