El plato de sopa

Este es uno de mis microrrelatos quasi autobiográficos: no me gusta la sopa.

El plato odiaba la sopa. Sólo de ver los fideos y albóndigas nadando por el caldo era superior a su aguante. Sólo la cuchara le hacía llevadero el suplicio al acariciarle la base mientras le liberaba de la repulsiva carga.

Un movimiento en la cocina le trajo un gran cambio: un nuevo dueño al que no le gustaba la sopa. Su alegría fue tanta que no le importó quedar relegado a un rincón del armario.

Pero con el tiempo una sensación de soledad se adueño del plato, nadie lo sacaba, nadie lo llenaba. Una frialdad le recorrió todo el esmalte. Y tuvo que admitir que daría lo que fuera por volver a sentir el calido aliento de un baño de sopa.

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