Me gusta la oscuridad. Estar tumbada en la cama a oscuras, sin que la luz distorsione la percepción de mi realidad, sin que nada excepto mi cuerpo y yo estemos en comunión. Me gusta sentir el hormigueo bajo mis pies, la rotundidad de mis pechos, el palpitar de mis sienes, la pesadez de mis piernas tras la jornada. Todo ello guiado por la uniforme sincronía de mi corazón que poco a poco me conduce a la placidez relajante del sueño.
No me gusta que me digan qué le falta y qué le sobra a mi cuerpo. Qué modelo ha de guiar mi existencia corporal para reconocerme como parte de la masa. No me gusta que mi cuerpo sea mi enemigo. No me gusta romper la harmonía entre lo que soy y como soy, ni crear una batalla permanente entre mi interior y mi exterior a la que los medios dan munición.
Mi cuerpo es mi compañero, mi soporte el caparazón que me envuelve y me permite ir por el mundo sin pedirme más que lo acepte y lo cuide. Mi cuerpo es lo más hermoso que poseo y que me acompañará fiel hasta el último día.
Totalmente de acuerdo. Un saludo
Me alegro por ello.
Salut
OK Maica,estoy contigo.Chao