Distinto

B uenos días.- saludó el hombre chorreando agua por todo el cuerpo.

-Buenos días.- respondió la secretaria.

Y fue saludando a todo el personal dejando un rastro de humedad a su paso, ante la indiferencia de los empleados

Al final del pasillo se sacudió un poco las gotas molestas, separó la ropa que se le había adherido al cuerpo y entró en el despacho.

Era el precio que tenía que pagar por su peculiar manera de ser: un hombre cuya energía vital era el agua. Sin ella era un ser inerte. Como un coche necesita el combustible, el necesitaba el agua para realizar cualquier acción, cualquier actividad.

Al principio la gente se asombró al verlo por la calle tan elegante pero empapado de agua desde el sombrerito que coqueto se calaba hasta la punta de los zapatos. Y tuvo sus problemas con los municipales al ir metiéndose en fuentes y estanques cuando sentía que se secaba demasiado.

Con el tiempo aceptaron su peculiaridad e incluso alguna mujer comprensiva le lanzaba un chorrito con la regadera cuando pasaba por delante de su ventana.

Una noche que volvía tambaleante con sólo un poco de humedad en las células alguien le salió al paso. Eran tres personas sudorosas y polvorientas que veían en su diferencia un ataque a su manera de concebir el mundo. Tras burlarse le obligaron a renunciar al agua secándolo con cuanto trapo llevaban en las manos. Él apenas pudo articular palabra. Sentirse seco le iba minando las fuerzas.

De golpe una especie de neblina, como la que sube del asfalto empezó a elevarse de su cuerpo. Los intransigentes, viendo el estado en que se encontraba le dejaron no sin antes amenazar con rociarle con aire caliente sin no renunciaba a sus humedades.  Y se largaron.

Quedó tendido en el suelo boqueando como un pez fuera del agua.

El amanecer descubrió un traje elegante y arrugado, sobre una reseca mancha de humedad en la que alguien había escrito con letra insegura: agua.

17 pensamientos en “Distinto

  1. que mala es la intolerancia. Empieza con humor y acaba en tragedia. Siempre sorprendente en tus escritos. Por cierto, una vez conocí a uno que necesitaba rociarse con aceite, de lo contrario sus musculos menguaban.

    saludos

  2. Tu escrito me ha traido a la mente el cuento de la sirenita, que por amor y gracias a un sortilegio cambia su cola de pez por piernas de mujer a cambio de un sufrimiento atroz. Ya sé que no tiene nada que ver. Solamente un final común: un charquito de agua en vez de un cadáver. Tu relato me ha traído,de manera inesperada y un tanto inconexa, reminiscencias del pasado. Misterios de la mente.
    Un saludo.

  3. me gusto, y tengo en parrilla – para publicar en los proximos dias – un relato que me recordo a este, aunque maneja otros elementos, ya lo veras. sera sincronia?
    muy buen relato, para analizar una y otra vez.
    saludos.

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