Un mar de piedras

mar

Un mar de piedras se abría ante sus ojos. La dureza de la superficie era un anticipo de lo que le podía esperar en las profundidades. Pero él se crecía con la dificultad y se juró llegar lo más lejos que pudiera nadando entre las piedras.

Despojándose de su ropa se lanzó directo al lecho de cantos rodados que ante el impacto se apartaron lo suficiente para que pudiera dar unas brazadas.

Apenas si conseguía avanzar unas pulgadas debido a la dureza del medio sin contar el esfuerzo de mantenerse a flote.

Pensó en bucear pero desistió porque la arena se le metía por la nariz y le impedía respirar.

A punto de rendirse rebuscó en sus recuerdos y dio con la solución. Evitándole el esfuerzo de mantenerse a flote  avanzó hasta la otra orilla con la ayuda de un ligero flotador.

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