Micromios's Blog

Diciembre 4, 2009

Se colgó la escalera

Archivado en: Absurdo, Cuento, Extraño, Fotos con historia, Relatos — micromios @ 6:36 am

L

escalera se colgó. A sus pies encontraron una nota para el juez. Eran apenas unos arañazos en un papel pero sirvió como prueba del suicidio. Este es el contenido íntegro de la carta.

Señor juez:
Ya no puedo más. El mundo me ha abocado a esto. No me veo con fuerzas para empezar de nuevo. Estoy harta de subir y de bajar, de que me pisoteen, de que me lleven de acá para allá.
Para que no me juzgue mal déjeme contarle mi historia:
Siempre quise ser una escalera de caracol. Sentir que el aire subía formado espirales mientras me contaba historias de caracolas. Me hubiera gustado ser amplia y luminosa pero me encontré empotrada en un rincón atada a una barandilla vertical y con apenas espacio. Un día alguien comentó que bajando y subiendo parecía una striper actuando con la barra. Sólo faltaba aprender a hacerlo cabeza abajo y sería la leche. La dueña, una santurrona mojigata se estremeció y yo pagué los platos rotos, me cambió por un ascensor.
Por despecho me fui a por lo fácil, me empleé de escalera mecánica. Me pasaba las horas arriba y abajo oyendo el susurrar de la barandilla y jugando al escondite con los peldaños. Pero un día se estropeó el mecanismo y me convertí en parada sin derecho a subsidio.
En las oficinas del INEM me empleó un electricista y me volví  una simple escalera de mano, de las conocidas como de tijeras, autosuficiente y segura. No necesitaba motor y me vanagloriaba de ser trasladada con facilidad. Conocí nuevos lugares y una vida al aire libre. Pero echaba de menos la barandilla. Sin ella me sentía desnuda. Y además me quedé toda la noche en la calle y cogí la gripe.
De allí una abuelita bondadosa me recogió y me llevó a su casa.
Me cubrió con una alfombra roja y me sentí una estrella. Pero mi dueña ya no estaba para subir y bajar escaleras y se compró un elevador dejándome abandonada y convertida en un vulgar adorno.
Por todo ello decido quitarme de en medio y que otras se encarguen de subir y bajar, yo me rindo.
PD: Dejo todos mis peldaños a mi amigo JF, gran jugador de póquer que pasa por una mala racha para ver si por fin consigue una escalera de color.

Diciembre 1, 2009

5 euros

Archivado en: Cuento, Extraño, Reflexión, Relatos — micromios @ 1:50 pm

S

in prisa arrastraba el carro por el borde del camino. Apilada de cualquier manera llevaba toda su vida metida en anónimas bolsas de plástico  y sin embargo él se sentía dueño de su destino acarreando el carrito mientras le daba la espalda al sol y a la luna la cara.
Nunca pensó en riquezas ni pobrezas. Él vivía en otro lugar donde el valor es tan relativo como el de una lata medio vacía, una colilla de cigarrillo o dos peras a punto de madurar.
Mientras pensaba en nada, escuchaba como las bolsas entablaban un dialogo divertido con el carrito. Siempre se quejaban del asfalto y discutían acaloradamente cuando el viento arreciaba y el carro perdía el norte aunque con el tiempo se estableció entre ellos una camaradería que le arrancaba sonrisas. No todos tenían el privilegio de oír a una bolsa darle ánimos a una rueda gastada para subir la cuesta.
Y según su simple filosofía, cada día traía algo nuevo que añadir y poco que perder que fuera realmente importante.
Pero a veces hasta el más desprendido se agacha con alegría ante un billete de 5€ casi confundido con el gris de la acera. Con qué gozo recogió el billete y lo guardó no sin antes mostrárselo al sol mientras lo miraba a contraluz y comprobaba que era real.
Y se sintió rico, podía gastar si quería o darlo o simplemente guardarlo y unirlo a las bolsas que contenían su vida.
Pero una nube le trajo una nueva realidad a la que había renunciado hacía mucho tiempo: la miseria en la que estaba inmerso si se sentía rico por un simple billete de 5€

