Micromios's Blog

Febrero 8, 2010

-Bostezos, nuevas tendencias-

Archivado en: Absurdo, Cuento, Extraño, Ideas, Ironía, Literatura, Mi mundo, Reflexión, Relatos — micromios @ 12:36

François De Pré en la entrevista concedida a la revista Vogue afirma que se ha propuesto revolucionar el mundo del bostezo:

-Hay que renovar los bostezos clásicos que considero pasados de moda. Qué interés puede tener bostezar por caerse de sueño, ninguno. Simplemente gritar a los cuatro vientos que eres un pobre trabajador y ya es hora de irse a la cama.

Los bostezos de hambre también es necesario erradicarlos, denotan mal gusto. Quién encuentra interesante en  saber que estás hambriento. Y cómo puede uno atreverse a poner al otro en el dilema de darte de comer- sentencia.

-Los únicos que me inspiran de verdad son los bostezos por aburrimiento. Estos tienen tantas posibilidades. Aburrirse mientras sucede algo divertido e interesante, demuestra una personalidad capaz de mucho. Bostezar ante cualquier manifestación cultural está muy unido a la contracultura. Hay que crear una nueva cultura diferente en la que se pueda bostezar o mejor crear una con su bostezo incorporado- cree convencido.

Aunque considera el mejor, el más seductor, el máximo exponente de éste, para él incipiente arte, el bostezo fingido aunque en ocasiones podría considerarse disuasorio.

-Es un mundo a explorar lleno de sutilezas que precisan de la participación activa del autor. Es una completa performance. Si la actuación es correcta  tiene un valor añadido: despedir invitados indeseados, quitarse de encima novios o novias sin decir palabra y pasar de empleos no remunerados- Dice convencido.

Un capítulo aparte es el  dedicado a la parte física del acto. Quiere transformar la apertura y sonoridad del bostezo. Piensa combinar los bostezos con la boca muy abierta con los bostezos que apenas la abren modulando  bien el sonido.

Y sin ningún problema bosteza ante la mirada complacida de los periodistas que acudieron a la rueda de prensa.

Para más información ha creado su propia página y en ella enseña el rudimento del nuevo orden del bostezo. Pero en la versión de luxe te pone al alcance de la mano un mundo nuevo donde el bostezo es el rey.

Febrero 6, 2010

-La verja: ser o no ser-

La verja rodeaba todo el perímetro de la propiedad. Era una verja un tanto oxidada rematada en unas picas que le daban un aspecto fiero y amenazador. Lo que destacaba en ella era la puerta, más alta y con la posibilidad de abrirse y cerrarse. Un hecho que acentuaba el desasosiego de la verja que con el tiempo había creado una crisis de identidad que no la dejaba realizar con acierto su función

Confundida miraba entre los barrotes pero por más que observaba, éstos se negaban a dar respuesta, sus esbeltas líneas se preocupaban más por su rectitud que por decidir cual era su misión.

- ¿Soy un carcelero y no permito que escapen o una frontera que no dejo que entren?- Se preguntaba dándole vueltas una y otra vez a la respuesta.

Cada vez que la chirriante puerta se movía  acentuaba su desconcierto:

-¿Me abro para dejar entrar o me abro para dejar salir? ¿Estaré impidiendo la liberación de un cautivo o consiento la fuga de un peligroso delincuente?

Una angustia vital se esparcía por todas las picas de la entrada.

Mientras se debatía entre ser o no ser, el viento la zarandeaba y la empujaba más allá de sus goznes.  A veces si no tenía cuidado una furia inconsciente la llevaba a golpear contra si misma en una especie de suicidio provocado.

La lluvia era la única que le daba cierto respiro, nadie la molestaba mientras sus gotas se estrellaban inocentes contra sus miembros de hierro.

