-El gánster-

Subió ausente la escalera. Abrió la puerta del cuarto y encendió una tímida lámpara apenas unos rayos para no mostrar la sordidez de la estancia. Ya le parecía bien, lo que había por allí tirado, era lo que dejaría atrás en cuanto se decidiera a buscar nuevos aires. Le hacía gracia esto de buscar nuevos aires, como si lejos el aire fuera mejor.  No era optimista e imaginaba un olor igual de marchito e insufrible donde fuera que el aire le llevara. Nuevos aires para viejos vicios.
Dejó el arma encima de la cómoda. No le importó demasiado que estuviera a la vista. Al principio la escondía en el segundo cajón del armario por si alguien entraba, pero con el tiempo, ya que todos sabían que era un matón, dejó las hipocresías burguesas en el cajón y el arma a la vista.

Pasaje Rambla-Barcelona

Se quitó la chaqueta que apestaba a fritanga del bar de Lilo. Era un buen local y la comida aceptable pero de la cocina salía un tufo a aceite cansado de freír que obligaba a largarse antes de lo deseado. A Lilo no le importaba, decía que tapaba otros olores más violentos, un poema comparado con la peste a perdedor que exhalaban algunos codos apoyados en la barra.
Encendió la luz del baño para no tropezar con los mosaicos que se levantaban como muertos que se resisten a permanecer acostados. Era muy doloroso perder una uña por el filo de una loseta. Se lavó la cara pero evitó mirarse en el espejo. No esperaba haber cambiado demasiado con respecto a la última vez, aunque hubiera matado al tipo. La gente tenía la ilusión que los asesinatos se iban quedando grabados en las caras de los asesinos. Nada más lejos de la verdad, cuando mataba notaba una tranquilidad indiferente. Tras un trabajo ruidoso y sangriento lo que más tenía era hambre, como si al hacerlo compensara con el estomago lleno, la vacuidad de una vida que sólo servia para quitar otras. Y se largaba al bar de Lilo a comer y quedarse un buen rato a pesar del olor a fritanga
En los momentos en los que el alcohol daba lucidez a su oscura existencia pensaba que, cuando él mataba, en otra parte un hombre limpio realizaba una buena acción. Incluso es posible que se convirtiera en santo para equilibrar el mundo. Imaginar que sus asesinatos servían para estabilizar las fuerzas del bien y del mal le hacía sentía mejor.
Un ligero temblor en el suelo le puso sobre aviso, alguien acababa de entrar. El cristal del espejo recibió el vaho de lo que podría ser un temor frío. Maldita sea, el arma estaba en la cómoda de la entrada. Intentar esconderse era tan idiota como el olvido de la pistola. No había nada que hacer más que esperar el movimiento del intruso.
Se quedo quieto, con una quietud relajada del que sabe que el otro debe dar el primer paso. Un pie rozó la punta de la baldosa que estaba suelta. Por dejadez no la había tirado.
La puerta se abrió de golpe y sin dar ocasión al tipo a disparar le clavó en el cuello la punta de la baldosa. El matón, un rival descuidado cayó al suelo llenando de sangre el agujero del mosaico.
Con detenimiento, lavó el pedazo de piedra con el borde afilado y la secó. La guardo en el bolsillo de la americana con olor a fritanga. Recogió la pistola y cerró la puerta.
Echaría de menos comer en lo de Lilo. Cambiaría de aires que los de aquí hacía tiempo que enrarecieron el ambiente.
Y echándose hacia atrás el sombrero, se largó silbando una canción a la espera de que algún santo realizara su buena acción.

21 pensamientos en “-El gánster-

  1. *sin palabras y quitándome el sombrero*

    Me lo imaginé brutal, grandote, de cara cuadrada y nariz de boxeador sin suerte. Calvo o casi. De traje café y manchada, el sombrero, eso sí, nuevo y de buen ver. De apariencia algo torpe, pero que eso encubre a un tipo bastante ágil.

    Muy bueno.

    • Yo lo imaginé delgado, alto y elegante, con la americana colgada del hombro y enganchada al dedo. De ojos oscuros y nerviosos y con las manos de dedos largos de pianista ladrón.
      Es curioso como se forma en nuestra mente la imagen de las historias.
      Salut

  2. Menudo giro ha dado esto. Vamos a tener que engrasar el hierro y dormir con un ojo abierto.

    PD Una pipa es un objeto con mucho que decir.

    Abraçada de la Mafia

    • Fue un reto, tras haber perdido una uña al tropezar contra la baldosa pensé en escribir contra ellas pero al final me salió al revés.
      Espero que tu comentario no sea una amenaza.
      Salut

  3. Epa! Esto se ha puesto un tanto negro, y eso me gusta🙂

    Una perla el balance entre el bien y el mal, que alguien por allí ponga las cuentas en cero (¿con el universo, con Dios, con Belcebú, con una sociedad enferma?) cuando el matón se manda una grosa. Y lo de los codos está también muy bueno, los codos y el olor a perdedor. Casi puedo olerlo, es nauseabundo.

    Pienso que el olor a perdedor debe de ser más fuerte que el de la fritanga de Lilo. Si la fritanga es tan potente que hasta nuestro asesino podría retirarse antes de tiempo, cómo estará el alma de esos perdedores, que allí se quedan, acodados y hediendo.

    Si es por imaginármelo, para mí el asesino es flaco, de tez oscura, pelo corto, ralo. Es parco y fuma mucho. Sus dedos están amarillos, al igual que sus dientes (que nunca conocieron el cepillo). Cara de ratón, manos huesudas pero brazos fuertes, pura fibra, puro nervio. Usa tiradores. Bebe ginebra, mucha. Es astuto, se le nota en la vivacidad de sus ojos negros diminutos.

    Saludos!!

    • Tus comentarios ayudan a mis relatos. Pienso que siempre sabes sacar una chispa de un trocito de carbón.
      Tu personaje se parece mucho al que yo tenia en mente. Por supuesto fumador.
      Salut

  4. ah bueno, metiendonos en aguas oscuras… muy buen relato, carme, me gusta tu gangster con una especie de ¿conciencia?, que va pensando que sus malas acciones equilibran las buenas acciones de otros.
    y ya te vote en zona literatura, suerte ahi!
    abrazo!

  5. Que bueno. Me parece buenísimo. Esa filosofia barata que ayuda al matón a seguir el día a día. Muy ingenioso. Y tu descripción de los olores que nos sumerge inmediatamente en el mundo del hampa. Enhorabuena.

  6. Muy ingenioso lo de la loseta levantada convertida en arma arrojadiza. Me gusta la manera de pensar del personaje: mientrás él mata otro comete una buena acción,ningún problema de consciencia. Un relato negro muy logrado.

  7. Me llama la atención que hayas elegido un personaje de carne y hueso para esta entrada. Un nuevo ejercicio literario que te queda muy a la medida. Me ha gustado y me sumo, cómo no, a los enhorabuena del resto.
    Un abrazo

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