-Que no dure-

Ante ella, la playa no se extiende como un espacio infinito e inabarcable, simplemente es un poco de arena que se estira o se contrae de acuerdo con el vaivén de las olas. Como la vida misma. Le gustan las olas porque no se quedan, se largan y dejan un vacío sonoro y húmedo. Efímero. Lo que dura cansa es su lema, lo leyó en un libro que no ha terminado porque la cansó. El nuevo teléfono tiene una melodía corta, un sonido suave que se difumina en lugar de acrecentar el tono. El otro sonaba y sonaba hasta llenarle la mente de ruido. Lo dejó en el bar para que algun idiota se sintiera un super ladron. Permitir que otro se crea superior es lo que te hace fuerte, importante porque sabes que el otro no es sino tu títere. Solo porque la liberó de un objeto le dedica un pensamiento, corto que no dure.
Golpea la botella de plástico que le sale al paso. Está llena de un aire rancio y cuando la lanza al mar se rebela y regresa junto a ella como un perro trayendo gotas de agua. La mira pero solo una vez, la botella no tiene intención de dejarla por mucho que ella le de puntapiés.
Llega hasta unas rocas mal colocadas, parecen dejadas por el mar un día de resaca, se amontonan e impiden el paso. La arena es otra cosa, se adapta dócil bajo cualquier presión. Las rocas tienen entre sus grietas unas briznas de hierba que se conforman con pedir al cielo, que el agua que le envíe no tenga sal. Se sienta a observar el mar, el sol, la playa, la arena, las olas, las gaviotas y unas conchas con una agujero en el centro por donde se ha escapado el molusco que a estas horas estará lejos, en otra playa. Lanza la botella que vuelve sumisa sin apenas notar sus ganas de deshacerse de ella. Se levanta y cerca de la orilla, se apoya en la arena. IMG_7166Quiere dejar impresas sus manos, intenta que los dedos sean precisos, cinco aquí, cinco allá. Los borra descontenta y los vuelve a trazar, los repasa con una tozudería casi infantil. Y así hasta que se cansa y mira el mar que permanece joven mientras el mundo envejece. Vuelve a la tarea. Por fin queda satisfecha y se levanta. Las manos son pequeñas y por algún misterio las olas las evitan, se acercan hasta lamer la yema del dedo anular y se retiran rápidamente. Cansada da una última ojeada y se despide con sus manos de las manos que dejó en la arena. Lanza la botella al agua y se larga antes de que le siga, no quiere tenerla más a su cargo. Rehace el camino, ahora un poco más viejo. De lejos ve las manos que dejó impresas en la arena y sin que las olas lo sepan huyeron, cada dedo eligió su gota sobre la que cabalgar hacia ninguna parte. Sonríe, duraron tan poco que no ha tenido tiempo de cansarse de ellas. La botella, en cambio ahí está, moviéndose al vaivén de las olas pero sin ir a ninguna parte. Maldice el plástico y su duración, lo único que no consigue que sea una huella que el tiempo borre.

 

-Fe-

2A la señora Matilde las plantas no se le mueren nunca, ni en invierno. Al contrario que a la señora Clotilde que no le viven ni en primavera. Las dos mujeres son fervientes devotas de la virgen del Rosario y van a la rezar a la iglesia cada día, dos veces. Pero las plantas de la señora Matilde crecen y las de la señora Clotilde mueren. ¿Si las dos rezan el mismo espacio de tiempo a la misma virgen con la misma fe , por qué unas plantas viven y las otras se mueren? Para evitar escepticismos, se ha medido con un aparato que trajo uno que trabaja en la tele, la intensidad de las oraciones con que rezan las mujeres. Las dos medidas han dan el mismo resultado, ni un dios mío de más, ni una virgencita de menos. Las dos mujeres ponen la mismas ganas, pero las plantas están ahí, unas vivitas y coleando y las otras a punto de ser lanzadas al contenedor. La señora Clotilde humildemente le ha pedido consejo a la señora Matilde y esta sin dudar le ha dado el remedio: rezar y regar. La señora Clotilde ha rezado y regado, pero como no se fía ha rezado más y ha rezado más, y otra vez por si acaso. Ha rezado tanto y ha regado tanto que las oraciones y el agua han salido por debajo de los tiestos y aún se ha quedado algo por las hojas. Pero el misterio continua y tras el rezo y el riego se ha muerto incluso el cactus. El cura  ha decidido tomar cartas en el asunto ya que se ha visto a la señora Clotilde entrar en la tienda del extranjero, la que vende fertilizantes y salir cargada de bolsas. Y ayer ya no vino a rezar.

