-Grandes esperanzas-

Hormiguero-Penelles (Lleida)

E

n medio de la calle el agujero bostezaba mientras los niños entraban en el colegio que tenía el suelo de cemento y un parterre. Ellos eran su gran esperanza para dejar de ser un miserable agujero y convertirse en socavón.
Sé que puedo crecer, pensaba mientras el coche que venía se arrimó tanto a la acera que fue imposible sentir ni siquiera el roce de una rueda. Maldito coche, otro que me esquiva. Verás en cuanto me agrande un poco, estas ruedas que tienen las rayas gastadas se meterán en un buen lío.
Un timbre estridente, un poco anticuado para los tiempos que corren lanzó su riiiiing espantando algún gorrión despistado. Su redonda cara se animó. Saldrían un montón de criaturas en tropel que le pisotearían. Alguno incluso calzaría aquellas zapatillas  tan duras que pueden partir los terrones de tierra y se llevaría un poco metida entre los dibujos de la suela. O quizás los tacones de punta de las mamás buscaran pelea. Prometía no romper nada, ni tan siquiera quedarse con el tacón que tan bien le iría para ir escarbando y acrecentar su imagen de proyecto de socavón.
La algarabía inundó la calle. Gritos de niños, alegres por dejar atrás la escuela. Gritos de las mamás avisando de algún peligro que sólo ellas veían. Pero ningún pisotón al agujero que encima tuvo que tragarse el orgullo cuando las zapatillas al pasar le sacaban la lengua.
Un autobús municipal sin demasiada gracia se aproximaba relleno de gente que movía el cuerpo al compás de las órdenes erráticas del vehículo. Todos a la derecha, todos hacia delante. Quietos. Los pasajeros como muñecos enganchados a un invisible hilo realizaban la coreografía. Cuantos pies desaprovechados miraba ansioso. Seguro que ahí van zapatos de suela fuerte que me harían crecer. Sólo con que el señor grueso que está sentado mirando el infinito tropezara con el borde ya me daría por satisfecho. Pero no, todos en bús. ¿Es que ya nadie camina?
Unas gotas de lluvia hicieron su aparición. Poco a poco llenaron el agujero de agua. Maldita sea, ahora ni tan siquiera soy un agujero, me he convertido en un miserable charquito. Las gotas seguían cayendo, cada vez más fuerte, tenían prisa por llegar que el río les había prometido un viaje lleno lodo con el que poderse embadurnar. El agujero cada vez más lleno achicaba el agua pero era incapaz de sacarla toda. Al final dejo que las gotas hicieran lo que les diera la gana, menudas eran, no había quien las parara.
Llovió durante toda la noche.
El nuevo día despertó con una luz intermitente y un par de vallas anunciando a los coches que debido a las grandes lluvias que arrasaron la ciudad había aparecido un hondo y peligroso socavón. A su lado un pequeño agujero intentaba convencer al riachuelo que se escurría errante que se metiera en él mientras pensaba que nunca más menospreciaría las gotas.

18 pensamientos en “-Grandes esperanzas-

  1. Desde luego no se puede menoscabar el agua. Y menos en un año como este que no ha dejado de llover en meses. Animo agujero. Madrid esta llena de compañeros. La nieve y la sal agrietaron el alma de sus calzadas.
    Un saludo

  2. Los agujeros tienen el don de que contra más crecen obtienen más cantidad de si mismos, o sea de nada. Como el cerebro de algunos.
    Que el agujero bostezara me ha dejado perplejo. Desde hoy me fijaré más en los mismos.
    Me alegra comprobar que no dejas de crecer en tu estilo, propio y tan personal. Y para variar, me descubro ante tu talento.

    Salut i bones Mones

  3. Precioso relato Micro-Macro. No puedo pedírtelo de nuevo para mi blog aunque debería hacerlo porque es una Auténtica Maravilla.

    En esta ocasión como agradecimiento te dejo aquí una continuación.

    “Antes de la caída de las primeras gotas las hormiguitas, que habían ocupado hacía unas horas el agujero, olieron en el aire la humedad anticipando que el agua estaba por caer durante toda la noche. Haciendo gala de su admirable capacidad de trabajo en equipo transmitieron hasta el último rincón del agujero la urgente necesidad de abandonarlo cuanto antes. Ya en el exterior iniciaron su peregrinaje buscando un nuevo lugar en el que intentar acomodar su hogar mientras intentaban esquivar las botas aceleradas de los operarios que cercaban el socavón. Cuando empezaba a despuntar el alba, antes del inicio de la frenética actividad cotidiana a la puerta del colegio, habían logrado alcanzar todas su ansiado refugio en un pequeño agujero en el que, tras secarse concienzudamente unas a otras para retirar hasta la última gota de agua, pudieron descansar de la agitada noche de tormenta para iniciar la construcción de su nuevo hogar.”

    Buena Jornada. Salut.

  4. coincido con anne, no esta tan mal ser un agujero. no se da cuenta de que si se agranda quizas vengan y lo tapen?
    me gusto la descripcion del micro en movimiento. mucha poesia en pocos renglones.
    salut!

  5. Hay una canción de León Gieco que se llama “Soy un pobre agujero”. Es una maravilla que describe el peor estado de ánimo que alguien pueda tener jamás. Casi preludio del suicidio.

    Pero que maravilla esto! Hacía mucho que no venía.
    Todos los besos.

    voyacambiar.wordpress.com

  6. Jejeje nadie lo tiene jugando a ser más importante que nadie. Pero decile al agujero que se venga a vivir a mi país,que en cuestión de nada se convierte en un cráter y de fijo no lo arreglan sino hasta el próximo siglo.

    ¡Saludos!

    PD: Por cierto, el Figueres al que hago referencia en el cuento era de padres catalanes. Decíme, ¿qué es lo que te confundió del cuento? Hago muchas referencias a la última guerra civil de Costa Rica, a personajes históricos de los 40s sobre todo y utilizo palabras muy propias de acá. ¿Será por eso?

  7. Micromios, estoy leyendo de uno en uno tus relatos antiguos. No me atrevo a dejar comentarios porque no se si te llegan. Ya me dirás. Salut.

  8. Estoy ya hasta la tusa de lluvia, y eso que aún no empieza oficialmente el invierno. Tu cuento me ha hecho sonreír sinceramente y pensar que no hay pequeños en esta tierra, es sólo un tema de apreciación.
    Un abrazo y miles de gracias por el minuto.

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