Noviembre 29, 2009

Me gustan las chimeneas

Archivado en: Absurdo, Fotos con historia, Mi mundo, Relatos — micromios @ 9:07 am

M

 

e gustan las chimeneas. Me parecen narices arrogantes que se yerguen altivas para plantarle cara al cielo sobreponiéndose a discretos tejados. Presumidas y valientes tocan sus cabezas con vistosos gorritos de veletas y tejadillos para enfrentarse orgullosas a lluvias y temporales.

Es curioso comprobar como imponen su robustez ante escuálidas antenas que apenas se tienen en pie mientras fingen peinar el aire con su ridículo paraguas sin tela. Y como los dos, anclados en un océano de vientos y constelaciones van dejando su estela de humo e interferencias

Me gusta imaginar que los hogares las aprovechan para respirar, para lanzar al aire el mal humor de los ocupantes, en forma de pequeñas virutas de pensamientos equivocados.

Y me alegra pensar que a través de su conducto penetran aires nuevos que se cuelan por las rendijas de las puertas y llenan de oxigenada felicidad los pulmones de habitaciones y cuartitos.

Noviembre 28, 2009

Doble personalidad

Archivado en: Absurdo, Cuento, Relatos — micromios @ 8:33 am

S

u doble personalidad le daba alternativas impensables para los mortales  de      dirección única. Era lógico. Podía ver el mundo desde diferentes ópticas y quedarse con la que más se asociara con sus intereses.
Nadie lo diría viéndolo caminar por la calle. Tan alto y bien peinado. No le faltaba detalle: chaqueta recta, pantalones planchados y pañuelo en el bolsillo. El gorro de lana y las zapatillas era la aportación del otro yo al atuendo.

Durante las elecciones ponía a prueba su capacidad diplomática al contemplar las opiniones de sus dos personalidades. Incluso intentó votar en dos colegios pero no pudo. No le pareció tan mal, la abstención resultó ser una buena opción para el lado revolucionario. La mezcla de ideas alternativas con la derecha más rancia le daba para unos debates que ni en los mejores foros.
Obsesionado con la salud pero amante de los excesos, sus dos personalidades se ocupaban de mantener el equilibrio. Uno le daba al escocés y el otro al agua de Vichy.
Pero la armonía cambió el día que anunciaron una pandemia de gripe A y una de las dos personalidades empezó a estornudar.

Noviembre 26, 2009

El muñeco de papel

Archivado en: Absurdo, Cuento, Extraño, Microrelatos — micromios @ 7:32 pm

A

l anochecer el muñeco de papel subió a la mesa. El periódico le observó indiferente y siguió leyendo sus gastadas noticias.

Con dificultad elevó su mal recortada cabeza y miró el calendario cuyas hojas se movieron agitadas por el aire. Era un buen día para acabar.

El  muñeco de papel sucio  y arrugado miró el suelo que se extendía inmenso a sus pies y saltó.

Noviembre 23, 2009

El diablo y el informático solitario

Archivado en: Absurdo, Cuento, Extraño, Fotografías de ir por casa, Microrelatos, Relatos — micromios @ 9:14 pm

C

 

 

uando recibió el correo en el que el diablo le proponía una entrevista se sintió desconcertado. No era él un personaje importante, más bien al contrario. Huraño y retraído nunca había sido demasiado popular en los ámbitos en los que había vivido. Además su físico poco agraciado y  ser escasamente pulcro en el vestir no le ayudó y se quedó sin lo que más anhelaba, tener amigos.

Lo único que había mimado y cultivado desde que tuvo conciencia era la imaginación. Había que reconocer que era muy bueno usando el photoshop para inventar nuevas maneras de interpretar la realidad. Con su capacidad se había creado una vida paralela en la que tampoco era popular ni tenía amigos.

