-Abrumadora indiferencia-

1967

L
a bomba cayó cerca. El ruido ensordecedor se mezcla con el polvo. Los cascotes se aposentan inseguros sobre el suelo tras la explosión.
Una pared se tambalea pero finalmente resiste orgullosa.
Más ruido, ahora de sirenas y alaridos. Los gritos son desgarradores.
Los cristales se adueñan de la calle y se clavan como alfileres sin rumbo. El mundo se hunde. La sangre mana y se esparce. Inunda los ojos que lo ven todo rojo.
El dolor se queda agazapado tras el horror, tiene miedo de salir y se recluye en el fondo del alma. Los dioses se tapan los oídos para no escuchar los lamentos y dejan al hombre solo con su destino.
Las balas de los fusiles buscan un escenario para su sangriento teatro. Un espectáculo de títeres que se van derrumbando en cuanto ellas cortan las cuerdas. Todo el mundo forma parte del elenco. La calle es el escenario.
De repente el llanto se escapa, logra salir de las gargantas aterradas, sube por los cascotes y las paredes derrumbadas y llega a los oídos de los dioses que escuchan silenciosos ¿por qué?

Coche abandonado. El Cairo

1987

El tanque atraviesa la calle. El ruido apagado de sus ruedas prisioneras contrasta con los gritos de las gentes que huyen despavoridas. Las bombas, mensajeras de la devastación, encuentran poca resistencia y se hunden placidamente en el suelo, mientras levantan piedras y arena, como una corona premiando su acierto.
Los ojos de los niños se abren como linternas, ávidos por ver el agujero del cañón que escupe balas sin parar.
Tirados por el suelo, los cuerpos se cubren de polvo, antes de convertirse ellos mismos en  polvo y elevarse hasta los dioses que miran disgustados la cada vez más incomprensible actuación de sus criaturas más inteligentes.
El llanto surge de entre las casas que aun se mantienen de pie. Pobre queja contra un ejército sordo y ciego a todo lo que no sean órdenes que le eximen de responsabilidad.
Las piedras del suelo quedan aplastadas pero algunas se rebelan y resurgen tras el paso de los tanques.

2007

El ruido de la bomba despierta la ciudad. Sus habitantes recogen la comida del día y alguna pertenencia de valor especial. Y se apresuran a salir a la calle.
La inestabilidad de los edificios es casi más peligrosa que las balas.
Los niños corren tras un tanque y le lanzan piedras.
Algunas mujeres lloran y levantan los brazos al cielo.
Un montón de cadáveres está apilado en un rincón para no entorpecer el paso mientras unos hombres comprueban que no sea uno de los suyos.
El mercado retumba. La fruta llena de polvo no disuade a un soldado que la coge y la frota contra su uniforme  sucio y reseco y la come con avidez.
No muy lejos, el barbero realiza su tarea en plena calle. Su mano apenas vacila ante el impacto lejano de un obús.
Un niño descubre alborozado un fusil casi entero. Lo sacude y se lo carga al hombro y se pavonea orgulloso ante los demás niños que lo miran con envidia.
Los dioses observan resignados. Ellos también se han acostumbrado al incomprensible juego de la guerra y su cruel devastación.

17 pensamientos en “-Abrumadora indiferencia-

    • “la guerra es algo tan correctamente organizado que la gente acaba sintiéndose en ella como en casa” Elias Canetti.
      Creo que escribí el texto después escuchar que se había producido una de las múltiples matanzas de gente que hay por cualquier parte del mundo y tras haber leído el aforismo de Canetti.
      Salut

  1. es que no hay remedio para la estupidez del hambre de poder y conquista, y eso es asi desde siempre, y seguira igual, me temo.
    buen relato, carme.
    un abrazo,

  2. Algo bueno del ser humano, es que se va amoldando a todo lo que va sucediendo en la vida. A la vez, esto se vuelve en su contra, pues con el tiempo se va acostumbrando a cosas tan terribles como la guerra. En la sociedad “occidental” nos hacen convivir con la violencia a través del cine o la TV. En el resto, desgraciadamente, conviven toda la vida con ella. Yo creo en las utopías, aunque según pasa el tiempo, con cosas como estas, cada vez menos.

    El ser humano es capaz de hacer cosas hermosas, pero a la vez, también ser el animal más cruel.

    Buen (y desgarrador) relato.

    Saludos.

  3. La misma, el monstruo que nunca se acaba, sólo descansa de su aburrido cometido, pues es infinito,sólo cambia de tiempo y de lugar, se representa con unas u otras armas, pero su corazón depredador es el mismo, la destrucción, la barbarie, el drama.
    Dicen los optimistas que somos demasiados, que la naturaleza universal es sabia. Que todo está escrito.

    Excelente alegato al paso del tiempo. Bélica y Políticamente correxto

    Salut i abraçada

  4. Que bien describes el horror y la insensatez de los conflictos eternos que parecen cebarse en algunas tierras. Las generaciones de odios y como resultado siempre el mismo, los inocentes expoliados y arrancados de sus tierras. saludos

  5. ha sido leer una crónica de un reportero o fotoreportero de guerra; pese a la “asepsia” no pierdes tu tono poético; tal vez por estar escrito como a ráfagas fotográficas; lástima que una orden exima de responsabilidad, que los niños aprendar a jugar en (o con la guerra), que los dioses se acostumbren; Canetti igual es cuestionable; en el caso de los desarmados ¿no se trata de una cuestión de “anestesia” cuando el horror es tan alto?; mil felicidades, Micro;

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