El señor Takumi

orquidees2

El señor Takumi llevaba una vida tranquila y monótona. Cada día realizaba las mismas acciones, como si su repetición constante y diaria le diera una seguridad que de otra manera hubiera sumido su existencia en un caos.

Desde hacía un tiempo comía en el restaurante Kitanoshi, lugar limpio y silencioso donde el cliente podía elegir los platos que circulaban infatigables sobre una cinta transportadora como si fueran la carta de un menú que no hacía falta leer ni recitar.

Cada día el señor Takumi se sentaba en el mismo taburete y observaba los platos. Él los seguía con interés y durante un rato meditaba sobre cuáles debería elegir, como si al hacerlo se sintiera poseedor de la libertad de realizar algo que no estaba predeterminado. Sin embargo invariablemente cada día acababa comiendo sus favoritos  nigiri sushi y  sashimi.

Con el tiempo su presencia en el restaurante y  el ritual de sentarse en su taburete,  observar y elegir siempre los mismos platos, se convirtió en parte del paisaje que poblaba el pequeño local.

Cierto día debido a una huelga de transporte, algunos platos escasearon. En deferencia a tan importante cliente decidieron dejar en su lugar sus dos platos favoritos  nigiri sushi y sashimi, evitando la posibilidad que alguno se adelantara y se quedara sin ellos.

Al llegar el señor Takumi miró sorprendido los platos que le esperaban. Tras observarlos durante un buen rato, se levantó y se dirigió a la salida. El dueño del restaurante fue rápidamente tras él y le pidió educadamente que le dijera por qué había rechazado los platos. El señor Takumi contestó:

– No es digno de mi persona un restaurante que me obliga a comer lo que ellos quieren sin darme la oportunidad de elegir.

6 pensamientos en “El señor Takumi

  1. está bueno. porque necesitamos la posibilidad de saber que estamos eligiendo, incluso si estamos predeterminados a elegir siempre lo mismo. son esos pequeños engaños que nos hacen sentir que somos seres autónomos.
    saludos,

  2. como dice g, es la “falsa libertad” la que nos hace felices, en el momento en que nos obligan a algo, nos lo imperan, en ese mismo momento pierde su atractivo y nos desagrada, aunque anteriormente nos encantase.
    porcierto, gracias por el comentario en mi blog micromios ¿cómo has llegado a él?.

  3. estoy de acuerdo con ambos, la posibilidad de que podamos elegir nos hace sentir libres aunque sea solo un espejismo.
    Supongo que llegué a tu blog via RSS o porque entré en la etiqueta relatos y me interesó. No sabría asegurar.
    Saludos

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