Por esto cuando recibió el mensaje comenzó a fantasear y sospechó que lo que el diablo quería proponerle era algún trueque a cambio de su alma. No haría falta insistir mucho, total no pensaba que tuviera mucho con lo que negociar.

El día acordado a las  doce de la noche apareció el diablo en su guarida, un lugar atestado con lo último en tecnología. Se sintió un tanto decepcionado por la normalidad de la entrada, ni azufre ni truenos ni fanfarrias. Buenas noches y encantado de conocerte sonó un tanto vulgar, pero le dio también un aire de normalidad.

Tras la presentación, el diablo  observó con atención todos los aparatos que rodeaban al joven y hasta se atrevió a tocar alguno con admiración.

E hizo su propuesta. El informático escuchó y asintió. El trato estaba hecho.

A partir de aquel día el mundo tuvo  nuevos pecados, nuevas posibilidades de caer víctima de  tentaciones acordes con la nueva época. Atrás quedaron los pecados tradicionales ya desgastados y que pasaron a engrosar la lista de los grandes logros de la humanidad.

A cambio el diablo le agregó a su facebook.

Noviembre 21, 2009

Te amo imbécil

Archivado en: Cuento, Extraño, Fotografías de ir por casa, Ironía, Relatos — micromios @ 8:46 am

T ras cerrar la puerta el coche arrancó. Dentro la pareja empezó con la rutina que tras muchos viajes juntos habían acabado por realizar con milimétrica precisión. Él se puso el cinturón con el coche en marcha yéndose peligrosamente hacia la derecha y observando con regocijo como ella apretaba los labios. Mirando la hora encendió la radio, el locutor cantaba gol con su mejor grito. Ella apretó más los labios y él se sintió en la gloria.

Pero otro balón, el de la pareja,  estaba en juego y ella encontró la jugada: abrió un poco la ventanilla, lo suficiente para que se colara un aire ruidoso y molesto que apagó los comentarios del locutor. Él cerró la radio y ella le lanzó un invisible beso.

A punto de llegar al destino ella se desabrochó el cinturón. El pi pi pi, estridente del avisador le dio el triunfo definitivo. Y feliz tarareó la repetitiva nota mientras observaba encandilada como él maldecía por lo bajo.

Cuando bajaron del coche, él la dejó atrás llegando primero a casa. Rápidamente abrió la puerta y la cerró obligándola a sacar su propia llave. Mientras ella despotricaba él la observaba con el semblante arrebolado por el amor que sentía. Sin darle tiempo a dejar atrás la puerta la abrazó y le declaró su amor. Ella abrazándole con fuerza le besó.

Ambos fueron conscientes del esfuerzo que había hecho el otro para encontrar estas pequeñas miserias que tanto les molestaban. Cuánto amor destilaban. No eran anodinas búsquedas de lo que le gustaba al otro. No, aquí había esfuerzo. Nada de detalles cariñosos que lo único que evidenciaba era rutina y dejadez.

Lo que demostraba su amor era el afán por encontrar el gesto que le cabrearía, este insoportable ruido que le llevaría a la perdida de los estribos, esta actividad que la sacaría de quicio y acabaría con su paciencia.

Y suspiraban por continuar muchos años buscando aquellos cilicios que cada día se hundirían en su amor y lo harían más fuerte.

Noviembre 18, 2009

Distinto

Archivado en: Absurdo, Cuento, Microrelatos, Relatos, Tolerancia — micromios @ 11:33 pm

B uenos días.- saludó el hombre chorreando agua por todo el cuerpo.

-Buenos días.- respondió la secretaria.

Y fue saludando a todo el personal dejando un rastro de humedad a su paso, ante la indiferencia de los empleados

Al final del pasillo se sacudió un poco las gotas molestas, separó la ropa que se le había adherido al cuerpo y entró en el despacho.

Era el precio que tenía que pagar por su peculiar manera de ser: un hombre cuya energía vital era el agua. Sin ella era un ser inerte. Como un coche necesita el combustible, el necesitaba el agua para realizar cualquier acción, cualquier actividad.

