-Desapariciones-

S

é que a ti no te importa pero hoy ha vuelto a desaparecer una de mis gomas para sujetar el pelo. Era una goma pequeña, un simple arito de tela elástica porque mi pelo no es muy espeso, pero hacía la tarea como si fuera una goma grande y potente. Tu te ríes de estas tonterías pero a mi me preocupan porque no se dónde pueden ir a parar las cosas que desaparecen en una casa. No creo que traspasen las paredes o se escabullan por puertas y ventanas.
¿Crees que se cansarán las cosas de ver siempre el mismo decorado y buscarán espacios con paredes de cristal? A lo mejor querrán nuevos rincones donde esconderse para, como en mi caso, no tener que estar aguantando unos pelos pesados que se escapan en cuanto les da el aire.
Hay alguna teoría que mantiene que debe haber algo que se alimenta de cosas inverosímiles. Seres misteriosos que gustan de gomas de pelo, calcetines y tapas del tuperware.
Tu mismo padeces la vergüenza  de vestir calcetines de distinto color, parejas desavenidas que no tienen más remedio que entenderse bajo el dobladillo de los pantalones. En algún lugar deben estar escondidos los calcetines que se escapan por el desagüe. Un lugar maravilloso para que se arriesguen a pasar por semejantes agujeritos y dejar algún hilo prendido. O quizás son devorados por anguilas y llevados al fondo del mar.
Las tapas del tuper son otra cosa, aparecen y desaparecen. Creo que tiene que ver con las fases de la luna, como la marea. En cuanto asoma la luna llena se esfuman para tener un modelo perfecto en el que reflejarse. Y luego deprimidas por no ser capaces de llegar tan alto vuelven arrepentidas y se meten en el lavaplatos.

Pero mis gomas de pelo desparecen sin más como las ruedecillas del aire, como las Oooo del asombro del destino como un cero que se convierte en nada.

23 pensamientos en “-Desapariciones-

  1. ¿Que hay por encima de muy muy bueno?. Esto ya lo he escrito en otro blog hace un momento pero lo repito. E R E S A L U C I N A N T E.
    Ignoro la fase lunar pero me falta una tapa de tuper ¡no tengo lavavajillas! pero buscaré en el frigo.
    Cuando mi gato Lucas vivía en casa las gomas desaparecidas aparecían siempre debajo de la lavadora excepto una que estaba todas las mañanas junto a su comedero. Ahora siguen desapareciendo. Encima no tengo la del comedero.
    En mi lavadora ha salido un calcetín a topos que igual es tuyo ¿no te sobrará uno a cuadros?
    A cuadros me has dejado de nuevo con este relato redondo. Salut.

  2. Micromios, de nuevo me has hecho reir con tu escritura tan limpia e ingeniosa y con una de tus anecdotas con la cual me indentifico plenamente! Los calcetines, especialmente, me traen por la calle de la amargura!
    Un saludo.

  3. Carme, genial este micro!😀 creo que lo que más me gusta que en la mente se escucha una voz de niña inconforme contando lo que tú escribes.
    Muy bueno.
    Saludos.

  4. Cuanto agradezco estas risas que tus palabras me arrancan. Risoterapia. La mejor terapia para las dolencias del cuerpo y del alma. Gracias amiga.

  5. Tus historias no son sencillas, solo cortitas. Y encierran mucho más de lo que aparentan, eso me gusta.
    Me encanta eso de que tienen que haber algún bicho, alguna teoría, un espacio paralelo -¿la quinta dimensión?-, donde tenga que ir por fuerza todo eso que se pierde.
    Y el final -clap, clap, clap- me gustó mucho.

    Con mi mamá, -siguiendo “sin querer queriendo” la fatalidad del realismo mágico latinoamericano- digo en broma que son “los duendes / las brujas” quienes esconden y reaparecen, sobre todo, los cubiertos.

    Me acordé que de niño, 7 años y en la escuela, cada vez que se me caía algo en clases, por más que me tirara al suelo para buscarlo, jamás, jamás, jamás lograba encontrarlo. La cantidad de maquinillas… tajadores… ¿saca puntas? que perdí, de borradores y lápices serviría para llenar el stock de una librería. Y madre me decía “¿Qué? ¿Se fue por el agujero negro?” No quedaba más que una respuesta positiva. Lo realmente preocupante era la cantidad de maquinillas que perdía a la semana, ella me dio un tarrito de plástico de avena Quaker para guardarla. Así nunca más se me volvió a perder. Claro, la venganza vino cuando tuve 15 años, el tarro de la avena se me perdió, ¡en clases! junto con todos los recuerdos😦 jejeje…

    Así que lo que está destinado a perderse, terminará extraviándose en alguna vuelta de hoja.

    ¡Saludos!

    • Gracias por tus amables comentarios Adrián, siempre es placer leerlos. Yo también perdía maquinetas(sacapuntas)y lápices aunque estos se me escapaban por el agujero de los sacapuntas antes de desaparecer.
      Salut

  6. Esta historia me ha parecido muy divertida. La lectura me hizo recordar un pequeño muñeco que tenía en mi cuarto y que se desapareció. Después de una larga búsqueda, una búsqueda tan elaborada y seria como cualquiera que hace un niño, lo encontré detrás de la puerta de un clóset a un metro de donde estaba. Yo estoy seguro de que el muñeco tuvo que caminar y esconderse donde lo encontré, no puede haber una explicación distinta.

    • Los muñecos pueden dar sorpresas, los mios aparecian y desaparecían. Uno perdió un ojo que aun no he encontrado. Creo que debe estar por ahí mirando.
      Salut

  7. A mi me desaparece en cuanto lo quito el alambre que sujeta el pan bimbo !

    Sin embargo tengo varias gomitas de pelo aparecidas (eso que yo soy calvo)

    Os recomiendo en esta línea el libro “No mires debajo de la cama” del gran Juan José Millás.

  8. Muy bueno, el dominio que tenés para este tipo de textos es genial. Particularmente me gustó mucho en este la la voz hablándole directamente al lector, incluyéndolo en la angustia de la pérdida.
    Saludos!

  9. Para mí no hay nada más desquiciante que perder algo. Esa sensación de abandono que te deja lo perdido, que ya no vuelve a aparecer y se va perpetuamente. Las ligas son las peores y se parecen tanto las unas a las otras, que no sabes si la que has encontrado es la misma que andabas buscando o una anterior que ha tenido a bien salir de su escondite. Uff, terrible. ¿Será el material el escurridizo?

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