-Él y Ella-

L

os niños cogen los palos. Las niñas recogen del suelo algún cristal. Y juegan. La calle está vacía, por no tener no tiene ni asfalto. La tarde apresura sus pasos pero el sol permanece un rato más para que los niños puedan jugar.
Antes del juego discuten. Hay que repartir los papeles basados en la última película que han visto. Todos quieren ser el protagonista, ÉL. Nadie quiere ser uno del montón, quizás porque la vida ya les tiene reservado este papel. No hace falta elegir nombres, ÉL es él y el afortunado que consiga el pronombre será, ante los ojos de los demás, el que tendrá todos los atributos.

Oques-Castell del Remei

Yo soy ÉL siguen afirmando, ninguno da su brazo a torcer, mientras a su lado las niñas con igual contundencia quieren ser ELLA. En su caso es más fácil, la más guapa tiene las de ganar o la que tienen un punto de picardía que ellos no pueden resistir.
Empieza la primera batalla por decidir quién será ÉL. Porque todos tienen claro que sólo hay un ÉL. Los héroes necesitan de la soledad del cargo para ser importantes. Si no
hay acuerdo, se harán con el papel a la fuerza. Los héroes lo son porque pegan más fuerte, disparan más rápido, vencen al gigante y salvan a la doncella. La inteligencia no es un requisito indispensable.
ELLA vestida para la ocasión con el delantal de su madre, amenaza con estropear la escena si no viene a cenar los trocitos de barro que cuidadosamente va poniendo en las hojas de morera. Además no le gusta la protagonista, demasiado vieja y se pide ser la ELLA de otra película.
A Él le da igual si el reparto sufre alteraciones, ni siquiera reparó como era. Los chicos sólo tienen ojos para los protagonistas, si ella quiere ser otra les da igual. Al fin y al cabo quién entiende a las mujeres.
Y se largan a correr en su caballo de madera del que bajan apresurados para luchar contra los indios, los romanos o los hunos que con tal de luchar no importa el enemigo, que la frase mágica “arriba las manos” se aplica igual a un centurión romano que a un renegado de Oregón. No pasa nada, lo que verdaderamente importa es que no ha querido rendirse y hay que usar la espada.
Antes de que empiece la lucha, se abren las ventanas. Unas voces llaman desde muchas direcciones a la cena. Se sueltan las armas que por arte de magia quedan en el suelo convertidos en simples palos. Los héroes quedan olvidados. El talón de Aquiles no era el talón sino el estómago. Con hambre no hay batallas que valgan.
Y se van todos menos el pequeño e insignificante que aprovecha la ausencia del héroe y va a buscar su espada. La lucha es sin cuartel. La soledad del héroe anónimo, la que está por encima de reconocimientos y nunca sale en los grandes libros de historia pero que ha hecho que la historia sea grande.
Guarda la espada en su rincón, como Arturo, sólo él sabe de su poder.
Se va con andares victoriosos a enfrentarse con su madre. Y con la verdura que detesta.
Los héroes de las películas nunca comen, quizás para no tener que enfrentarse con un temible plato de verdura hervida.

16 pensamientos en “-Él y Ella-

  1. nos han enseñado a amar a heroes de piedra con pies de barro. nos han enseñado que solo llega a la cima el que corre mas rapido y pisa mas cabezas que los demas. todo eso veo en tu metafora del juego infantil y la supervivencia del mas fuerte.
    esperemos haber aprendido que hay batallas que no valen la pena y protagonismos que son cascaras vacías, y podamos ser como el heroe anonimo que se le anima a la soledad y a las verduras hervidas con el mismo coraje.
    un abrazo,

  2. Tu texto relata una verdad como un puño,el hombre tiene que ser un héroe, le vienen señales tanto de la vida real como de la ficción. Loe héroes no lloran,están en posesión de la verdad, no dan su brazo a torcer y así va el mundo.Y sin embargo el niño come igual que lo hará cuando sea hombre.
    Un saludo,

    • Los héroes si comen verduras parecen menos héroes como si solo tuvieran que vivir de su muestra de heroicidad. Yo sabía de más de uno que le tenía pánico a un plato de arroz con bacalao.
      Salut

  3. Hay varias frases muy buenas, pero estas me parecieron épicas: “Se va con andares victoriosos a enfrentarse con su madre. Y con la verdura que detesta.
    Los héroes de las películas nunca comen, quizás para no tener que enfrentarse con un temible plato de verdura hervida”.

    El héroe anónimo, ese que no tiene los papeles principales de nada, ese que nadie ve, ese que si falta nadie lo va a recordar -con todo y todo-.

    Como de carajillo nunca logré ser ÉL -con todo y lo grandote que soy… pero bien malo cuando se trata de dar y sobre todo, recibir golpes- terminé por imaginarme y luego escribir sobre muchos ÉL y ELLA, sus vidas, aventuras y desventuras… Algo así como una venganza, o una justicia poética.

    Me gustó mucho este cuento.

    • Adrián el héroe anónimo sacó la espada de la piedra y aunque alguno no vaya para rey, si va para gran poeta o escritor de cuentos 😉
      PD: yo tampoco tuve muchas oportunidades de ser ella, pero y al final no hubo más remedio, acabó gustando la verdura.

  4. me ha encantado. La verdad es que lo has narrado de tal forma que te introduces en el relato. Gracias que la imaginación no se acaba con la infancia, aunque la conduzcamos por otros lares.
    La batalla contra las verduras, me temo, que estuvo perdida desde el principio.

  5. Que bonita fabula sobre los roles de hombres y mujeres inculcados en la infancia. me encanta el giro final que desvanece sus fuerzas por un plato de comida. Y el caballero hidalgo que termina en solitario la batalla. Muy bonito. Un saludo

  6. Buen relato. Todos quisimos ser héroes en el fondo. Y cuando dentro del grupo no destacábamos, aprovechamos un rato de soledad para protagonizar nuestra película, a la que sólo le cambiaba el final las obligaciones de la niñez. Pero siempre habría otra oportunidad.

    ¿Recuerdas las escopetas con una madera, un elástico y una pinza de la ropa para tirar una piedrecita?

    Saludos.

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