-Milagros-

Empecé a crecer el 13 de marzo de 2001. Con 55 años cumplidos. Fue tras la visita del predicador al centro social. Todo sucedió tan rápido, como si un día acudes a ver lo que dice un tipo que tiene línea directa con dios y al otro tienes que alargarte el pantalón. Es cierto que no me vino mal, un metro 55 cm no dan para mucho, sobretodo si eres un hombre. A las mujeres se les permite ser de la talla que quieran, sino que le pregunten a la señora Smith que mide un centímetro menos que yo y me mira por encima del hombro. Yo llevaba toda la vida con la medida exacta para ser considerado normal y ahora crezco cada cierto tiempo. No hay duda, fue después de que el predicador apareciera por el centro el mes de marzo del 2001. La sala estaba llena a reventar y me eligió a mi. Levantando el dedo me señaló. Yo no lo vi, me lo dijeron los que estaban a mi lado. Es que yo no fui por lo de medir un metro y medio, fui por la vista. IMG_9026Tengo unas 20 dioptrías, en el izquierdo menos aunque gasto el mismo cristal para los dos ojos. Si no das mucho trabajo a la óptica con lo de dos graduaciones te convierten en un cliente ejemplar. Pequeño y miope no era lo que se dice un galán de cine, así es que fui a ver. A ver es una manera de hablar porque me quité las gafas y no atiné a distinguir los rasgos de la cara del predicador con claridad. Solo recuerdo que me guió al escenario y me ordenó que no dijera nada, que él tenia la suficiente gracia de dios para leer en mi mente cuál era el dolor que me atormentaba. No dije nada, lo juro. Y ahora crezco, quizás dios entendió mal el mensaje o mi mente no se lee con claridad pero lo cierto es que he crecido casi 30 cm, he cambiado de talla y ya no necesito ponerme en primera fila para que reparen en mi. Pero ver, lo que se dice ver, cada vez menos.

-Gigantes y pequeños-

El día se enciende como una pantalla gigante, tecnicolor de primera. Azules, blancos y otros colores más tímidos, parecen recién sacados de la paleta de un pintor optimista. Cuán diferente no resulta de ayer, una mañana en grises, de aquellos grises que no sirven para colorear la normalidad mediocre, sino para deprimir. Los pájaros se despiertan en tromba, todo el cielo para nosotros canturrean alegres. El jilguero repinta su franja roja, el petirrojo enrojece su pecho, incluso la abubilla sacude los marrones, un poco de calidez para compensar tanto azul. Todos se piden ser protagonistas de un día que no necesita de nada, ni siquiera de un número en el calendario para ser un hermoso día. Mientras unos y otros rivalizan por una corriente de aire, un ruido sacude el aire. A lo lejos, un avión se sube y baja inquieto perforando las nubes, un tiburón rígido y majestuoso. IMG_8343Los pájaros aterrados y se quedan quietos, sumidos en un silencio mezcla de envidia y miedo. El avión indiferente se adueña del cielo y pinta un rastro de líneas blancas que pretenden ser renglones, sobre las que el cielo debe escribir un verso. Pero el cielo se niega y los pájaros no se atreven, están absortos observando las acrobacias del gigante. Entre tanto subir y bajar una voz metálica autoriza al avión a aterrizar en el aeropuerto cercano. El gran depredador a merced de una voz metálica se ríe el jilguero mientras se repinta el rojo y el petirrojo sopesa si pintarse de azul. La abubilla mira el avión que se larga con las líneas detrás vacías, sin un verso. Quien lo iba a decir, pedir permiso para aterrizar se burlan los pájaros, ellos tan poca cosa y aterrizan y emprenden el vuelo siempre que quieren.

-Confesiones de un patito de plástico-

El patito de plástico mira el mundo desde la repisa del cuarto de baño. Es amarillo, del color que pintaría un niño si le pidieran que pintara un patito de plástico. Tiene los ojos negros, rodeados de unas pestañas largas que van mas allá de los confines de los ojos, pestañas de niña adolescente que se por primera vez se maquilla. No tiene pico sino unos labios rojos, de un rojo cuarentón sin nada que perder. Alguien se empeñó en darle un aire siniestro y tiene clavado dentro del ojo izquierdo, un alfiler. Se sospecha del padre en un arranque de celos, pero queda por confirmar y el patito ni afirma ni desmiente.DSCN0748
Este contraste de colores parece querer contentar a todos los miembros de la familia o que nadie piense que queda excluido del amable propósito del patito de plástico. Incluso el ojo con piercing.
Si le preguntaran, el patito confesaría que detesta el color amarillo, no puede con él. El rojo aún, el negro le es indiferente, pero el amarillo no. El quiere ser de color plástico, como el niño es de color carne o el jabón de coco de color blanco. Si pudiera, se lavaría a fondo hasta quitarse la forzada luz de un color que debe toda su potencia a que alguien pintó con él sol. Si el sol fuera verde menta, seguro que el amarillo hubiera desaparecido del mapa de los colores. Pero el patito sabe que tiene que apechugar con el amarillo como el semáforo con el naranja. Y lo peor es que aunque pudiera, no se ve capaz de quitarse el color, porque más que el amarillo detesta el agua jabonosa que se le mete por el agujero y le llena la barriga de gases, casi parece que tiene intestinos, pulmones y dios nos libre, un latente corazón. Por nada del mundo querría tener en su interio,r algo más que el vacío perezoso, la nada llena de aire que se expande y se contrae como el universo.
Si pudiera, el patito se arrancaría la piel amarilla y sellaría el agujero inferior pero desde la repisa del cuarto de baño solo tiene ánimos para mirar el mundo y rezar para que hoy el ayuntamiento haya vuelto a cortar el agua.

