-Me gusta el ocaso-

Me gusta el ocaso,
cuando el sol y las montañas parecen jugar a los bolos.DSCN1162
Cada tarde, el sol sale derrotado y la tierra
consigue su propia sombra
sin que ninguna luz le estropee el momento.
Es un instante especial,
aquel en que la luz deja de tener protagonismo
y por un momento la oscuridad asoma nerviosa,
piensa que es su oportunidad,
pero no se decide.
Esta fina línea en la que luz y sombra dudan
es para mí
el momento culminante del día.

-Más que lunes-

Cuántas cosas no se habrán intentando para que el lunes caiga mejor a la gente. Pero que yo sepa, hasta ahora ni una ha dado el fruto esperado. De todas, quizás la acción que ha tenido más éxito es nombrarlo oficialmente el día de la luna. Es bien sabido que la luna, quizás porque no tiene luz propia y se ha de conformar con ser un simple espejo, cae bien. mucho más que el sol. El pobre sol, con todas estas catástrofes que le endilgan, que si cáncer de piel, que si llamaradas destructoras, que si destructor de la capa de ozono…cada vez tiene peor prensa. Sea como sea, la gente prefiere la luna. No solamente el hombre lobo se fija en ella para saber cuando tirarse de los pelos, sino que muchos payeses miran el cielo por la noche para saber cuando plantar los ajos y las cebollas. Aunque es cierto que si es lunes no les importa porque la luna acapara toda su atención.10653831_10201942487838481_6622187290372308032_n
Como decía, con la intención de mejorar la imagen de un lunes gris (los que son puente festivo no cuentan) lleno de trabajo atrasado le decidieron que lo mejor era considerarlo el día de la luna. No solo aquí sino que también en Francia lo llaman lundi. O en Inglaterra, Monday. En Alemania también, Montag y en un montón de países. Sin embargo los japoneses lo llaman Getsuyōbi que no tiene nada que ver con la luna. Luna en japonés se llama Mūn. Creo que no les hubiera costado nada llamar al lunes Mūnsuyob pero no debemos tenérselo en cuenta dado que son el país del sol naciente y seguro que no quisieron hacerle un feo.
Una vez me concentré tanto mirando la luna un lunes por la noche que me dio por pensar qué día le hubiera gustado ser al propio lunes. Y me pareció oír una vocecilla muy humilde que decía que a los lunes no les gustaría llamarse de otra manera ni estar en otro lugar. Solamente pediría que el día después de domingo fuera también domingo.

-Más que nube-

Hoy he visto una nube deshacerse encima del mar. Nunca he visto desformarse una nube, aunque a veces he sido testigo de la vibración ondulada del aire caliente, la que se eleva transportando minúsculas gotas que suben, vuelan y se retuercen para caer imparables hasta encontrar otra vez el suelo.
Al amanecer la tormenta arreciaba, los nubarrones como barrigas preñadas se preparaban para un parto de miles de gotas. Todo era de un gris duro en el que destacaba una pequeña mancha blanca. Era la nube y parecía luchar por desparecer antes de ser convertida otra vez en mar. Desdeñaba la posibilidad de ser sal y prefería perderse en un suspiro transparente, en un tul y pasar por encima de aquella tormenta que rugía como un afortunado monstruo. IMG_3943
La nubecilla poco a poco se deshizo como los jirones de tiempo pasado que no conservaban recuerdos. Me hubiera gustado sentir en mi piel este desvanecerse, el convertirse en nada y sin embargo existir.
No murió la nube, solo se transformó. Pero por un momento no fue nada, ni nube ni gota, solo un estado latente que será pero no es.
Ser pero aun no ser, tiene todas las posibilidades encerradas en un pensamiento. El espacio de la nada, donde todo existe y nada es. Un estado puro, en el que caben las esperanzas, los objetos que se quedaron en ideas y el futuro que lucha por no caer en el mar del olvido.

-Miniratos-

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Sentado en la mesa, comiendo su mazorca de maíz lejos del calor del fuego el espantapájaros observaba a través de la ventana como un hombre clavado en el suelo cerca de la huerta se esforzaba por hacerse amigo de unos grajos.


Siempre anduvo sobre las huellas que otros habían dejado. Siempre siguió el camino que otros habían trazado antes que él. Nunca se aventuró a buscar uno nuevo. No por miedo a perderse, sino por miedo a que nadie le siguiera.


Vive en el ocho de la calle real. Es real no porque la realeza se dignara un día pasar por allí sino por la realidad de sus gentes y sus vidas que dan para mucha literatura y ficción.


Uno de los placeres del verano es llover estando dentro del mar. Con el cuerpo entre dos aguas, una parte dulce y otra salada, te conviertes en sirena.


A lo largo de la semana fue comprando los ladrillos. Los acarreó en las bolsas de la compra pero era muy delgadas para tanto peso y se le rompían. Los ladrillos caían al suelo y había que meterlos en otra bolsa que también se rompía. Daba la sensación de que las bolsas sabían para qué los compraba y se negaban a participar.


Durante la noche los copos de nieve convertidos en palabras blancas escribieron una historia fría sobre los tejados oscuros. La mañana se sorprendió de tener tanto que leer.

