-Maldito despertador-

-Te gané- gritó con una alegría un poco desteñida por el sueño apenas dejado atrás. Había vencido al maldito despertador y ahora esperaría el odioso sonido con la tranquilidad que le daba el anteponerse  a la alarma.
Cada día se entablaba entre él y el reloj una inútil y absurda batalla. Uno luchaba por despertarse antes y el otro por sonar antes de que el otro se despertara. En honor a la verdad había que decir que el despertador ganaba por goleada. Eran escasos los días en los que podía mirar la redonda esfera y sentirse superior. El miserable artilugio se creía importante por ser capar de recitar un monótono tic tac y asustar al silencio con su metálico timbre.
Con aire decidido se levantó y fue al baño. Dejó la puerta abierta, no fuera a ser que sonara y no pudiera echarle en cara su victoria. Pasó un rato sentado pensando en todo y en nada.
Volvió, miró el maldito despertador y lanzó un juramento. Por  qué no sonaba de una vez. Miró otra vez, apenas habían pasado unos segundos. Sentía que los segundos le parecían minutos, los minutos horas y las horas una eternidad.
El maldito despertador seguía sin tocar, apenas si oía un débil tic tac, que como una burla se le metía en la cabeza y le hacía escuchar extraños mensajes.
Por un momento miró si la clavija de la alarma estaba levantada. Allí estaba, enhiesta esperando que sonara el primer timbre para que él la bajara de un manotazo. Era una lucha de voluntades. Uno quería que sonara y el otro se escudaba en que aún no era la hora. Las sábanas eran sudados testigos de la contienda.
Probó a cerrar los ojos pero tuvo miedo de dormirse de verdad. Seguro que  entonces sonaría despertándole y su corazón se llenaría de latidos furiosos por haberles robado el sueño.
Pasó un rato absurdamente despierto sin reconocer que mejor hubiera hecho con dormirse. Y eso que apenas si se escuchaba el tic tac.
Al final ocurrió el desastre: llegó tarde al trabajo porque esperó a que sonara el despertador. No se lo podía creer. ¡El despertador no había sonado! Su victoria no fue tal sino pudo alardear de ella ante el reloj.
Durante toda la jornada estuvo dándole vueltas, algo no encajaba. Cuando llegó a su casa lo supo al comprobar apesadumbrado que las manecillas permanecían inmóviles. El reloj se había parado, la debilidad con que sonaba debía haberlo alertado.
Un silencio sordo se instaló en el cuarto. Echaba de menos el tic tac.
-Habrá sido el corazón- pensó. Y acogiéndolo amorosamente entre sus manos fue al relojero de guardia. Esperaba que no hubiera mucha gente o que no lo pusieran en lista de espera. Tuvo suerte, sólo había un par de pilas agotadas y una manecilla rota.
A la hora de la cena ya estaba de vuelta. Colocó al despertador en su sitio. Tras levantar la clavija de la alarma pudo respirar tranquilo. Todo estaba otra vez bien.
A las seis y media maldijo el pitido que retumbaba por todo su cerebro apartando las preciosas imágenes y llenado su mente del ensordecedor ruido.
Y lo peor es que había vuelto a ganar el despertador.

17 pensamientos en “-Maldito despertador-

  1. no deje de sonar un despertador para que mientras unas escriben estas preciosas micro-ironías otras reflexionemos sobre ellas;

    cantaba la copla: eres mi vida y mi muerte, te lo juro compañer@, no debía de quererte, no debía de quererte, y sin embargo …

    salut

  2. Muy buen relato. Nuestras luchas sobre los demás y, curiosamente, no contra el tiempo sino contra la voluntad, propia y del otro. Nuestras contradicciones y adicciones.

    …y mientras, dejó de dormir plácidamente.

    Saludos.

  3. El tiempo,el amor y la muerte.Me parece que los tres temas más ahondados en la literatura.Es decir,por el ser humano.
    Cumplida visita,visitante encantado de hacerlo.
    Saludos y felicidades por este sitio que has creado.

  4. Creo que el peor despertar se produce con el piutido mecánico del odiado despertador. Cuando voy de vacaciones quito todos los relojes. Vivimos una dictadura del tiempo. Me temo que poco podemos hacer para vencerlo. Deshacernos de todas las pilas?. Un saludo

    • Yo en cuanto pongo el chip de cerrado por vacaciones me quito el reloj. Además de evitarme la mancha blanquecina en la piel recuerdo del lugar exclusivo al que le tengo reservado, me siento por unos dias libre (aunque llegue tarde o muy pronto a todas partes
      Salut

  5. a mi me dio ternura este personaje que ama y odia a su despertador. mas alla de la metafora temporal, para mi es un relato sobre la dependencia que nos crea la rutina y como la cosa mas pequeña puede trastornarla, al punto de preferir esa segura guerra cotidiana antes que el riesgo de no oir el reconfortante tic tac. pensandolo, la rutina tambien tiene mucho de tiempo compartido.
    me gusto, me gusto.
    salut.

  6. Tuve un compañero que siempre llegaba tarde alegando que no oía sonar el despertador. Entonces le compré uno de estos redondos, con doble martilleo. Sin embargo el compañero siguió llegando tarde y defendiéndose de igual manera.
    Lo cierto era que el tic-tac no le dejaba dormir, así que como medida preventiva lo metía en el interior del armario. En resumen, el reloj despertaría con un buen susto a calcetines, camisas y pantalones, pero fuera de su dominio, el colega continuaba roncando como un bendito y llegando tarde día tras día.
    Descubrir el asunto fue perder toda la mala leche que aportaba el caso a cambio de unas risas. Y es que hay quien consigue un parche para cualquier descosido.

    Salut i Força Barça

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s