Sin ella sospecharlo, un hecho fortuito la liberó de su crisis y angustias. Uno de los barrotes alineados en perfecta formación fue doblado permitiendo entradas y salidas sin que la verja tuviera ninguna participación en los acontecimientos.

Por fin fue despojada de toda responsabilidad. Dejó de ser frontera o cárcel para convertirse en una hermosa verja de hierro que adorna con sus elegantes barrotes el perímetro de una gran propiedad.

Febrero 3, 2010

-El viento y la furia-

Archivado en: Cuento, Extraño, Fotos con historia, Literatura, Microrelatos, Relatos — micromios @ 14:12

Este es un texto que surgió de la conversación que tuve con David, a estas alturas no hace falta comentar lo buen escritor que es, pero lo digo por si acaso. Estaba él sufriendo el calor que desprendían las aspas de un ventilador y yo acurrucada al lado del radiador helada de frío. Pensamos que era curioso y comentamos cuan diferente era el clima. Una cosa llevó a la otra y se nos ocurrió escribir sobre el viento que lleva y trae las ideas de un sitio a otro.
Yo soy más de agua, pero haciendo un esfuerzo escribí este texto, que siendo alocado como es el viento creo que es de los más “cuerdos” que he escrito.
Igual que con la escalera os invitamos a escribir vuetros textos, que no ha habido mejores en toda la blogosfera.

Afuera el viento empezó a soplar con furia. Apenas oyó el golpeteo de la persiana del balcón, se sacudió el entumecimiento de la rutina en la oficina familiar y escribió la carta. Al finalizar abrió el cajón, cogió la  gorra de capitán con el  ancla de la suerte que  le bordó su madre y volvió a sentir que era algo más que un parásito cobarde.

Con la gorra bien calada fue a buscar la barca dejando atrás el yugo de una vida que no sentía suya para batirse con el indomable viento. Éste pareció que aceptaba el reto y lanzó su rugido más salvaje despertando a las olas que golpearon la barca como frenéticos tambores mientras él soltaba las amarras y se aferraba al timón.

Dejó  atrás el mundo y salió a probar que la muerte era un juego que si perdía, moriría estallando de vida. Era una paradoja que cuando más cerca estaba de morir más vivo se sentía. Y entonces cerró los ojos y se vio lejos, en otro tiempo navegando sobre un desierto de arena a lomos de un invisible corcel.

Y mientras sentía el alma libre escupió por la borda todo el veneno que guardaba en su interior  igual que  lo había hecho en la carta que había escrito antes de zapar. En ella dejó fluir su rabia y le dijo a su padre cuanto lo odiaba por ser tan miserable, por preferir a su hermano, por hacer desgraciada a su madre. Le espetó a su hermano que se reía de sus aires de grandeza, de su mezquina generosidad. Le confesó a Elvira que la amaba, que no importaba que se hubiera casado con su hermano, que un día…

Y le gritó a todo el mundo que él era el único que se atrevió a salir mientras los valientes se quedaron atemorizados oyendo el rugido. Él, el cobarde, se había echado a la mar.

Con el timón en la mano el mar le elevaba y le hundía.  Luchando contra las olas fue más adentro hasta encontrar  la sirena  que le susurraba que dejara ganar al viento y ella a cambio le llevaría al ansiado desierto de arena donde el invisible corcel le esperaba. Pero él no era un cobarde y apartando la tentación luchó contra todo hasta conseguir regresar vencedor al puerto.

En el muelle su padre le recriminó su insensatez con gritos y desprecios. Su hermano le echó en cara ser tan alocado y asustarlos a todos. Y Elvira escondió el llanto bajo un velo de indiferencia.

El viento era el único que le dijo lo que quería oír: algún día…

Tras la aventura, exhausto pero más vivo que nunca  rompió la carta. Y cerrando los ojos subió al invisible corcel y se prometió …algún día.

