-Cae la noche en Aswan-

C ae la noche y despunta el alba en la otra orilla del río. La oscuridad se desvanece en una claridad lechosa que precipita el amanecer y pare un sol rosa y azul. Se escucha tímido un pájaro recién llegado. Traídos de todas partes los visitantes descubren el sofocante silencio, el primer aliento de los gigantes de arena que osaron desafiar al tiempo.
Alineados con el desierto, los barcos como ballenas varadas engullen a las masas y escupen su frustración de navegantes de aguas bravas contra los otros barcos y contra los botes de remos que pasan por su lado. Un pequeño faraón levanta la mano y consiente que visitemos su reino de luz y sombras, a cambio de un grano de tolerancia que guarda entre las arenas de un reloj partido. El sol bosteza.
Muere el día y anochece en Luxor. El ocaso desciende lentamente, casi sin darte cuenta desparece tras la montaña dejando que la oscuridad se adueñe del paisaje. Sólo un tembloroso reflejo en el lecho del río saluda a la luna. El calor respira.
Alguien canta que cae la noche y amanece en París. Y también en Barcelona y en Edfú y en una ciudad al azar de un mapa de la India, Lucknow. Es la misma que he leído en la voz del doctor Pasavento mientras la tarde cae sobre la cubierta de un barco que perdió las ganas de navegar. Y esperando que una exclusa eleve al gigante pienso que la casualidad existe tal como se cae la noche, sale la luna y las sombras son las mismas bajo el sol y bajo una farola intermitente.
Cae la tarde y una palmera se mece hasta el suelo dejando caer dátiles como lágrimas dulces y negras. El amor flota sobre la cubierta de un barco que dejó de navegar, para mecerse aturdido en las codiciadas aguas de un río africano.
Tras las dunas, la luna.
Nace el día y el amor reposa escondido del sol. Incluso las sombras permanecen ocultas y no osan oponer su oscuridad a los rayos, que se clavan como dardos en la piel creando rojos tatuajes.

Atardecer en el Nilo

Cae la noche y se me ocurren tantas cosas que no debería llegar tan deprisa, debería quedarse muy arriba, subir y alargar el tiempo, tanto, como un gigante con barba de rey.
Amanece y los templos de Egipto se convierten en eternos relojes de arena que nunca se dan la vuelta, para que espectadores voluntarios los admiren con el mismo asombro que los campesinos que los erigieron.
Insignificante ante un grano de arena, me dejo llevar por una falúa que perdió la edad hace mucho y siento que ayer y hoy se diluyen.
Entretanto los dioses se dibujan con arena y se borran apenas las hojas de las palmeras se peinan en el aire de la tarde, como se borra la identidad de los protagonistas del libro bajo las sombras que no saben leer.
Cae la tarde y un hotel corre apresurado por la orilla contando la historia que escribió una dama ausente. Arropada por desapariciones literarias cierro los ojos y nado con el aire entre las diminutas olas de un río sin retorno. Es tarde y pronto para las sombras que me envuelven con el velo transparente de un sueño.
El río, como un gran reloj de agua deja fluir el tiempo. A su lado, las dunas cuentan los granos que incansables se apresuran a caer. Y yo disfruto perdiendo el tiempo en un barco que se confina entre dos orillas, que ven nacer y morir la historia cautivados por la monótona letanía del almuecín llamando a oración.
A lo lejos cae la noche y unos pájaros se preparan para cobijar sus sombras. Es un momento mágico en el que la soledad quieta se convierte en mirada ensordecedora. El río reza.
Me gustaría congelar el pasado el presente y el futuro en una foto pero sólo consigo que el tiempo se ría mientras se escapa tras la imagen del sol que se esconde.
Cae la noche y en Lucknow la señora Vainavi pierde el tiempo soñando en un gran río mientras espera a su familia que vengan a comer.
Cae la noche y queda solitaria una estrella, un perdedor que morirá cegado por el brillo retador del héroe.
Cae la noche y me despido del río y de Pasavento que desparece entre las arenas de la orilla occidental donde los egipcios enterraban a sus dioses.