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-Rebeldes-

Uno de los infinitos puntos de la circunferencia se rebeló contra la ley que le obligaba a permanecer equidistante del radio. Su primera acción fue solo un pequeño e imperceptible estiramiento pero fue suficiente para descolocar el perfecto arco de la curva. Al darse cuenta, la tangente le llamó la atención e inmediatamente fue obligado a volver a su lugar. Había que evitar a toda costa mostrar otros caminos a los influenciables puntos, que permanecían atentos, muy pegados os unos a los otros para no sobresalir ni romper la monótona armonía del arco.IMG_5719
Pero el punto era tozudo y en cuanto tuvo oportunidad, volvió a intentar el estiramiento. Este intento lo llevó una milésima más lejos que la vez anterior. Un logro que se acrecentó al notar que un compañero le había seguido en la aventura. Ahora no estaba solo. La represión de la tangente fue mayor, no solamente había roto las normas sino que había arrastrado a otro en su mal proceder.
La noticia de que un par de puntos habían roto la disciplina circular se propagó por la circunferencia y alentó a otros puntos a intentar el estiramiento. Al rato un movimiento se extendió por toda la longitud creando un caos armónico de puntos que se movían y volvían a su lugar con una eufórica sensación de libertad.
Pero la sensación duró lo que dura un suspiro cuando el radio, cual látigo represor, golpeó fuertemente la superficie del círculo llamando al orden a los díscolos puntos. Todos volvieron a su lugar sin oponer resistencia.
Pero de cuando en cuando, se corre la voz y un grupo de atrevidos puntos forman una esquina de ángulo perfecto y sueñan con que un día el mundo será cuadrado.

-Porto-

Siempre me sucede que las ciudades, como las personas, son distintas a como me las habían presentado. Si las escucho, me abren su interior y me muestran que en ellas late un corazón de piedra, de agua, de historia.
Al igual que las personas, algunas se anclan en el pasado, otras están tan llenas de futuro que parece que no saben a donde van, y unas pocas permanecen dormidas esperando el beso del príncipe. Pero hay una que se mueve, gira como un carrusel y si te embarcas, puedes disfrutar de ver rodar el mundo. Como Porto.IMG_5292

Caminado por Porto sientes que algo te invita a cruzar su propia historia por los distintos puentes. Notas como compiten por llevarte más alto, más lejos, más seguro para volver al lugar de donde partiste cerrando el circulo y navegando por un río que, como una sonrisa, se alarga por la orilla perezoso.
El único que parece estar confundido mientras va y viene es el sol. Y lo demuestra lanzando guiños que las baldosas de las fachadas se apresuran a devolver. Esto lo desconcierta. No es una, sino que son cientos, las que brillan a su paso y él no sabe cual de ellas elegir. Todas son tan hermosas cuando le miran con sus ojos de colores que él mareado, prefiere dirigir sus rayos al Duero. Allí, entre las discretas olas se siente a gusto y se mece, hasta que la tarde con sus prisas le lleva lejos donde la niebla se baña y las gaviotas ya no lanzan gritos de protesta a los turistas.
Por una vez el rio vence al mar y yo me descubro viajando en un puente sin pasado ni futuro con una copa de Oporto en la mano. Tan antiguo como las arenas, tan nuevo como la niebla, tan brillante como el sol y tan suave como el agua que le acoge en su orilla.

Porto se mueve. Subida en sus puentes he viajado al lugar desde el que regresas con un equipaje lleno de reflejos de baldosas, de colores suaves, de caras alegres y con el sabor dulzón y antiguo del mejor vino de Oporto.

-Casas-

Cuando era pequeña pensaba que las casas se morían al quedarse vacias. Siempre que una casa era abandonada, abría puertas y ventanas como si le faltara el aire. O como si lanzara gritos para que entrara alguien y la volviera a ocupar a costa de dejarse arrancar baldosas y mosaicos o clavar algún cuadro.
Con el tiempo he visto que a las casas no les gusta la soledad, prefieren la aglomeración, la gente entrando y saliendo, el bullicio festivo de un día en la ciudad antes que la tranquila soñolencia de una tarde de verano en un pueblo cualquiera. DSCN1943Las casas necesitan personas que respiren y coman y se peleen en su interior. Porque al estar vacías se llenan de bichos ruidosos. Y antes que plantas trepadoras que se meten por todas partes les gustar tener colgado, aunque sea un calendario que regale una innecesaria y fría puestas de sol. Tener una puesta de sol en la pared hace luminoso el comedor. Más que una enredadera salvaje que se pelea con un rosal por ver quien tapa primero lo ventana y no deja entrar la luz.
La soledad de las casas se acaba cuando alguien las ocupa para estar solo. Se acabó el aislamiento, la casa se convierte en morada y se siente feliz aunque el solitario sienta la soledad más asfixiante y polvorienta.
La soledad de los bloques de pisos se lleva mejor aunque es más triste. Ver un edificio alto, cubierto de un vacío de ventanas abiertas es más sorda que la soledad de una casa sola, en medio del campo. Las ventanas no tienen que ver como las demás se vuelven agujeros abiertos, sólo ven el aire que entra y piensan que hay demasiado sol y poco ruido. Por esto dejan entrar a los pájaros y los bichos, porque no pueden soportar el silencio.
Las casas abandonadas primero pierden las tejas como los pelos que van cayendo dejando la cabeza a merced del sol que se mete hasta el fondo y se cuela por las vigas. Tanta luz no es buena y se hunde mostrando una herida abierta para que el calor se desquite por no haber podido entrar antes y seque su corazón.
Hay gente que tampoco es que tenga mucho corazón pero tienen dos casas. Vivir en dos casas es como tener un desdoblamiento de personalidad y necesitar un espacio para cada una. Una casa cuando eres sociable y otra para cuando quieres estar solo. Es como ser bígamo de casas. Pero a ellas no les importa, mientras haya personas que respiren y coman y se peleen en su interior.