Enero 30, 2010

-Fue un accidente-

Archivado en: Cuento, Extraño, Fotos con historia, Literatura, Monstruos, Relatos — micromios @ 01:43


Tuvo el accidente en mayo al volver de una velada agradable con sus amigos. Había bebido sí, pero no tanto como para dejar de conducir. Y en una recta sin complicaciones de la N-340 fue a dar contra el maldito árbol que estaba allí sin nada que aportar al mundo.
A consecuencia del golpe tuvo una fuerte contusión en la cabeza y el coche quedó maltrecho. Sin embargo la peor parte se la llevó el árbol que se partió en dos esparciendo hojas y madera por toda la calzada.
Se recuperó rápido y siguió con su vida.
Al principio creyó que eran imaginaciones suyas pero cuando vio la tercera astilla clavarse en la cara del amigo no pudo seguir ocultando la evidencia: cada vez que hablaba, de su boca salían astillas de madera. Surgían disparadas como pequeños dardos que no paraban quietos hasta dar contra algo que estuviera en su camino. Y la cosa fue a más sin que él pudiera remediarlo.
Avergonzado, veía como la gente le saludaba de lejos o se tapaban la cara si tenían que acercarse a darle algún recado. Con la boca apretada correspondía a los saludos o poniéndose la mano delante soltaba la menos cantidad de palabras para responder a preguntas o comentarios.
Y sin saber qué hacer decidió dejar de hablar hasta solucionar el problema.
El primer día sin habla le dejó fatigado, no sabía qué le ocurría y no podía contar con que alguien escuchara sus quejas. Al abrir la boca para bostezar una cantidad de astillas, las que se habían acumulado durante toda la jornada, salieron en tropel clavándose en colchón.
El segundo día fue peor. Sentía el cuerpo endurecido. A cada rato escupía las astillas que encontraba en su boca pero era inútil. Otras astillas ocupaban el lugar de las anteriores y su boca volvía a estar llena. Apenas si podía tragar algo de líquido.
El tercer día no pudo salir de la cama, las piernas se negaban a realizar ningún movimiento. Se quedó mirando el techo escupiendo astillas sin parar.
Y a partir de entonces ya no se movió. Todo su cuerpo se fue llenando de pequeñas astillas que iban saliendo de su boca hasta envolverlo como una fina mortaja.
Encontraron su último deseo escrito en una hoja de árbol que nadie supo como había llegado a su poder.
En la carretera nacional 340 en una recta sin complicaciones fue plantado un extraño árbol. Hay quien asegura que puede hablar si acercas el oído a la corteza aunque el precio por comprobarlos es que unas astillas de madera aparezcan clavadas en tu oreja.

Safe Creative #1001265384958

Enero 28, 2010

-12 escaleras-

Archivado en: Cuento, Literatura, Relatos — micromios @ 14:53

Gracias a una idea surgida durante una charla, la escalera por un tiempo ha dejado de ser lugar de paso para convertirse en protagonista de 11 historias, 11 visiones distintas que la han vestido con ropajes de todos los colores. Por ellas han transitado recuerdos, pesadillas, monstruos, perros y personas sin que ninguna se considera otra cosa que distinta de las demás.
Una sencilla escalera ha hecho posible que diez blogs subiendo y bajando por la red crearan por un tiempo un espacio común.
David y Carme os dan las gracias a todos por secundar su idea y sobretodo por ser tan buen@s escribiendo historias.

