El edén

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En un jardín de exuberante vegetación la serpiente, enroscada en un árbol, aguardaba impaciente. Su lengua se movía inquieta rastreando el aire a la espera de localizar su presa. Eva se acercaba. Al detectarla, se aseguró de tener bien sujeta la fruta y la llamó con voz silbante.

Cuando tuvo su atención, de entre las hojas sacó una reluciente y roja manzana y se la ofreció. La mujer miró la fruta y rehusó comerla. Tenía otras frutas más apetitosas que saborear.

La serpiente sorprendida fue a contar lo acontecido a su amo. Este, rascándose la cabeza, pensó en como podría expulsar a la pareja de su paraíso. Entonces tuvo una idea: rehizo la historia y creó la prohibición.

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