-Bingo-

S

entado tras la ventana sacaba las fotos que tenía guardas en la caja. Con nostalgia observaba como el tiempo se había llevado poco a poco la gran sonrisa que tanto prodigaba de niño. El color había perdido intensidad como si una catarata se metiera en los ojos para verlas con todo el encanto que tenían cuando fueron tomadas.

Cerca descansaba un montón de cartas selladas con un lazo que no quiso releer, lo dejaba para cuando le fallara la memoria.

Dejó las fotos y las cartas a un lado y meditando llegó a la conclusión que lo único que se había mantenido inmutable a lo largo de su vida no eran las imágenes queridas o las palabras que le habían susurrado con amor, eran las fechas.

Números de años, días o meses permanecían eternos,  nada ni nadie podía cambiarlos ni borrarlos ni fingir que no existieron.  Admitió con resignación que era capaz de recordar algunas fechas sin trascendencia pero se le habían borrado lugares y caras muy queridos.

Y llegó a la conclusión de que su vida era un animado bingo en el que el destino le iba cantando los números. Cada cifra  quedaba allí a la espera de la siguiente.

Estaba contento con los que le habían tocado en suerte y esperaba que aún le quedaran muchos más.

Pero en el fondo, lo que le resultaba mas triste es que sabía que ya había habían salido los mejores.

8 pensamientos en “-Bingo-

  1. El tiempo, las fotos, las fechas, el pasado, ¿Qué decir? Hay tanto por recordar, tanto por olvidar, tanto por lo que vivir. Y si, seguro; la vida es una tómbola, depende del número que te toque vas por aquí o por allí.
    Recuerdo el recelo con que guardaba mi abuela su cajón de las fotografías sepia, las imágenes de toda una existencia, las pruebas, más fieles aún que su propia memoria.

    Joan de Serrallonga

  2. Alguien, alguna vez, quebró para siempre mi esquema de la percepción del tiempo, con una frase muy simple: ” este minuto que estamos viviendo…. ya se ha ido”.
    La sensación de fragilidad y desarraigo fue inegable y me ha acompañado desde entonces. Tal vez, por eso, desecho las fotografías y me quedo con los recuerdos.
    Un gran abrazo,

  3. Lo malo,o lo bueno,de la memoria es que distorsiona el pasado. Las fechas sin embargo no engañan, allí están. Aunque los recuerdos adheridos a ellas se amolden a nuestra conveniencia. Muy exacta la reflexión final, cuando se acerca la vejez, los mejores números suelen haber sido sorteados.
    Un saludo cariñoso.

  4. mi carton tiene tres numeros, el 666, el 333 y el 000, perdedor o no la memoria es más una vivencia que un número, sinceramente, enhorabuena, porque a mi modo ver, y tras leer este micromio, la memoria no son fechas sino experiencias,

    un s

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