Las 11 escaleras:

De puntillas

La escalera roja
En la escalera
La escalera
La carta
Cocktail
La escalera del fondo
Subir y bajar
Donde nacen las ideas viven las pasiones
El monstruo de la escalera
La escalera
El club

Enero 26, 2010

-Arroces-

¡Estoy harto! Exclamó el grano de arroz. Su tolerancia había tocado techo y ya no estaba dispuesto a aceptar más tipos raros.
Había pasado por momentos muy malos. Primero con sus compatriotas, todos compitiendo por ver cual era más blanco, cual retenía mejor el caldo y rechazando compartir mesa con los que no se habían quitado del todo la cáscara. Al final llegaron a un consenso, se distribuyeron los platos y se acabaron las discusiones aunque entre el arroz bomba y el de grano redondo aun hay ciertos roces.
Después vinieron los arroces orientales cargados de perfumes exóticos y considerados más sanos. De qué más sanos. Lo único de que podían presumir era de ser más caros pero a la hora de la paella se hacían los estrechos y no se llevaban bien ni con la carne ni con el pescado. Sólo tenían cierto trato con algún vegetal. Gracias a la mediación de unos piñones, unas pasas y unas setas de importación aceptó compartir con ellos algún plato.
Lo último que tuvo que aguantar fueron los arroces salvajes. Cuando los conoció, no pudo con ellos. Largos y negros o de colores imposibles parecía que se iban a comer el mundo. A la hora de la verdad resultaron difíciles de cocer y acabó admitiéndolos porque a su lado parecía más blanco. Además había notado que tras una ración de arroz salvaje la gente volvía corriendo a buscarle para preparar un rissotto o una paella de marisco.
Pero hoy se ha hinchado y ha gritado que por esto no pasa. Mira que ha tenido que aguantar carnes anabolizadas o pescados de criadero. Pero se niega a compartir nombre y condición con un arroz transgénico. Si alguien quiere convertirse en un mutante que lo haga pero a él que no lo toquen. Ya tiene bastante con pesticidas, con ranas y con mosquitos atigrados.
Si siguen por este camino emprenderá una huelga de hambre hasta las últimas consecuencias.

Enero 23, 2010

-La visita-

Archivado en: Angeles, Extraño, Fotos con historia, Mi mundo, Microrelatos, Monstruos, Relatos — micromios @ 02:39


-Vamos entra. Se está bien aquí. El sol hace que todas las lápidas se vean hermosas.
-Sí, me muero de ganas de entrar-comenta Doña Elvira, su abuela, con ironía.
Van a pasar la tarde visitando el cementerio. Ha sido idea de Marta. Piensa que ya es hora de que su abuela dé el paso definitivo. Cinco años de convivencia han minado la relación. Si no se muere, la mata.
-¿Qué te parecen estas flores?
-¿Son de plástico no?- doña Elvira arruga la nariz.
-Son baratas y duran.
-A mi me gustan naturales. Incluso marchitas tienen su encanto.
Marta piensa con esperanza que su abuela está bastante marchita.
-Mira. Vaya ángel. Qué guapo. Sería hermoso que te acompañara durante toda la eternidad- fantasea Marta.
- No sé que decirte, tiene un aire raro así de perfil. Vamos por allí que hay un mausoleo. Los mausoleos dan prestigio a los que los ocupan.
-Un mausoleo es decadente.
- Al menos tienen espacio. –Doña Elvira piensa en su cuartito y suspira.
Y se pasan la tarde contemplando tumbas. Marta cada vez más entusiasmada con lo que ve y doña Elvira pensando en la cena.
Al llegar la noche están rendidas. Doña Elvira se queda dormida viendo la tele. Marta acaba de recoger y se conecta para charlar con sus amigas.
Se van a la cama a las doce. Marta se queda frita al momento. Doña Elvira como ya ha dormido está despierta, por lo que oye como llaman a la puerta.
Renqueando va a abrir.
-¿Si? ¿Qué desea?
- Buenas, soy la muerte y me han dicho que he de llevarme a una mujer ¿No será usted?
- Uy no, la que está entusiasmada con ir al cementerio es mi nieta. Pase está en la habitación del fondo. Por cierto usted ¿qué prefiere las flores naturales o las artificiales?
-No sé. Yo soy más de cirios.
En su tumba, Marta tiene un hermoso ángel rodeado de flores artificiales. No la enterraron en un decadente mausoleo.