-Por los suelos-

Salgo de casa y a lo largo de la calle las baldosas se extienden hasta que me alcanza la vista. No sé si será su objetivo, pero convierten mi mundo en un laberinto de formas cuadradas y redondas por donde me es muy difícil vislumbrar la salida. Golpeo el suelo, no me atrevo a caminar sin que las baldosas se den cuenta que soy yo la que va por allí y me ignoren. Un golpe más fuerte y noto como ellas se endurecen, es la manera especial que tienen de reconocerme. No lo digo porque sí, sino porque al golpear, mis pies tienen una respuesta IMG_2777contundente en forma de dolor en la planta, una respuesta abrumadora para mi simple llamada. Pero me complace saber que me tienen en cuenta puesto que, no soy algo que se desliza sin forma sobre los cuadrados monótonos y los círculos concéntricos igualmente monótonos, soy yo y por esto me duelen los pies. Los pies por fin tienen su protagonismo, me mantiene aferrada al suelo, tan lejos de mi cabeza siempre en las nubes. Por supuesto, tengo una sola cabeza y dos pies, pero no compensa el que sean doble, mi cabeza seguirá siendo más importante aunque me salgan dos pies más y los pies los saben. Por esta razón se rebelan pisando cada cierto tiempo o espacio, no creo que los pies los distingan, una piedra afilada y mi cabeza reacciona, me duele para no ser menos. Aunque no sea más que es el dolor de los pies que se instala en mi cerebro y me confunde para que los tenga en cuenta.
El suelo con sus baldosas uniformes y cuadradas no tiene dolor, al menos un dolor que levante olas, lo que si tiene es un descontento y por esto va dejando que los bordes se les escapen y me duelan metidos en las suelas de mis zapatos.

-La mandarina

A primera hora de la noche las sombras se alargan por la acera que se extiende paralela a la pared de claustro de la catedral. Dos hombres de edades sin números en común, deambulan observando las piedras que a aquella hora ya se disponen a descansar de las miradas curiosas. El joven observa los árboles que le salen al paso llenos de hojas oscuras, sin el brillo del color verde húmedo y oloroso. No sabe bien si son naranjos , no hay frutas que lo certifiquen y las hojas son tan iguales a otras hojas. El mayor, que ha vivido bajo naranjos con frutos de verdad, huele el aire y jura por el cómic que compró a instancias del amigo joven que son naranjos. El joven asiente, ya lo había pensado antes de la confirmación y esto le llena de un orgullo insolente como de espuma de cerveza. El mayor amparado en la oscuridad, lo mira con condescendencia, sabe que la opinión que tenía el otro de que eran naranjos, no era más que una imagen mental que él le había enviado. Lleva días con una idea rondándole por la cabeza, si están de acuerdo en algo es porque él le envía ondas al cerebro y el otro reacciona asimilándolas y creyéndolas suyas. IMG_6582
-Vamos al puerto- dice el mayor harto del olor sin imagen de una naranja. Mientras se lo pide en forma de orden, mira su teléfono y busca alguna aplicación para llegar sin problemas. Quiere seguir siendo el que guía la pareja sin que se note.
El joven cierra los ojos.
-No quiero ir al puerto. Para qué si solo hay grandes yates y algún barco sin marineros de jersey a rayas y gorra con pompón.
El mayor suspira y le envía ondas mentales de mares embravecidos y playas con palmeras de postal.
-Pero el mar va y viene y trae recuerdos de otras gentes dignos de ser tuyos- insiste.
El joven rehúsa, ahora con menos fuerza. Es por las imágenes que le envié se autoconvence el mayor.
Una mandarina que perdió la maratón de caídas el día de viento aterriza sobre la acera con ruido discreto. La piel se abre y deja salir un líquido que, con la escasez de luz puede pasar por sangre o por sirope o por refresco sin gas. El joven apoya el pie en la mandarina herida y acaba con el sufrimiento dejando todo el zumo esparcido por la acera.
-No era un naranjo- recrimina el joven mientras golpea la mandarina que acaba en el medio de la calzada.
-Bueno son de la misma familia ¿no?
El joven observa la mandarina que ahora no es más que una mancha olorosa.
-Vamos al bar, apetece un zumo de naranja.
El mayor que repliega las ondas que enviaba a su compañero y su cabeza se llena con sabor suave de un zumo de naranja recién exprimido