16 pensamientos en “-Cae la noche en Aswan-

  1. Seas bienvenida. He descubierto otro acento tuyo y me quedo con la boca abierta mientras retratas espléndidamente y con unas metáforas tan sugestivas, toda una mirada en el Nilo.
    Rescataría un montón de frases y palabras para explicarte lo mucho que me han gustado, pero si las rescato de tu texto estas perderían la magia con la que tú las has dotado.
    Me alegra tu vuelta.

  2. Bella inspiración de un mágico lugar. Respíralo, empápate, siente Egipto, que como dijo Bárbara Wood en Las Virgenes del Paraíso, es la única forma de llevarlo en el alma para siempre.
    Un abrazo y gracias por el viaje.

  3. Muy poético este relato. Se ve que vienes con la pilas bien cargadas… Por un momento estuve navegando en un barco con la vela latina y el sol poniéndose a mi espalda.

    Saludos.

  4. el tiempo individual marcado por las caídas de la noche, el tiempo individual que mira un paisaje y lo hace hablar, respirar, transformando su silencio en delicada poesía,

    el tiempo de uno mismo frente al tiempo desmesurado de la tierra y sus cicatrices

    no es fácil encontrar las palabras justas, y creo que tu lo haces de manera sobrada,

    “Amanece y los templos de Egipto se convierten en eternos relojes de arena que nunca se dan la vuelta”

    enhorabuena y salut,

    PD: Tornes amb força i renovada, i espere que relaxada, per la ciutat gris les temperatures ens tornes locos i uns dies vaig amb manega llarga i xaqueta, i altres amb pantalons curts i molta suor,

    • Hola Colomer, la verdad es que allí el tiempo fluye adelante y hacia atrás mientras que el tuyo está preso de la esfera de tu reloj de muñeca.
      Salut
      Aquí s’han disparat les temperatures, però venint d’on vinc quasi em sento com allà. Vam arribar a 50º al desert, una experiencia que no et recomano a menys que vulguis escriure alguna cosa sobre la humanitat pujada de to😆

  5. Me he quedado asombrada con el cambio de registro de tu escritura.Tu texto está escrito en una prosa poética magnífica.Desde luego tienes un dominio del lenguaje asombroso, haces con él lo que te da la gana. Mi más sincera enhorabuena.
    Un saludo,

  6. Es bellísimo. Sin palabras incapaz de encontrarlas. Me conformo con marcharme con lo que transmites. Repetida Suerte si deseas publicar. Gracias de nuevo. Salud.

  7. Cuanto te agradezco que me hayas regalado estos aromas de Egipto un pais que no he visitado pero que tanto he añorado en mis sueños. Barcos amarrados a las orillas del Nilo, pequeños faraones, musicas de atardeceres. Bellísimo. Un saludo

    • Egipto tiene un encanto especial. Mi relato no incluye el Cairo porque es otro mundo.
      Con tu capacidad para describir los monumentos y el arte en general tendrías un filón para deleitar a tus lectores.
      Salut

  8. Micro, me quito el sombrero, hago una reverencia y después alzo mi taza de café para brindar en tu honor.

    -por demás está decir que me encantó- De todo lo que te he leído, este relato es el que más me ha gustado.

    Es que parece como si yo fuera allí, en ese barco que se niega a navegar en el río de los faraones. Es como si yo también tratara de burlar al tiempo con una fotografía -y salir burlado-

    ¡Saludos! Grata sorpresa este recibimiento, luego de tus vacaciones.

    • La verdad es que tenía muy fresco en la mente las sensaciones del viaje, quizás por esto pude plasmar mejor lo que sentí mientras me dejaba mecer por el Nilo.
      Me alegro que te gustara 😳

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