Al principio la gente se asombró al verlo por la calle tan elegante pero empapado de agua desde el sombrerito que coqueto se calaba hasta la punta de los zapatos. Y tuvo sus problemas con los municipales al ir metiéndose en fuentes y estanques cuando sentía que se secaba demasiado.

Con el tiempo aceptaron su peculiaridad e incluso alguna mujer comprensiva le lanzaba un chorrito con la regadera cuando pasaba por delante de su ventana.

Una noche que volvía tambaleante con sólo un poco de humedad en las células alguien le salió al paso. Eran tres personas sudorosas y polvorientas que veían en su diferencia un ataque a su manera de concebir el mundo. Tras burlarse le obligaron a renunciar al agua secándolo con cuanto trapo llevaban en las manos. Él apenas pudo articular palabra. Sentirse seco le iba minando las fuerzas.

De golpe una especie de neblina, como la que sube del asfalto empezó a elevarse de su cuerpo. Los intransigentes, viendo el estado en que se encontraba le dejaron no sin antes amenazar con rociarle con aire caliente sin no renunciaba a sus humedades.  Y se largaron.

Quedó tendido en el suelo boqueando como un pez fuera del agua.

El amanecer descubrió un traje elegante y arrugado, sobre una reseca mancha de humedad en la que alguien había escrito con letra insegura: agua.

Noviembre 14, 2009

La cucharilla

Archivado en: Absurdo, Cuento, Fotografías de ir por casa, Microrelatos, Relatos — micromios @ 8:12 pm

cullereta

L

a cucharilla de café quedó olvidada en un rincón del fregadero. Era una cucharilla de metal, pequeña y elegante que endulzaba con la justa medida. Pero otras de plástico  llegaron y se acabaron para ella los días de ir de boca en boca.

Mientras la melancolía la embargaba recordó los sabores que había conocido.

Cómo extrañaba el sabor del novelista. Entrar en su boca era paladear una atmósfera de intrigas y pasiones navegando inciertas por las oscuras aguas de un café bien cargado.

O el sabor del artista. Era el suyo un aroma ausente, de quien deja enfriar el café mientras persigue una forma o un color , acompañado con un cierto regusto a aguarrás.

Y su preferido, el sabor del amante del cine. Crítico y autor a partes iguales, desprendía un gusto añejo y concentrado  envuelto en humo de tabaco rubio americano.

Y mientras ella suspiraba por lo que fue, tirada cerca se encontraba una cucharilla de plástico. Era  de un solo uso y no pudo saborear más que la boca de un apresurado ejecutivo que le dejó un gusto raro a estrés y desencanto.

Noviembre 11, 2009

Al soldado desconocido

Archivado en: Cuento, Fotos con historia, Microrelatos, Relatos, microrrelatos — micromios @ 9:41 pm

Nueva imagen

L

 

as doce menos cuarto. Ya falta poco para que venga- pensó el cadete mientras montaba  guardia en el mausoleo dedicado al soldado desconocido.

Cuando le dieron la orden de velar la tumba se lo tomó casi como un castigo. Era duro estar toda la noche de pie al lado del monumento. Pero desde hacía más de un mes  a eso de la  medianoche,  la losa se abría y Boris K. salía a departir con él hasta el alba.

La primera vez que sucedió en lugar de miedo sintió alivio de que algo rompiera la monotonía de su tarea. Que le contara batallas e historias de primera mano le abrió la mente y le dio qué pensar mientras sus pasos perfectamente sincronizados repicaban en las baldosas.

Las doce. El sonido de la losa desplazándose le relajó. Ya estaba aquí dispuesto a compartir la noche.

Pero en el fondo de su corazón, lo que más anhelaba es que sacara de una vez la petaca llena de vodka que con los años se había convertido en un añejo y exquisito néctar.



Entradas siguientes »

Blog de WordPress.com.