Enero 20, 2010

-El monstruo de la escalera-

Archivado en: Cuento, Extraño, Fotografías de ir por casa, Microrelatos, Monstruos, Relatos — micromios @ 10:29

El otro dia, David Silva cuyo blog silvacamache sigo como la más ferviente admiradora, tras comentar maneras de escribir decidimos crear un relato/cuento cada uno siguiendo nuentro estilo. Elegimos como tema, las escalera pues ambos somos sufridores de tan ingrato tormento.
Os recomiendo que leais el suyo. Y de paso si alguien se apunta pues sería un buen ejercicio (aunque algunos de vosotros ya hicisteis algo parecido)
Esta historia se me ocurrió porque cuando era pequeña y le pedía a mi padre que me contara un cuento de miedo él siempre me contaba el mismo. Al llegar al cuarto escalón ya gritaba y nunca pude oir el final por lo que ya es hora de que invente como podría haber acabado la historia.


Acostada en mi cama siento la oscuridad como un peso que cae sobre mí. Podría agarrarla entre mis manos. Podría apretarla bien fuerte hasta hacer un agujero por el que sacar mi cabeza y respirar el aire limpio de la claridad. Pero no puedo. Tengo miedo de que si saco la mano él aparezca y me lleve. Porque sé que vendrá. Subirá los empinados escalones e intentará arrastrarme con él. Por esto escucho atentamente el silencio. La calma es un espejismo de tranquilidad que no me engaña.
Algo ha resonado en el piso de abajo, fue como un susurro.
Ahí está. Puedo oír sus pasos acercarse a la escalera arrastrando su gran cuerpo
-Voy a por ti. Ya estoy en el primer escalón.
La amenaza se cumple y el golpe del pie sobre la escalera resuena como un disparo.
-Ya estoy en el segundo escalón.
Cierro con fuerza los ojos para no oír.
-Ya estoy en el tercer escalón.
Pienso que debería salir corriendo pero tengo tanto miedo que no me atrevo ni siquiera a sacar un pie y ponerlo en el suelo.
-Ya estoy en el cuarto escalón.
Mis ojos completamente abiertos otean la oscuridad sin ver nada y hago un esfuerzo por descubrir algo que aparte de mí la imagen del monstruo.
El miedo paralizó mis sentidos y pierdo la noción de dónde estoy. Al volver en mí, oigo con claridad que el monstruo está ya en el décimo escalón. Sólo le faltan tres.
-Ya estoy en el onceavo escalón.
Aprieto con fuerza las sábanas entre mis manos, como si al hacerlo estrangulara el miedo que no me deja respirar.
-Ya estoy en el doceavo escalón.
Un grito se me queda atascado en la garganta y por más que lo intento, no avanza.
-Ya estoy en el treceavo escalón.
De un salto me levanto venciendo el miedo y la oscuridad y me escondo tras la puerta. El monstruo jadea por el esfuerzo de subir los escalones. Puedo oír con claridad que se dirige hacia mi habitación.
Por fin el grito atorado se escapa y fluye libremente. Es un grito horrible, casi un alarido que me da fuerzas y asusta al monstruo que no esperaba mi reacción.
Escapo escaleras abajo, arriesgando mi vida mientras voy saltando los peldaños hasta llegar al final.
Respiro aliviada y me siento para relajar mi pobre corazón que late descontrolado.
Ya más tranquila me levanto, aparto la oscuridad como si fuera una ligera y molesta cortina y apoyo el pie en la escalera.
He vencido mi miedo. Es mi turno.
-Voy a por ti. Ya estoy en el primer escalón- le grito al monstruo

Enero 18, 2010

-Puños-

Al nacer fue un bebé pequeño y no muy agraciado. Canijo, de tez blanquecina y ojos saltones tenía el aspecto de un pez. Sus cortas piernas y su gran cabeza prometían escasa armonía y algo de malformación.

