François De Pré en la entrevista concedida a la revista Vogue afirma que se ha propuesto revolucionar el mundo del bostezo:
-Hay que renovar los bostezos clásicos que considero pasados de moda. Qué interés puede tener bostezar por caerse de sueño, ninguno. Simplemente gritar a los cuatro vientos que eres un pobre trabajador y ya es hora de irse a la cama.
Los bostezos de hambre también es necesario erradicarlos, denotan mal gusto. Quién encuentra interesante en saber que estás hambriento. Y cómo puede uno atreverse a poner al otro en el dilema de darte de comer- sentencia.
-Los únicos que me inspiran de verdad son los bostezos por aburrimiento. Estos tienen tantas posibilidades. Aburrirse mientras sucede algo divertido e interesante, demuestra una personalidad capaz de mucho. Bostezar ante cualquier manifestación cultural está muy unido a la contracultura. Hay que crear una nueva cultura diferente en la que se pueda bostezar o mejor crear una con su bostezo incorporado- cree convencido.
Aunque considera el mejor, el más seductor, el máximo exponente de éste, para él incipiente arte, el bostezo fingido aunque en ocasiones podría considerarse disuasorio.
-Es un mundo a explorar lleno de sutilezas que precisan de la participación activa del autor. Es una completa performance. Si la actuación es correcta tiene un valor añadido: despedir invitados indeseados, quitarse de encima novios o novias sin decir palabra y pasar de empleos no remunerados- Dice convencido.
Un capítulo aparte es el dedicado a la parte física del acto. Quiere transformar la apertura y sonoridad del bostezo. Piensa combinar los bostezos con la boca muy abierta con los bostezos que apenas la abren modulando bien el sonido.
Y sin ningún problema bosteza ante la mirada complacida de los periodistas que acudieron a la rueda de prensa.
Para más información ha creado su propia página y en ella enseña el rudimento del nuevo orden del bostezo. Pero en la versión de luxe te pone al alcance de la mano un mundo nuevo donde el bostezo es el rey.







ella en su determinación. Se quedó para siempre con los puños cerrados



