Decidieron su destino

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E
ra una niña alegre y regordeta con un sueño, correr más rápido que nadie. Cada día pensaba hoy lo consigo. Pero seguía sin poder superar sus limitaciones y llegaba la última.

Su familia luchaba contra tal empeño haciéndole ver su escasa dotación física. Y ante sus protestas, le recordaban con crueldad que estaba gorda y que nunca lograría tan siquiera llegar la penúltima. Vano intentó, ella se encontraba perfectamente capaz de superar a sus contrincantes en cuanto cogiera su ritmo. Pero la familia con buen criterio le aseguró que la cantidad de carreras que necesitaría para lograrlo llenarían otra vida.

Al final hizo caso. Cambió sus deseos de correr por una abnegada vocación de curar. Se veía ya recorrer los pasillos con su blanco uniforme mientras los enfermos sanaban rápidamente bajo su mano.

Pero la familia hacía tiempo que había descubierto que dejar elegir no traía más que disputas y enfados. Lo mejor es que unos mandaran y otros obedecieran. En esto se basa todo sistema que se precie. Además de médicos y sanadores ya estaban bien servidos.

Así es que le plantearon la realidad distorsionada pero con claridad: lo poco que le duraban las mascotas, la facilidad con que mataba las moscas  y lo buenos que le salían los pasteles. Y a partir de ahí le presentaron como un logro suyo lo que los otros querían: la posibilidad de ser la perfecta cocinera. Además que su corpulencia y gordura le daban el perfil adecuado para andar entre cacerolas y fogones.

Incapaz de encontrar una réplica adecuada, la niña se dejó seducir por visiones de platos exquisitos, restaurantes de lujo y comensales agradecidos. Y se convirtió en la excelente cocinera de una familia de gourmets.

Con el tiempo, eras más difícil que alguien se negara a una comida familiar que tener que rogar la asistencia a un acto que en cualquier otra parte sería motivo de excusas a cual más improbable.

La comida anual preparada por la gordita cocinera se convirtió en un acontecimiento que congregaba a parientes alrededor de una mesa con más devoción que una cena de santo recuerdo. Traidor incluido.

Pero desde hacía unos años, cada comida traía unida la defunción de algún componente tras participar en el opíparo festín. Sin embargo, era tanto el disfrute, que nadie osó relacionar ambos acontecimientos y se dedicaron a las comilonas. Como colofón al espléndido banquete estiraban las piernas yendo al entierro de algún desdichado comensal.

Los años pasaron y de tan prolífica familia sólo quedó un superviviente y la oronda cocinera que puntual a la cita le preparó la esperada comida.

El comensal se relamió al contemplar los platos y por deferencia al esfuerzo la invitó a compartir la comilona. Sólo notó que la comida estaba un poco sosa. Y sin que ella se diera cuenta para no herir su sensibilidad cogió el salero y se sirvió en cada plato una más que aceptable cantidad de sal

Tras la comida la cocinera sonrió y levantándose se despidió para siempre de un pariente que empezaba a presentar un sospechoso color azul.

Éste asombrado de que ella fuera la causante de todas las muertes, con gesto altivo, aunque un poco tambaleante por la inminencia de la muerte le exigió una explicación.

-¿Cómo?

– En lugar de sal había arsénico.

– ¿Por qué?-pidió exhalando el último suspiro.

-Sabes, nunca pensé ser cocinera. Correr era mi sueño o ser una gran doctora. Pero por suerte la familia me abrió los ojos y me evitó  caer en el ridículo y la desesperación. Nunca se me hubiera dado bien ni correr ni curar.

Pero matar, se me da de muerte.

19 pensamientos en “Decidieron su destino

  1. Que tomen nota los papitos que deciden el futuro de sus hijos sin contar con sus deseos. Que tomen nota sus mayores, los enterados de pan duro y los consejeros.
    Menos consejos y más amigos, menos dictadores y más liberadores.
    Menos predicadores y más soñadores, menos censores y más libres escritores. Menos criticones y más Micromios, muchos más y a ser posible, contagiosos y dignos de imitadores.
    PD Yo también prefiero personajes perdedores, pero en ocasiones dedico relatos a modo de agradecimiento a seguidores y lectores. De paso pongo a prueba mis habilidades (Si las hubiere) de temas varios. Aunque a veces no sean bien recibidos o entendidos. Intento pintar a mi rollo, pero de vez en cuando construyo vírgenes del siglo de oro para demostrar hasta donde podría llegar.

    Un admirador incondicional.

  2. me gusta como venganza secreta y silenciosa, me gusta como encuentra su propio destino a partir de dos destinos negados, y veo mucha ironía al comprobar como el camino que la familia eligió para ella se acaba volviendo en su contra.

    Un saludo.

  3. Al final hizo lo que mejor se le daba. Está claro que de su familia, la cocinera regordeta heredó toda la astucia y la inteligencia, porque mira que no sumar dos más dos; blanco y en botella, leche:
    – Uy qué raro! ha muerto otro pariente después del banquete… qué extraña coincidencia. Antoñito, mamá, papá, la tía Mildred… – contó mentalmente la lista de difuntos – Ya van 10… ¿No te parece curioso? ¡Vaya mala suerte!… – se llevó la cuchara colmada a la boca – ¡Pero qué buenas están las lentejas, oye!

    Sigo explorando tu blog y me reafirmo en que tu estilo me gusta🙂

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