Y para asombro de los que asistieron al parto cerró los puños y ya nunca más los volvió a abrir. Ni ruegos ni amenazas ni promesas hicieron mella en su determinación. Se quedó para siempre con los puños cerrados

La verdad es que daba cierto respeto verlo con los nudillos blancos por la fuerza con que los apretaba. Pero  le ayudaron a ser más fuerte y no dudó en enfrentarse al mundo cara a cara.

Sin embargo tenía un corazón tan vulnerable como el de los demás y alguien se lo robó: los tomates.

No podía evitar sentir una adoración por semejantes frutos. Quizás le atraía el color o su brillo. Pero lo cierto es que los admiraba más que a nada en el mundo. Era tanta su devoción por ellos que jamás se comió ninguno. Cuando los adquiría se limitaba a contemplarlos con arrebatada veneración hasta que los enterraba para mantener su imagen siempre igual.

El tiempo pasó y cada vez apretaba con más fuerza los puños, como si  recelara que por allí se le escapaba la vida. Temiendo que nunca realizaría su mayor anhelo, fue al mercado y compró un hermoso tomate rojo y reluciente. Con el preciado vegetal se encerró en su habitación.  Intentó abrir la mano  y después de muchos esfuerzos lo consiguió. Con cuidado acogió el tomate en la palma, lo acarició. No cabía en sí de gozo, era lo mejor que nunca había hecho.

Dejando  escapar una lágrima apretó con todas sus fuerzas hasta que el tomate estalló como un globo compacto.

Cuando sintió el líquido correr por los dedos, una excitación semejante al éxtasis le recorrió. Supo que nunca sentiría nada igual.

Y al resbalar la última gota de tomate de sus manos se llevó prendida su vida.

Al día siguiente lo encontraron muerto, con los puños cerrados llenos de tomate. Le había estallado el corazón.

Enero 16, 2010

-El paisaje-

Archivado en: Absurdo, Cuento, Extraño, Fotos con historia, Mi mundo, Microrelatos, Relatos — micromios @ 02:44

El paisaje divisó el coche y fue a por él, necesitaba saberse hermoso y que alguien le adulara tras un verano seco y un otoño desapacible.
Una mujer que reposaba la cabeza en el asiento trasero fue el destino del despliegue de seducción que se abrió a su alrededor. Pero no hubo oooohs asombrados de tanta maravilla. Ella siguió inmersa en su mundo renunciando a las hermosas vistas que no lograron competir con sus íntimos pensamientos.
Él paisaje viendo que seguía ignorado,  con malas artes lanzó una piedra y golpeó el cristal. Ella levantó la vista y por un momento se quedó mirando. No fue bastante y volvió a concentrarse en su interior.
Él no claudicó y sacó todo un arsenal de lagos, ríos y cascadas que refrescaron el ambiente y lo llenaron de un verde luminoso. El brillante sol se sumó al esplendor del panorama. Pero fue inútil, el mundo interior seguía siendo más importante.
Anochecía, ella seguía ausente y a él ya no le quedaban recursos. La oscuridad empezaba a envolverlo todo. La luna a lo lejos apareció tímidamente. Era apenas un cuerno gris que mendigaba un rayo de sol para no quedar oscura.
Ella levanto la vista y la vio. Observo con ojos entrecerrados cuanto la rodeaba, apenas podía distinguir los árboles y las montañas. La luna le sonrió  y ella le devolvió la sonrisa.
Hermoso paisaje pensó ella, por un momento casi me hizo olvidar mi delito. Con calma se anudó el pañuelo rojo al cuello, acarició la sortija y salió del coche. Levantando los ojos se llevó los dedos a la boca, le mando un silencioso beso a la luna y entró en la comisaría
El paisaje pensó que no importaba la oscuridad, había conseguido que ella se fijara en él.
El único que estaba triste era el sol, su brillo no fue suficiente y la pobre luna se llevo el preciado reconocimiento.

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